¡Hoy nos ha nacido el Salvador!

Navidad 2014
 
En la noche de este mundo, oscurecido por el pecado que alejándonos de la luz de la verdad ha eclipsado el valor de la vida, la dignidad, los derechos y los deberes de las personas y nos ha sumido en las tinieblas del egoísmo, el relativismo, el individualismo, el materialismo, el utilitarismo, la injusticia, la pobreza, la corrupción, la indiferencia y la violencia, recibimos esta Navidad la mejor de las noticias: ¡Hoy nos ha nacido el Salvador!
 
En Jesús, Dios se hace uno de nosotros para quebrantar el yugo que nos impusimos al desconfiar de Él y cometer el pecado[2], con el que abrimos las puertas del mundo al sufrimiento, al mal y a la muerte. Así nos demuestra que no es un Creador que se quede en la distancia, mirando con indiferencia lo que sucede, sino un Padre amoroso que se acerca, se compromete y actúa para ofrecernos un futuro: ser hijos suyos y participar de su vida plena y eternamente feliz, que consiste en amar y hacer el bien[3].
 
¡Sí! Dios actúa para hacernos dichosos por siempre. A nosotros toca hacer nuestra parte: recibirlo y, como Él, acercarnos a los demás; comprometernos y actuar para construir juntos una familia, un México y un mundo mejor para todos, aunque a veces las cosas sean difíciles.
 
A pesar de que no hubo lugar para que su Madre lo diera a luz, Jesús no se dejó vencer por el mal, sino que transformó la historia con el poder del amor, que hace triunfar la vida, la verdad, la libertad, la justicia, el progreso y la paz. Aprendamos de Él y hagamos lo mismo, sin dejarnos derrotar por los problemas en casa, la escuela, el trabajo y la sociedad. 
 
Jesús, como afirma san Cirilo,  nos libera de una existencia bestial y nos conduce a una vida conforme a la dignidad humana[4]. No nos auto-condenemos al “Alzheimer espiritual”, que, como dice el Papa, es “olvidar la historia de la salvación, la historia personal con el Señor”[5]. Conscientes de lo que Jesús nos ofrece, corramos como los pastores en Belén a encontrarnos con Él, que viene a nosotros en su Palabra, en sus sacramentos –sobre todo en la Eucaristía–, en la oración y en el prójimo.
 
Así nos llenaremos de su amor y lo proclamaremos, día tras día[6], en nuestro matrimonio, en nuestra familia, en nuestro noviazgo, en nuestros ambientes de amigos, vecinos, escuela, trabajo y a cuantos nos rodean, especialmente a los más necesitados, procurando con nuestras oraciones, palabras y acciones hacer triunfar la verdad, la justicia, la libertad, la vida, el progreso y la paz para todos.
 
¡Nada de derrotismos, desalientos o confrontaciones! Confiando en Jesús y contando con su ayuda demos lo mejor de nosotros para edificar juntos un matrimonio, una familia y un México en paz, de tal manera que, como decía el beato Juan de Palafox, “no nos perdamos en las tinieblas de que huimos”[7].
 
El Pesebre
 
 
El Pesebre o Nacimiento es una tradición cristiana en todo el mundo. Consiste en recordar el Nacimiento de Jesús a través de una representación.
 
El primer Nacimiento fue creado por San Francisco de Asís, quien alentó a que unos pobladores recreen la Natividad del Señor. Muchas otras aldeas imitaron este acto, hasta que el Nacimiento ingresó a las casas de los creyentes, que con imágenes crearon sus propios pesebres.
 
La instalación del Nacimiento es una excelente oportunidad para unir a la Familia. Su realización enternece a los que la realizan. La figura de animales mansos, de humildes pastores, de la sencillez del lugar y la luz de una estrella no hace más que revolver el corazón al pensar la sencillez en que Dios llegó al mundo.
 
Significado
 
EL ESTABLO: “Y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2,1). Lucas nos explica que el Rey de Reyes no tuvo un espacio, un lugar para nacer. Sólo lograron acomodarse en una estancia humilde, para que el más grande de todos naciese en. un pesebre, el cajón donde comen las bestias. Dios es el más grande, y nos enseña que debemos ser muy pequeños.
 
EL HERMANO BURRO Y EL HERMANO BUEY: “El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor” (Isaías 1, 3). Isaías usa una figura que años más tarde se volvería realidad. Estos dos animales participan en el Nacimiento. El burro está siempre disponible y cabizbajo ante la voluntad de su señor. Es muy servicial. El buey es fuerte: empuja el arado y prepara la tierra para cosechar buenos frutos. Estas virtudes, por sí, son un gran ejemplo.
 
EL ÁNGEL: Son los mensajeros de Dios. Por el ángel Gabriel llegó la Anunciación. Fue un ángel quien se le apareció a José para aceptar a María como esposa, huir y regresar de Egipto. Fueron muy importantes en esta misión y nos recuerdan que Dios siempre tiene un mensaje para nosotros.
 
LOS PASTORES: Personas sencillísimas y humildes. Fueron los primeros en recibir la buena noticia, mostrándonos que son los pobres los preferidos por el Señor.
 
LOS TRES REYES: No fueron reyes de algún pueblo o nación. Ese nombre se los dió la tradición. En la Biblia se les llama magos. Representan a los pueblos y razas del mundo, que vienen a adorar. Ofrecieron Incienso para un Dios, Oro para un Rey y Mirra para un hombre.
 
LA ESTRELLA: Guió a los magos en su andar, fue la luz que los llevó al encuentro con Dios a través de las oscuridad. De forma similar, Cristo nos lleva al Padre.
 
SAN JOSÉ: Padre fiel y creyente. El protector de Cristo en sus primeros años de vida. Tuvo un corazón amoroso y lleno de fe para aceptar lo que Dios le pidió.
 
MARÍA: La Madre del Señor, la que lo cuidó y lo acompañó hasta el final. Es símbolo del puro amor maternal y de un servicio sin obstáculos, sin objeciones.
 
JESÚS: Es el “Dios Con Nosotros”, el amor que el Señor tiene por la humanidad al venir a salvarla del pecado. Es la figura tierna y central del nacimiento. Nos muestra como Dios, en medio de su potencia y magnitud, se nos presenta de manera sencilla, en la figura de un frágil niño.
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