Efecto Francisco, también en Corea

EFECTO FRANCISCO, TAMBIÉN EN COREA
 
La presencia del cristianismo en Asia apenas llega al 3 por ciento. Sin embargo, el Papa Francisco empieza una serie de visitas a las “periferias” de la Iglesia, ahora en Corea y enero próximo Filipinas y Sri Lanka. 
 
El Pontífice realizó su tercer viaje pastoral internacional a Corea del Sur, que es un país donde los católicos son una minoría (apenas el 10 por ciento), pero representan un grupo muy activo, pues la conversiones de adultos al catolicismo se estiman en unas 100 mil personas al año.
 
El evento central del viaje apostólico consistió en la beatificación de Paul Yun Ji-Chung y sus 123 compañeros mártires constituyen la primera generación de católicos coreanos. Paul fue martirizado con su primo por haber violado los rituales confucianos al organizar funerales católicos para su madre.
 
Ese grupo de mártires fueron ejecutados a partir de fines del siglo XVIII, todos son fieles laicos, a excepción de un solo sacerdote, James Ju Mun-mo, de origen chino, que fue el primer clérigo que pisó la península coreana y el primero en celebrar la Misa en esa tierra. El Padre Ju Mun-ra era conocido por su celo pastoral y, a seis años de su llegada, los católicos en Corea sumaban unos 10 mil. 
 
Ante un millón de asistentes a la Misa de Beatificación, efectuada frente al palacio Gyeongbokgung de la dinastía Joseon, en Seúl, el Papa Francisco destacó “la importancia, la dignidad y la belleza de la vocación de los laicos”.
 
El Santo Padre recordó que “en nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de múltiples maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir las exigencias radicales del Evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo. Sin embargo, los mártires nos invitan a poner a Cristo por encima de todo”. 
 
Además, el Papa Francisco se reunió con los jóvenes, con quienes improvisó un hermoso diálogo en inglés (a pesar de que el Papa no domina esta lengua) y luego en italiano. Los invitó a rezar por la unidad de las dos Coreas: “Piensen en los hermanos del norte, ellos hablan la misma lengua, cuando se habla la misma lengua en familia, siempre existe esperanza humana”.
 
Y también a invitó a los seis mil jóvenes reunidos a acoger y seguir a Cristo. Y los previno del secularismo: “Parece como si Dios hubiera sido eliminado de este mundo. Es como si un desierto espiritual se estuviera propagando por todas partes. Afecta a los jóvenes, robándoles la esperanza e incluso la vida. No obstante, éste es el mundo al que ustedes están llamados a ir y dar testimonio del evangelio de la esperanza, el evangelio de Jesucristo”.
 
En este viaje, el Santo Padre siguió mostrando sus gestos habituales. Por ejemplo, viajó en un coche normal de la marca coreana Kya; en otro momento, fuera del programa, fue a visitar de sorpresa a los jesuitas que viven en ese país. 
 
El Papa concluyó este viaje a Corea (que los obispos definen como «la última víctima de la Guerra fría) con una Misa por la paz y la reconciliación, buscando que Corea del Norte vuelva al diálogo con Corea del Sur. Así el Papa visita a otro “muro” que separa dos naciones hermanas. Aunque los resultados no serán a corto plazo, el Papa Francisco logró consolidar la vitalidad de la Iglesia coreana y, como heraldo de la paz, ha puesto una semilla para la reconciliación de las Coreas.
 
LUIS FERNANDO VALDÉS 
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