“Quiero que los seminarios entremos en revisión permanente”

La sorpresa del nombramiento del obispo mexicano Jorge Carlos Patrón Wong como secretario para los seminarios en la Sagrada Congregación para el Clero de la Santa Sede parece no despejarse del todo; primero, porque desde que en 1996 el entonces obispo de Zacatecas, Javier Lozano Barragán (hoy cardenal emérito), fue designado por Juan Pablo II como presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de Agentes Sanitarios, ningún otro obispo de México había sido requerido para trabajar directamente y desde el Vaticano en un dicasterio romano; pero también porque la encomienda solicitada por el papa Francisco a Patrón Wong está claramente relacionada con uno de las últimas intenciones del hoy Papa emérito y que fue una piedra de toque en el pontificado anterior: la sana formación en los seminarios y el discernimiento vocacional de los candidatos a futuros ministros.
La carta apostólica Minstrorum Institutio de Benedicto XVI a principios de este año trasladó (y algunos opinan, devolvió) la competencia sobre los seminarios de la Congregación para la Educación Católica a la Congregación para el Clero, de allí la novedad de la secretaría en cuestión y de lo poco que se sabe sobre el papel que habrá de desempeñar el mexicano en Roma. En esto Patrón Wong va expectante de las intenciones del papa Francisco para el cargo pero también tiene en mente una propuesta clara: “acompañar las realidades de los seminarios para, desde allí, participar de la transformación del presbiterio”.

Con apenas cuatro años de episcopado (dos y medio como coadjutor de Papantla y el resto como titular diocesano), Patrón Wong acumula experiencia en la formación y acompañamiento de seminarios de México y América Latina.

¿Cómo ha tomado esta petición que le ha hecho el papa Francisco para integrarse al equipo de la Sagrada Congregación para el Clero?
Para mí ha sido una sorpresa absoluta, pero tengo una regla muy clara que me ayuda mucho a sobrellevar estos desconciertos: decir sí de manera inmediata si la Iglesia me pide algo. De inmediato digo sí, mi respuesta es siempre sí, y después ya viene la reflexión sobre lo que me está pidiendo y la confianza en que Dios me auxiliará. No ha sido fácil, aquí en la diócesis siento que la gente experimenta que esta Iglesia es tomada en cuenta y que saben que cuando el Papa pide algo es para el bien de la Iglesia. Las primeras reacciones fueron de muchas lágrimas, de esa parte humana; y ya después vienen los temas, pensar en la Iglesia, en la deferencia del Papa, en que sea un obispo mexicano, de Papantla y en la responsabilidad que viene.

Aquí he experimentado yo esto que se denomina ‘paternidad espiritual’ porque uno se encariña con personas, son corazones concretos, personas concretas. Aquí descubrí gracias a una anciana que me lo dijo, que solemos ser respuesta de Dios ante las plegarias de quienes nos necesitan.Así que me voy bien, contento, pero hasta que llegue a la Santa Sede podré saber por qué me han pedido estar allá.
Es común que con un nombramiento de este tipo se diga que ahora será un obispo ‘curial’, ‘romano’, que ya no tendrá oportunidad de vivir en una Iglesia de a pie, con un contexto concreto, de fieles, sacerdotes, religiosas, movimientos. ¿Teme que su próxima responsabilidad corra el riesgo de ser exclusivamente burocrática?

Primero tengo que decir que hasta que llegue a la Sagrada Congregación descubriré por qué me han solicitado ir allá, porque en verdad desconozco las intenciones concretas del Santo Padre para el secretariado de seminarios.
La verdad no sé, pero espero que no; la secretaría es nueva. Hablé con monseñor Beniamino Stella (nuevo Prefecto para la Sagrada Congregación del Clero) y me ha dicho que llegando deberé hablar con el Santo Padre porque él tendrá que dar una dirección, pues el propio Stella no ha querido adelantar alguna situación concreta. Entonces ya sabré. Pero lo que sí sé, por mi experiencia en OSMEX y OSLAM (Organización de Seminarios de México y Organización de Seminarios de América Latina, respectivamente) es que el pueblo de Dios, para mí, serán los seminaristas, los rectores ylos formadores, por supuesto con el apoyo de mis hermanos obispos. Para llegar al servir en ese pueblo de Dios tendré que que verlo en relación con los temores, las esperanzas, las luchas de los propios seminaristas, de los jóvenes seminaristas, que son un Pueblo de Dios.Del mismo modo con los formadores y rectores, puessé que el suyo es un servicio de vida sacerdotal muy particular y que, junto a los hermanos obispos y entre las muchas problemáticas que pueden existir, la vida sacerdotal y la formación de los propios sacerdotes son una prioridad eclesial. Espero desde mi punto de vista espiritual ejercer bien ese ministerio; la otra parte la iré descubriendo.

