Perigrinación a la Basilica de Guadalupe

PEREGRINACIÓN DIOCESANA A LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

“Tal como proclamamos intensamente en este tiempo pascual – agregó –  somos un pueblo que camina hacia la pascua que no acaba, y tenemos que seguir avanzando movidos por la alegría de la fe y un amor creciente a Cristo y a los hermanos. Nos ha tocado compartir un tiempo de preparación, en el que hemos compartido una firme esperanza, confiados de que el Señor siempre nos acompaña, bendice nuestras labores cotidianas y nos colma de fortaleza”.

Resalto que peregrinar a los pies de la Virgen de Guadalupe, es encontrarnos con el “Verdadero Dios por quién se vive”: “La Iglesia es la casa de la Palabra de Dios, es también la casa de María, es la casa del pueblo de Dios, es nuestra casa. Nos hemos presentado ante el altar de Dios para orar, convencidos del significado de este lugar escogido por Dios y señalado por la Reina del cielo; esta ‘casita de oración’ a la que acudimos a ofrecer nuestro trabajo, y pedir la protección de Dios para encontrar caminos de justicia, de paz y de reconciliación”.

Invoquemos la intercesión de María ante su Hijo Jesús. Ella demostró una total apertura y disponibilidad a la acción del Espíritu Santo, para vivir guiada por Él. María comprendió en su corazón lo que significa “dejarse conducir por el Espíritu de Dios”, que equivale a orar y servir, movidos por el amor, como Ella lo vivió. La Virgen santísima, ‘la llena de gracia’, sigue intercediendo por cada uno de nosotros, sus hijos, y por todos los hombres. María comprendió y conservó en su interior lo que significa llenarse del fuego del Espíritu, para ser siempre joven, renovada, dinámica, fuerte e incansable, y mantuvo encendida la llama del amor en su corazón; ésta es la clave para reencontrar el camino de la fe y del servicio fiel y perseverante a Dios en el prójimo.

María, madre y maestra de la Iglesia de todos los tiempos, te encomendamos a todos los peregrinos de nuestra diócesis, para que en nuestros esfuerzos de cada día, sigamos aprendiendo a vivir en actitud de escucha, de paz y de esperanza. “Ruega por nosotros…, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Jesucristo, nuestro Señor”.
 

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