Mensaje Navideño de Mons. José Trinidad

MENSAJE DE NAVIDAD
24 de diciembre 2014.
 
“Que las nubes derramen la justicia” (Is 45, 8)
 
A todos los sacerdotes, diáconos, religiosas, laicos y hombres y mujeres de buena voluntad.
 
Por gracia de Dios estamos llegando a la fiesta de la Navidad, fiesta de luz, de alegría, de vida, de paz y de amor. La Navidad es un tiempo en el que los sentimientos más nobles están a flor de piel. Por lo mismo, en este tiempo se siente más intensamente lo bueno y lo malo, la compañía como la soledad, la luz y las tinieblas, la paz y la inseguridad, la muerte o la vida.
 
La Navidad es fiesta de luz, porque Dios es luz y en él no hay tinieblas (cfr. 1 Jn 1, 5). Dice san Juan que: “Aquel que es la Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1, 9). En este año hemos tenido acontecimientos que han ensombrecido la paz y la justicia en nuestro País. Los desaparecidos de Ayotzinapa muestran que nos hace falta la luz de Dios, nos hace falta que se cumpla en nosotros lo que decía el profeta: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Is 9, 1).
 
Una cosa lleva a la otra; la luz de Dios, es decir, su presencia nos trae la verdadera alegría porque en Cristo Dios se ha hecho Emanuel, es decir Dios con nosotros (cfr. Mt 1, 23). Dios ha salido de su cielo a nuestro encuentro. Las esperanzas del profeta: “Ojalá rasgaras los cielos y bajaras” (Is 63, 19), se han cumplido literalmente en Cristo nacido de la Virgen María para nuestra salvación y esto nos llena de una gran alegría. ¡Dios ha venido a nuestro encuentro!
 
La presencia de Dios en nuestra historia y en nuestras vidas es sinónimo de paz y de amor. Estar en la luz es sinónimo de estar con Dios y de vivir en el amor: “El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar” (2 Jn 1, 10). Por el contrario: “El que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va” (2 Jn 1, 11). Por los acontecimientos violentos en México, a veces parece que no sabemos a dónde vamos. Ya son varios años de violencia e inseguridad y hemos sido testigos de que nuestras soluciones humanas no han dado los resultados esperados, parece que necesitamos confiar más en Dios, volvernos a aquel que es el príncipe de la Paz, el que hizo de los dos pueblo uno solo (cfr. Ef 2,14).
 
La Navidad es fiesta de la vida. En cierto sentido la vida y la luz también son sinónimos: “Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron” (Jn 1, 4-5). En la Navidad nace para nosotros el que es la Vida, nace el Hijo de Dios en nuestra condición humana. El don más valioso de Dios es la vida. Desafortunadamente muchas veces no vivimos en favor de la vida. Nos hace falta convertirnos más a la vida, nos hace falta valorar más nuestra alta dignidad, pues el Hijo de Dios se hizo hombre, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado (cfr. Hb 4, 15).
 
Que en este año que concluye y en el nuevo que inicia, el Señor, que es rico en misericordia, colme los vacíos de luz, de alegría, de paz y de amor que haya en nuestra Patria y en nuestras vidas y les bendiga abundantemente a todos ustedes y sus familias, son los deseos de su servidor en Cristo Jesús. ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2015!
 
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 
Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter