El signo de la cruz

EL SIGNO DE LA CRUZ DE JESÚS PRESIDE LOS ALTARES; LAS LITURGIAS Y CON EL ACEITE DEL CRISMA IMPREGNA EL CUERPO DE TODO BAUTIZADO.
 
En todos los altares de los templos y también los altares familiares; en todas las liturgias de los misterios sagrados, preside siempre la santa cruz. Con la Fiesta de la Exaltación del Cruz recordamos que “nosotros no exaltamos una cruz cualquiera o todas las cruces –afirmó el Papa Francisco-. Exaltamos la cruz de Jesús, porque en ella se ha revelado al máximo el amor de Dios por la humanidad”.
Si abrimos el foco vemos en el calvario a la Madre dolorosa acompañando a Jesús, con un amor fiel que tampoco claudica frente a la tentación, dolor, oscuridad de la cruz. “La madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el hijo pendía. Por los pecados del mundo vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce madre”, reza el himno de la fiesta de la Dolorosa el 15 de setiembre. Y es precisamente junto a la cruz su parto como madre de todos. La curación y vivificación que nos da la cruz viene junto con la maternidad de la Virgen. Somos familia, somos hijos en el Hijo, por la cruz de Jesús y tenemos una madre.
 
Esta cruz que es el sello de familia impregna el cuerpo del bautizado, signado con la cruz en la frente y el pecho con el santo crisma y el óleo de los catecúmenos en el bautismo. También en el sacramento de la Reconciliación, el sacerdote con la absolución de los pecados traza el signo de la cruz sobre el penitente. Y la cruz vuelve a tocarnos en el sacramental de la bendición que nos da el sacerdote, el padre, la madre, el abuelo, recordándonos este sello del bautismo y de los misterios sagrados de la confirmación, la reconciliación. Al inicio y al final del día nos ponemos ante Dios y nos dejamos abrazar y proteger por el amor fiel y victorioso de Jesús persignándonos o santiguándonos, como también al comienzo y al final de cada oración.
 
Contemplamos el máximo amor de Dios por la humanidad en las estampas y representaciones de la cruz de Jesús en tantos crucifijos de tantos tamaños, colores y materiales distintos. Es el “sacramental” más conocido y extendido en el mundo cristiano; resume la fe católica en la fórmula que acompaña el signo: “En el nombre del Padre y del Hijo del Espíritu Santo”.
 
¿De qué bosque habrán sido los leños de la Cruz de Cristo?
 
¿De qué bosque habrán sido los leños de la cruz de Cristo? preguntó el catecúmeno. Y el catequista respondió: El nombre del bosque no es esencial, porque Jesús, con estos leños ya talados y secos, creó un árbol nuevo, distinto de los otros, vital, original, orgánico; con su propia sangre y vida divina como sabia nutriente, con los cinco frutos florecidos y sazonados de las púrpuras llagas de su cuerpo, alimento y medicina únicos en el mundo, porque curan del mal, de la muerte y nutren de Vida nueva y plena a los discípulos misioneros, en los misterios sagrados.
 
Pero el día de la Exaltación de la Cruz santa, contemplamos el árbol esencial desnudo, despojado del Cuerpo que le da sabia viva y frutos sustanciosos. Miramos las dos líneas capitales que definen el ser de Cristo y del cristiano. En el leño vertical que se levanta hacia Dios como profunda, larga y elevada plegaria, vemos el camino del amor humilde que entrega toda su vida en sacrificio de gratitud y adoración al Padre, según lo que Jesús rezó en el Huerto y que nosotros repetimos en el Padrenuestro: “Que se haga tu voluntad y no la mía”; “que sea como tú quieres y no como quiere mi yo”.
 
Y en el leño horizontal sentimos el abrazo de Jesús a todos sus hermanos adoptivos. Un abrazo fortalecido por la humildad del trabajo cotidiano, en servicio de los hombres y mujeres más anónimos, invisibles, descartados, incurables, desahuciados, rotos, perdidos, confundidos, descompuestos, condenados, adictos, viciosos… Donde también vos y yo podemos cobijarnos.
 
Contemplando los dos rieles seguros, como puerta y camino en los leños cruzados, podemos repetir sobre nuestro cuerpo el signo de la santa cruz redentora del mundo, recordando que el sacerdote traza la cruz sobre nosotros en cada absolución, como lo hizo con el santo Crisma el día del Bautismo y en la Confirmación: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 
GUILLERMO ORTIZ SJ 
 
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