La otra parte es por la que oro mucho porque la aprendí en América Latina. Recuerdo que cuando me eligieron para trabajar en la dimensión episcopal de los seminarios de Latinoamérica escuché una idea que en ese momento no la sentí en el corazón: “la Patria Grande de América Latina”. Sin embargo, hoy sí siento a América Latina como una ‘Patria Grande’; seis años de trabajo en la OSLAM y ya la siento así. Esto me fue reforzado durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, sentí lo latinoamericano en el contexto, como patria grande. Eso lo aprendí en OSALAM, pero así aprendí a querer a México, sus colegios, a través de la OSMEX. Por eso pido a Dios que en esta experiencia que me está pidiendo el Papa, mi corazón católico, viva católico. Yo no podría hablar de un obispo romano sino un obispo de corazón católico. Hoy, con mucha humildad, voy a ofrecery voy a hablar de la experiencia de losseminarios de México y Latinoamérica, como una aportación singular muy clara y específica de esta región para la Iglesia Universal en la formación sacerdotal.
Pero también le pido a Dios tener un corazón católico para abrirme a las experiencias de África, Asia, Oceanía, Europa o América del Norte; como mexicano, como latinoamericano creo que debo ir a hacer mi corazón más católico, en el sentido más profundo de la expresión. Nome visualizo como un ‘curial’ o ‘romano’ sino ampliamente católico.

¿Qué le ha dicho monseñor Beniamino Stella?
Hemos hablado por teléfono y él fue muy sensible, a propósito de la diócesis de Papantla, que debo atender muchas cosas antes de ir a Roma; así que me ha dado permiso para que concluya el proceso del Año de la Fe aquí en la diócesis y el 24 de noviembre, terminaré aquí con calma para partir a Roma. Allí deberé platicar con el Papa para saber sus deseos.
Tanto usted como monseñor Stella son prácticamente nuevos en esta dimensión para el clero pero se suman a un equipo con larga experiencia, como el secretario Celso Morga Iruzubieta, ¿cómo visualiza, aún sin que el Santo Padre haya dicho en lo concreto que vaya a operar, el equipo y el horizonte de la Sagrada Congregación?
En efecto, tanto monseñor Stella como un servidor somos una novedad y vamos a entrar a todo un equipo lleno de experiencia, esa es la realidad que encontraremos. Queremos poder trabajar lo mejor de lo nuevo y de quienes tienen experiencia. Es una realidad: llegará un prefecto de la congregación y un secretario realmente nuevos en el trabajo en concreto específico para la Congregación Romana; pero tanto Stella al frente de la Academia Pontificia Eclesiástica, como un servidor en los seminarios creo que podemos aportar algo benéfico. Con todo, aún no quiero hacer ningún análisis, desde México, desde la diócesis de Papantla, porque realmente hay densidad de la agenda en la diócesis y, en México, por los compromisos de la comisión episcopal, no me han permitido hacer un análisis.

¿Pero llevará una propuesta al Santo Padre sobre lo que podría usted hacer en esa secretaría?
Sí. Es apenas un deseo. Quisiera que desde la secretaría lográramos un mayor contacto y encuentro con los seminarios; me gustaría ir a encontrarme con esas experiencias, con las realidades específicas, con los rectores, formadores y seminaristas en concreto, escucharlos y conocer todo lo que pueden aportar.

