Cumpleaños de S.S. El Papa Francisco.

Papa Francisco: ¡El apellido de Dios somos nosotros!

La Misa matutina con el personal de “Santa Marta”, las felicitaciones al Papa de cuatro personas sin hogar y de sus colaboradores.

Esta mañana, en el día de su cumpleaños, el Santo Padre ha querido que en la Misa matutina de la Casa Santa Marta estuviera presente el personal de la misma, para vivir la celebración en un clima especialmente familiar. El Evangelio de hoy de la genealogía, con los nombres de los antepasados de Jesús, ha dado la oportunidad al Papa para recordar afectuosamente, durante la homilía, los nombres de algunos trabajadores allí presentes.

Han concelebrado con el Papa el decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Angelo Sodano, representando al Colegio. Después de la Misa, como es costumbre, el Papa ha saludado a todos los presentes personalmente. El Secretario de Estado, mons. Pietro Parolin, ha felicitado al Papa también en nombre de sus colaboradores de la Secretaría de Estado. A las felicitaciones se ha unido el Limosnero, mons. Konrad Krajewski, que presentó al Papa cuatro personas sin hogar que duermen en un barrio cercano al Vaticano. Los presentes, con el director de la Casa Santa Marta, acompañaron las felicitaciones al Papa con un canto. Después todos han participado en el desayuno en el refectorio de la Domus.

"Dios nunca nos deja solos, siempre camina con nosotros". El Papa Francisco ha comenzado partiendo del Evangelio de hoy, que se centra en la genealogía de Jesús, para detenerse en la presencia del Señor en nuestra vida.

“Una vez oí que alguien decía: ‘¡Esta cita del Evangelio parece la lista telefónica!’ Y no, es otra cosa: esta cita del Evangelio es historia y tiene un argumento importante. Es pura historia porque como decía San León Papa, Dios ha enviado a su Hijo. Y Jesús es consustancial al Padre, Dios, pero también consustancial a la Madre, una mujer. Y esta es la consustancialidad de la Madre. Dios se ha hecho historia. Dios se ha querido hacer historia. Está con nosotros. Ha hecho el camino con nosotros”.

Después del primer pecado en el paraíso, destacó el Papa, “Él tuvo esta idea: hacer el camino con nosotros”. Ha llamado a Abraham, “el primer nombrado en esa lista” y “lo invitó a caminar”. Y Abraham “comenzó ese camino”. Después Isaac, Jacob, Judá. “Así va este camino en la historia”.

Dios, afirmó el Papa, “camina con su pueblo. Dios no ha querido venir a salvarnos sin historia. Él ha querido hacerse historia con nosotros”. Una historia, destacó, que “va de la santidad al pecado. En esta lista hay santos, pero también hay pecadores”.

 “Los pecadores de alto nivel, los que han hecho pecados gordos. Dios ha hecho historia con ellos. Pecadores que no han respondido a todo lo que Dios pensaba para ellos. Pensemos en Salomón, tan grande, tan inteligente y terminó, ¡pobrecillo! Sin saber como se llamaba. Pero Dios estaba con él. Esto es bello ¿no? Dios es consustancial a nosotros. Hace historia con nosotros. Es más: cuando Dios quiere decir quien es, dice: ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob’. ¿Pero cuál es el apellido de Dios? Somos nosotros, cada uno de nosotros. Él toma de nosotros el nombre para convertirlo en su apellido. ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Pedro, de Marietta, de Armony, de Marisa, de Simón, ¡de todos!’ De nosotros toma el apellido. El apellido de Dios es cada uno de nosotros”.

 “Él, nuestro Dios, añadió, ha hecho historia con nosotros, ha tomado el apellido de nuestro nombre”, “se ha dejado escribir la historia por nosotros”. “Nosotros, reflexionó, escribimos esta historia de gracia y pecado y él va detrás de nosotros”. Esta, afirmó, “es la humildad de Dios, la paciencia de Dios, el amor de Dios. ¡Es nuestro!” Y esto nos conmueve. “Tanto amor, tanta ternura, tener un Dios así”.

“Su alegría ha sido compartir su vida con nosotros. El Libro de la Sabiduría dice que la alegría del Señor está entre los hijos del hombre, con nosotros. Acercándose la Navidad, da que pensar: si Él se ha hecho historia con nosotros, si ha tomado su apellido de nosotros, si Él ha querido que nosotros escribiésemos su historia, al menos, dejemos nosotros, que Él escriba nuestra historia. Esta es la santidad: ‘Dejar que el Señor escriba nuestra historia’. Esta es la esperanza de Navidad para todos nosotros. Que el Señor te escriba la historia y que tú dejes que te la escriba. ¡Así sea!”.

 

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