San Benito de Nursia

Hoy celebramos la memoria san Benito de Nursia, fundador del monacato occidental. De él, san Gregorio Magno escribió: “Este hombre de Dios… resplandeció… por la elocuencia con la que supo exponer su doctrina” (Dial. II, 36).

San Benito nació en el siglo V, en una época muy difícil, a causa de una profunda crisis de valores, el derrumbamiento del Imperio Romano y la invasión de otros pueblos. En este ambiente, la obra de san Benitosuscitó, tras el fin de la unidad política creada por el Imperio Romano, una nueva unidad espiritual y cultural, basada en la fe cristiana compartida por los pueblos del continente. Así surgió la unidad que hoy llamamos “Europa”.

Benito fue enviado por sus padres a estudiar a Roma. Pero sintiéndose insatisfecho por el ambiente superficial de la sociedad, decidió vivir en los montes al este de la ciudad. Primero se unió a una comunidad de monjes, y luego se hizo eremita en Subiaco, donde en soledad enfrentó y venció las tres tentaciones fundamentales: la tentación de ser egoísta y ponerse a sí mismo en el centro; la tentación de la sensualidad; y la tentación de la ira y la venganza.

En el año 529, san Benito se trasladó a Montecassino, con el fin de dar visibilidad a la fe como fuerza de vida. Ahí se dedicó al diálogo casi permanente con Dios mediante la oración. Esta amistad con Dios le impulsaba a ver la realidad con mayor profundidad y a servir a la gente en sus necesidades concretas.

A los monjes que se le unieron les dio una Regla, en la que aconseja: “nada se anteponga a la Obra de Dios” (43, 3), es decir, a la oración, a la que considera un acto de escucha (Prol. 9-11) que debe traducirse en acción concreta. “El Señor espera que respondamos diariamente con obras a sus santos consejos”, afirma (Prol.35). La Regla de san Benito ofrece indicaciones útiles para todos los que buscan orientación en su camino hacia Dios.

En 1964 Paulo VI proclamó a san Benito patrono de Europa. Así reconocía la admirable obra llevada a cabo por el santo a través de la Regla para la formación de la civilización y de la cultura europea.

Contemplando el ejemplo de san Benito, Benedicto XVI decía: “Para crear una unidad nueva y duradera, ciertamente son importantes los instrumentos políticos, económicos y jurídicos, pero es necesario también suscitar una renovación ética y espiritual. Al buscar el verdadero progreso, escuchemos también hoy la Regla de san Benito como una luz para nuestro camino. El gran monje sigue siendo un verdadero maestro que enseña el arte de vivir el verdadero humanismo” (Catequesis Miércoles 9 de abril de 2008).

Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter