¡ Enluten sus corazones y no sus vestiduras !

¡ENLUTEN SUS CORAZONES Y NO SUS VESTITURAS…!

Estimados lectores, comparto con ustedes una breve reflexión sobre el sentido personalista o antropológico de la cuaresma.  La liturgia de la palabra desde el Miércoles de ceniza no deja de llevarnos por el camino de las profundas convicciones de fraternidad y misericordia para con los otros. Partimos del hecho de que nosotros no somos seres solitarios, sino comunitarios. Dios es Trinidad y comunión. Aristóteles decía que el hombre es por naturaleza un ser cívico o político, es decir, comunitario. San Agustín decía que la persona es relación. Martín Buber afirma que la existencia humana es una relación esencial entre el “yo y el Otro” (Dios), entre el “yo y el tú” (las demás personas) y entre el “yo y lo otro” (los objetos).

Estamos, pues, en referencia los unos a los otros porque somos sociales-comunitarios. La persona vive, siente, piensa y entiende, ama, experimenta el dolor y la felicidad siempre en una situación de horizontalidad terrena, en contacto con los demás seres del mundo e inmersa en la temporalidad. Estas notas nos llevan a tomar conciencia de que la cuaresma tiene que ver con las personas esencialmente y no con las cosas. En este tiempo Dios nos habla a través del profeta Joel 2, 12-18 cuando afirma:”enluten sus corazones y no sus vestiduras”. Cuaresma no es dejar una comida por otra. La privación voluntaria de comidas, es una práctica para lograr profundo arrepentimiento por el mal causado a los demás y ser mejores cristianos y humanos para los demás.

La cuaresma es la llamada de Dios a ser buenos y justos con los demás. El profeta Isaías 58, 1-9 nos da el sentido exacto: “el ayuno que yo quiero de ti es este, dice el Señor: que rompas las cadenas injustas y levantes los yugos opresores; que liberes a los oprimidos y rompas todos los yugos; que compartas tu pan con el hambriento y abras tu casa al pobre sin techo; que vistas al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano. Entonces surgirá tu luz como la aurora y cicatrizarán de pronto tus heridas, le abrirá camino la justicia; entonces clamarás al Señor y te responderá; lo llamarás y te dirá: “aquí estoy”.

La cuaresma tiene un fuerte sentido ético. Al Evangelio de San Mateo 9, 13 le interesa mucho la dimensión ética de la comunidad cristiana cuando afirma: “misericordia quiero y no sacrificios”. La cuaresma significa, entonces,  respeto a la persona humana. En cuaresma tenemos que ayunar para cambiar las malas actitudes que destruyen y lastiman a las personas. Es un deber natural y cristiano respetarnos los unos con los otros porque somos comunidad. Nuestro ser no culmina con los límites de nuestra piel, sino que se prolonga en el ser de los demás. Por ello, cuando hacemos daño a los demás, nos destruimos también a nosotros mismos. Quien sacrifica la amistad, la fe, los valores, la Iglesia en el altar del éxito y de la mentira, de la envidia y del odio, se devora sí mismo.

Pbro. Eduardo Sixtega Tépox

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