¿Cuáles pautas le han despertado la inquietud sobre la creación de la secretaría? ¿La necesidad de un arzobispo para la atención de los seminarios le da una idea a dónde se desea ir o por qué sería importante entender a los seminarios bajo esta estructura pontificia?
A partir de la exhortación apostólica Pastores dabo vobis hay una claridad sobre lo que tenemos que hacer, a donde tenemos que caminar para la formación sacerdotal, sin embargo, los cómos, los procesos, las mediaciones, el camino pedagógico, esto tenemos que hacerlo constantemente, eso hay que hacerlo juntos, aprenderlo juntos; entre los formadores, los rectores, los seminaristas y,por supuesto con los obispos. Ese caminar parte tomando en cuenta estos grandes principios para toda Iglesia y desde los principios deben surgir los cómos a partir de realidades nacionales y continentales, de tal manera que pueda existir, a nivel de seminarios, un ambiente mucho más colegial donde haya una sintonía verdadera en el espíritu de la formación sacerdotal y una adaptación a las realidades concretas de cada continente y de cada país,para que verdaderamente los grandes principios de Pastores dabo vobis y las realidades del Concilio Vaticano II sean cultura vocacional y se hagan formación permanente entre los seminaristas y sacerdotes.
Aquí el objetivo es cómo encontrar y hacer coincidir la cultura y la riqueza de cada Iglesia local, las necesidades de cada país y continente, con la verdad del sacerdocio católico. Ese método es el camino que creo que se debe realizar. No se trata de simplemente inventar novedades a nivel local pero tampoco se trata de hacer una copia automática, tomar un principio y trasladarlo en principio a una realidad que es existencial porque todos los procesos formativos y educativos tocan a la persona. Hablamos de realidades existenciales en todos los contextos culturales, familiares, sociales,políticos,económicos y eclesiales. Son dos realidades en las que deben trabajar los seminarios: ambos deben lograr una armonía.

En México y América Latina he visto que las grandes verdades de la Pastores dabo vobis son redescubiertas por los obispos, rectores y formadores pero en su realidad local, son redefinidas, y se llegan a diferentes acuerdos nacionales o regionales. Por ejemplo, en toda América Latina, sin necesidad de algún documento, hemos prolongado la formación sacerdotal y especificado sus itinerarios. ¿Cómo se formó el Curso Introductorio? Por consenso y trabajo entre los obispos y rectores. ¿Cómo se gestó el área de pastoral en el seminario? Por consenso. ¿Cómo se aumentó un año más deteología? En fin, son acuerdos que se toman desde la realidad americana y mexicana y están a prueba. Pero alegra ver que no se conformaron con el mínimo que pide el Concilio Vaticano II y sus documentos en la formación, sino que suman y están aportando. Supongo que así en otras latitudes. Ese es un camino propio que profundizó, prolongó y afinó las verdades de la exhortación sobre la formación sacerdotal actual, es un camino muy concreto.
A lo largo de los últimos dieciséis años he sido testigo de que sí es posible que en los seminarios del mundo se logre llevar una íntima relación entre las grandes verdades del sacerdocio católico universal y las de los pueblos en las que se vive concreta y específicamente, al final es mirar la fe de los pueblos, que es donde surgen las vocaciones. Porque la realidad de las vocaciones es que tienen raíces humanas, culturales y religiosas de cada continente y país, y eso debe tomarse muy en cuenta para lograr una armonía verdadera del ser humano, cristiano y sacerdotal.

Estos procesos de ir caminando y afinando la formación sin duda siguen teniendo muchos retos, principalmente en los aspectos de conjuntar una formación integral para los seminaristas,¿qué aspectos deberían privilegiarse en ella para pensar en futuros sacerdotes que respondan mejor al caminar del mundo?
El principio pedagógico de formación es motivar, es muy sencillo para todos; pero para poder evaluar y promover esta formación integral siento que debe atenderse en cada generación en específico. Porque tienen cambios, ese es el gran reto. Ese es un reto porque lo que es válido para una generación como proceso integrador no es válido para la siguiente. El mundo está cambiando de tal manera que muchas de las cosas que descubrimos hoy dentro de cuatro o cinco años podrían no ser válidas para los futuros seminaristas. Necesitamos proceso continuo de los propios formadores y rectores, para los propios obispos, donde respondamos al signo de los tiempos y al mundo cambiante. Debemos estar atentos a esta cultura cambiante, al mundo y comprender que es un reto también de los jóvenes y de sus familias, desde allí confiar y no tener miedo. Siento que esta parte requiere de cierta acción colegial más constante, de revisión permanente, para afinar permanentemente; pero no para hacer cultura de oposición de las grandes verdades. Debemos ver cómo las grandes verdades profundas de las características del sacerdocio católico pueden ser vividas en el hoy y ahora de cada generación.

