Ninin: Cultura Totonaca

NININ “UNA CELEBRACIÓN DE LOS MUERTOS EN LA VIDA”. 
RESURRECCIÓN DESDE LA CULTURA TOTONACA
 
Dos de las celebraciones más importantes de la sierra totonaca se realizan en el mes de noviembre. En el calendario católico, el día primero está dedicado a “Todos los Santos”. El día 2, a los “Fieles Difuntos”. En estas dos fechas se llevan a cabo los rituales para rendir celebración a nuestros hermanos que están descansando en el mas allá (gloria). Es el tiempo en que las personas de los parientes fallecidos regresan a casa para convivir con los familiares vivos y para alimentarse de lo que se les ofrece en los altares domésticos.
 
La celebración del Día de los difuntos, como se le conoce popularmente, participan todas las personas, de manera especial los adultos, porque es un rito de responsabilidad. Antes no tenían participación los niños porque es una celebración de respeto y ahora nos damos cuenta que se incluyen  mestizos, urbanos y campesinos. Según la creencia del pueblo, el día 31 de noviembre se dedica a los “muertos chiquitos”, es decir, a aquellos que murieron siendo niños; el día primero, a los fallecidos en edad adulta. En algunos lugares, el 29 de octubre corresponde a las personas que murieron a causa de un accidente. En cambio, el 30 del mismo mes se espera la llegada de las almas que se encuentran en los “limbos” o niños que murieron sin haber recibido el bautizo. Y el día 2 es la repartición de la ofrenda o visita de los compadres; todos intercambian la comida y todo lo que ofrendaron en el altar.  
 
La conmemoración de los fieles difuntos (NININ) conlleva a una enorme trascendencia popular: su celebración comprende muy diversos aspectos. La celebración de “Todos los Santos” y “Fieles Difuntos” se ha mezclado con la conmemoración del día de muertos que los naturales (indígenas) festejan desde los tiempos prehispánicos. Los mexicas, mixtecas, zapotecas, tlaxcaltecas, totonacas y otros pueblos originarios de nuestro país, trasladaron la veneración de sus muertos al calendario cristiano. Antes de la llegada de los españoles, dicha celebración se realizaba en el mes de agosto y coincidía con el final del ciclo agrícola del maíz, calabaza, garbanzo y frijol. Los productos cosechados de la tierra eran parte de la ofrenda.
 
El Día de Muertos, como actividad popular, es un acto que nos lleva al recogimiento, la oración o a la fiesta; sobre todo esta última, en la que los muertos conviven y hacen sentir su presencia cálida entre los vivos. Desde la cultura también se cree que los muertos tienen otra vida en el más allá, es decir que hay una certeza  de la resurrección. La Muerte, es tan simple, tan llana y tan misteriosa que sus huesos y su sonrisa están en nuestro regazo, altar y galería (compendio de recuerdos). El amarillo de la flor de cempasúchil, lo verde y esperanzador de las hojas del tepejilote, las estrellas de palma, el altar de arco, el rojo de la flor afelpada llamada pata de león, lo esférico de las flores totonacas pasma xanath… Es el reflejo del sincretismo de dos culturas: la indígena y la hispana, que se impregnan y crean un nuevo lenguaje y una escenografía de la celebración de la vida.
 
En estas fechas se celebra el protocolo que reúne a los vivos con sus parientes, los que duermen ya en el signo de la paz. Es el tiempo trascendental en el que las personas muertas tienen la oportunidad para regresar al mundo de los vivos. Hay que considerar que esta celebración, sobre todo, es una actividad a la memoria. Los rituales reafirman el tiempo sagrado, el tiempo religioso y este tiempo es un momento primordial, es un espacio de memoria colectiva. El ritual de las ánimas es un acto que privilegia el recuerdo sobre el olvido.
 
Entre los pueblos totonacos, después de la muerte, el alma viajaba a otros lugares para seguir viviendo. Por ello es que la sepultura se hacía a veces con las herramientas y vasijas que los difuntos utilizados en vida, y, según su posición social y política, se les enterraba con sus acompañantes, que podían ser una o varias personas. El más allá para estas culturas, era trascender la vida para estar en el espacio divinizado, el que habitaban los dioses. En la muerte totonaca se le prepara al hermano que descansara para siempre como si fuera en una  fiesta, se le busca un padrino para el aseo personal y todo es un rito desde la sabiduría de los abuelos, así como cuando uno nace hay un rito y al dejar este mundo de la misma manera. Aclaro en muchos momentos no he mencionado la muerte porque en la cultura se maneja el descanso o el gozo del descanso… Ahora lo traducimos disfrutando o participando de la resurrección.
 
PBRO. JOSÉ MEDINA G.
 
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