Poder y riquezas, solo espejismos

No vale la pena hipotecar la vida presente y futura por enriquecernos.

Los obispos, sacerdotes, religiosas, así como todos los católicos, debemos ser auténticos seguidores de Cristo y un seguidor fiel a Jesucristo es una persona servicial, humilde y sencilla, expresó el Arzobispo Jorge Carlos Patrón Wong.

Destacó que todo el poder y todas las riquezas del mundo son puros espejismos, finalmente se acaban y no llenan el corazón del hombre y peor aún llevan la condenación del ser humano, porque nos alejan de nosotros mismos, de Dios y de los demás.

Al opinar sobre el caso de enriquecimiento del Obispo alemán Franz-Peter Tebartz Van Elst, Patrón Wong dijo que no vale la pena, por poder y por riquezas – que son pasajeras y no llenan el corazón humano- pervertir la propia vocación.

Durante la misa de confirmación que encabezó en la iglesia de San Judas Tadeo de la colonia independencia como parte de su recorrido de despedida por los templos de la Diócesis, llamó a acabar con mediocridades y flojeras, rivalidades y egoísmos, “que la nueva generación de pozarricenses y veracruzanos que ha nacido en cada niño y cada joven que hoy se acerca a Dios, se compromete a vivir los valores de Jesús, de ser amigo de Jesús y se compromete a ser un buen estudiante, un buen hijo, un buen cristiano, y un buen ciudadano”.

Precisó que en los niños y jóvenes de hoy vemos la certeza de un futuro mejor, “reconocemos que la semilla de bien que Dios ha sembrado en los corazones de estos niños y jóvenes es alentada por los papás, porque el trabajo, el esfuerzo, el cariño y la fe de los padres, han hecho germinar estas semillas de fe y esperanza que tienen los infantes”.

Finalmente, apuntó que se han rebasado todos los objetivos que se tenían en este “Año de la Fe”, porque hoy al finalizar tenemos una iglesia y una diócesis rejuvenecida, renovada, donde niños y jóvenes llenan nuestras iglesias y participan activamente, también tenemos muchas familias que se habían alejado y que ahora se han acercado.

 

Por Gabriel Hernández Hernández

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