Suelo ejemplificar con una imagen que me sirve mucho y que viene de la experiencia propia en el seminario. Cada que ingresa una generación en el seminario, deberíamos poner mucha atenciónen qué es lo que va a jugar. De pronto una generación le encanta el ping-pong, se esfuerzan por conseguir una mesa y entorno ella y a ese juego se suele dar cierta integración grupal que sirve como elemento integrador para ese momento y quizá posteriormente. Pero eso que una generación luchó por tener, que usó y que gozó, la siguiente generación, cierra la mesa y aquello va a la bodega, y esa generación busca otros medios como ambientes de convivencia y de descanso. En una situación tan simple puede descubrirse algo importante como el modo de compartir el descanso que es importante para su vida en el seminario y quizá en el sacerdocio. Hablo quizá de algo muy superficial pero creo que los rectores y formadores debemos tener las capacidad de abrirnos a la novedad de cada generación. ¿Cómo vamos a impregnar las verdades profundas del sacerdocio católico si pensamos y tratamos a una generación a la que no escuchamos, a la que no estamos valorando o no la aceptamos?

En esa novedad de cada generación supongo también se encuentra su dimensión cultural y antropológica. ¿Cómo abordar a las nuevas generaciones que tienen vocación al sacerdocio bajo esta cultura híbrida, globalizada, con las grandes oportunidades de la modernidad, pero al mismo tiempo heridas de sus males como el egoísmo, el consumismo o la indiferencia?

En esto tengo yo una experiencia muy interesante y que me gustaría compartir mucho de cómo se vive y siente esto en América Latina: la oportunidad de ver el seminario como una familia. No es una institución, es una familia; y como en cada familia, cada hijo es diferente, cada hijo enseña al papá cómo ser papá. Entonces cada generación de seminaristas debe enseñarnos cómo ser formadores y rectores de esa generación. Creo que los papás, en todo principio,desean tener buenos hijos, buenos ciudadanos y buenos cristianos, eso queda intacto; las verdades de los documentos eclesiales permanecen intactas pero cada generación es un reto para la formación de cómo vamos a hacer posible que esas verdades deben ir al corazón y a la existencia del joven. Lo ideal es que la transformación deun joven llegue a su realidad en un sacerdote con el corazónde Cristo, que se sienta cercano a Dios y cercano a la gente que no es nada fácil; cuántas cosas nos alejan de Dios y del Pueblo de Dios.

Para no entrar en complicaciones, creo que hay que atender todos los aspectos esenciales desde que un seminarista entra al seminario porque allí es cuando comienza a experimentar las tentaciones de vivir una vida vocacional y donde, si Dios y el servicio realmente no están en el centro de su corazón, comienzan una serie de situaciones de necesidad, que llenan su mente, su corazón y su propia vocación. Es allí donde sí se afecta directamente.

Hablo de la familia porque debe haber una experiencia desde la familia para vivir una comprensión de cada hijo. Por ejemplo, suele hacer falta una compresión y aprecio de una generación que va en teologíade tener al alguien nuevo entre ellos. Esa experiencia de familia la tienen que vivir, es el rol medio para que después trasformemos al presbiterio que atenderá esta realidad.

El seminario tiene de alguna manera que tomar todo lo bueno de la familia y la cultura de origen y lo positivo; tiene que sanar, recomponer muchas situaciones que no son sanas ni son, cristianamente hablando, verdaderas o correctas. Hay que sanar y crecer en esa parte, porque lo que se haga en el seminario tendrá una repercusión directa en el presbiterio. Pasamos de la familia de sangre a la familia del seminario y después a la familia presbiteral para allí formar familias, es un concierto muy sencillo. El concepto de familia me gusta porque expresa una dinámica permanente, porque cada uno tiene un papel esencial. En la familia del seminario son bienvenido formadores viejos, jóvenes y los que vayan llegando.

Comento una anécdota que explica mejor esto: a mí me tocó en México organizar y discutir en reuniones de rectores sobre la seria evaluación de la formación en computación, reflexionamos mucho sobre la posibilidad de usar y permitir el uso de computadoras pero, al paso de pocos años,nos reuníamos a discutir cómo parar esa formación específica, algunos decían que había que suprimir las clases de computación porque los que iban llegando comenzaban a saber más, ya eran nativos digitales. Se debe y es posible cambiar el paradigma.

Así que la responsabilidad al frente de la secretaría pienso que debe aportar mucho para que la formacióndel seminario pueda confiar en que se está formando en y a través de escenarios en transición, vivos, adaptados. Siempre iluminados por la misma verdad, pero existencialmente muy vivos.

Entrevista Jorge Carlos Patrón Wong / Secretario para los Seminarios de la Sagrada Congregación para el Clero
Por Felipe de J. Monroy / Director Vida Nueva México

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