“Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes”

HOMILÍA EN EL XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Is 56, 1.6-7; Sal 66; 1 Tm 2, 1-8; Mt 28, 16-20
19 de octubre de 2014, Domingo mundial de la misiones
 
“Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes…”
 
Queridos hermanos, en este día se celebra el domingo mundial de las misiones. El evangelio termina con una escena en la montaña de Galilea donde Jesús ha citado a sus apóstoles y, cuando éstos llegan, lo primero que les dice es: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Estas palabras indican que Cristo ya ha sido glorificado, ya tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, ya ha recibido el Espíritu Santo y, por lo mismo, puede darlo a sus discípulos para que vayan a evangelizar a todas las naciones. En el evangelio de san Mateo, Galilea no es sólo la parte Norte de Palestina sino la Galilea de los paganos que está del otro lado del Jordán (cfr. Mt 4, 15), es decir que Galilea significa el territorio que está fuera de Israel, es decir los confines de la tierra a donde debe llegar el evangelio (cfr. Hch 1, 8).
 
El mandato misionero: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas los pueblos, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, nos habla de una etapa posterior a la primera etapa, en la que bastaba bautizarse en el nombre del Señor Jesús como aparece en el libro de los Hechos de los Apóstoles cuando Pedro les dice a los primeros cristianos que han creído, que se hagan bautizar en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados (cfr. Hch 2, 38) o cuando Pedro y Juan van a Samaria a orar por los que ya habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús para que recibieran al Espíritu Santo (cfr. Hch 8, 16).
 
Hay que decir también que en la Biblia el ‘nombre’ significa la persona, lo que ella es. Por ejemplo, cuando el Ángel le dice a José: “Tú le pondrás por nombre Jesús porque el salvará a su pueblo de sus pecados” nos está dando la explicación del nombre de Jesús, el cual significa salvador; el nombre hace referencia a su persona, el nombre indica lo que es: salvador. Pues bien, la palabra ‘bautizar’, significa sumergir. De manera que cuando aquí se dice: “Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, es lo mismo que decir “sumergir en la persona del Padre, en la persona del Hijo y en la persona del Espíritu Santo. Y esto es lo que seguimos haciendo. Cuando alguien es bautizado es sumergido en Cristo (cfr. Rm 6, 3-11). San Pablo dice que los que hemos sido bautizados en Cristo, nos hemos revestido de Cristo (cfr. Ga 3, 27).
 
También dice Jesús: “Enséñenles a guardar todo cuanto yo les he mandado”. Se trata de todo lo que Jesús hizo y enseñó. Se trata del amor del Padre, de la encarnación de su Hijo, que vivió, murió, resucitó y nos envió el Espíritu Santo para que podamos amarnos, en Cristo, como hermanos en su Iglesia. Por ese celo evangelizador, como signo de una fe sólida, desde el principio de la Iglesia, la fe se extendió por todo el mundo. Ahora es necesario recuperar el entusiasmo por la misión. Por esto, se realizó el Concilio Vaticano II para ir a las fuentes de nuestra fe, fortalecerla, iluminarla y motivarnos a salir a compartirla; por esto mismo el Papa Pablo VI, que por cierto el día de hoy, 19 de octubre está siendo beatificado en Roma, escribió el 8 de diciembre de 1975, una encíclica llamada Evangelii Nuntiandi para motivarnos más a la misión. En ella nos dice que la Iglesia, desde su origen, por naturaleza ha sido misionera. La vocación propia de la Iglesia es evangelizar. Ella es evangelizada y evangelizadora y quien envía a sus hijos evangelizados a predicar, no a sí mismos, sino el Evangelio del que ni ellos ni ella son dueños, sino ministros para transmitirlo con fidelidad (cfr. Evangelii Nuntiandi 15).
 
Del mismo modo los Papas posteriores no se han quedado atrás en este empeño misionero. El Papa, Juan Pablo II, el 7 de diciembre de 1990, nos mandó la encíclica “Redemptoris Missio” en la que dice que la misión del Redentor sigue como en sus comienzos, pues falta mucho por evangelizar y que la fe, si no se comparte se muere porque la fe se fortalece dándola. Para seguir adelante con este empeño el Papa Benedicto convocó del 7 a 28 de octubre del 2012 a un Sínodo sobre la Nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana para poder responder a los desafíos de estos tiempos modernos y, finalmente también nos está motivando el Papa Francisco con su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, con la cual nos invita a salir a compartir la alegría del evangelio.
 
En América latina desde hace muchos años estamos tratando de recuperar el entusiasmo misionera, pero especialmente desde el año 2017 cuando se realizó en Aparecida Brasil, la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Pues bien en el Documento de Aparecida se dice que: “Cumplir este encargo no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana” (DA No. 144). Por otro lado, el discípulo no puede vivir su vocación, sino en comunión: “La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera y la misión es para la comunión (DA No. 163). De manera que tanto el consagrado como el sólo bautizado están llamados a ser discípulos y misioneros de Cristo en comunión.
 
Que importante trasmitir la fe. Si sólo la recibimos, pero no la damos, significa que la fe está en crisis, o medio muerta, porque la fe se fortalece dándola y si no la transmitimos se muere. Ciertamente tenemos que distinguir entre las misiones ‘ad gentes’, que se realizan en otros países y, por otro lado, la misión ‘ad intra’, es decir la que se realiza entre nosotros mismos sin tener que ir a otras naciones. En efecto, unos pueden ser misioneros llevando la Palabra de Dios a quienes no la conocen, otros ayudando con su oración, sus sacrificios, o sus donativos para que otros vayan.
 
En 1927 la Iglesia declaró como patronos de las misiones católicas a san Francisco Javier y a santa Teresita del Niño Jesús. San Francisco Javier evangelizó la India, China y el Japón. ¡Buen ejemplo de la misión en otras naciones! Sin embargo, santa Teresita nunca salió de su monasterio. Pero ella en su vida quería ser todo, quería ser mártir, misionera, etc. Por fin, leyendo el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios encontró su vocación. ¡Su vocación sería el amor, el cual encierra todas las vocaciones! ¡Buen ejemplo de la misión al interior de la Iglesia!, es decir para los que no van a otras naciones.
 
Hermanos, el Señor Jesús está lleno de gloria en los cielos, pero también acompaña a su Iglesia en la misión evangelizadora aquí en la tierra. El señor Jesús cumple su palabra: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Participemos en la misión evangelizadora. O vas, o envías o ayudas a enviar. ¡Que así sea!
 
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 
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