¡Me dan ganas de llorar!

CON JESÚS NO HAY DEPRESIÓN EN NAVIDAD Y AÑO NUEVO; HAY ALEGRIA
 
Según especialistas de la salud mental, la depresión en esta temporada del año, ocurre por no saber cómo expresar afecto. Con frecuencia se demuestra a través de regalos, generando gastos innecesarios que en muchas ocasiones acarrean más problemas, o el que las personas se hagan expectativas de lo que van a recibir en Navidad, y al no cumplirse, se sientan tristes y decepcionadas. En algunos casos se piensa que puede ser porque las personas tuvieron en su infancia malas experiencias antes y/o durante las fiestas decembrinas, así que se encuentran predispuestos a  pasarla mal. Otra razón puede ser que los recuerdos de navidades o de años anteriores se apoderan de nuestra mente, recuerdos que fueron muy dolorosos tales como: una enfermedad, el rompimiento de una relación, la lejanía de un ser querido la pérdida de trabajo, etc. 
 
La gente que se deprime en la Navidad y que coincide con el fin de año, se fija solamente en los aspectos negativos de su vida. Se cree también que otro factor que contribuye a la depresión en esta época: es un desorden estacional conocido como SAD (Desorden Afectivo de Temporada), y éste lo sufren algunas personas cuando experimentan una reducción en la exposición a la luz del día, así que los días cortos de invierno contribuyen a que la persona se sienta desanimada: “¡Qué triste está el día! ¡No tengo ganas de nada! ¡Me dan ganas de llorar!, etc.”.
 
Como cristianos sabemos cuál es la razón del por qué celebramos la Navidad. Nada es más importante que la alegre noticia de que Dios se hizo carne, se hizo hombre y habitó entre nosotros y con él vino la paz, la alegría, la esperanza y la salvación. No son los regalos, ni la cena…es la nueva oportunidad que nos da nuestro Padre Dios a través de su Hijo Jesús: de descubrir su inmenso amor hacia nosotros a pesar de nuestras infidelidades; es el poder celebrar juntos como familia el hecho de que él está con nosotros y, con su gloria, lo llena y transforma todo. 
 
Saber eso es suficiente para no estar tristes ni en invierno, ni en Navidad, ni en fin de año, ni en Año Nuevo. Porque no son las luces de los foquitos del pino de Navidad las que iluminan nuestra noche, es la luz del rostro de Jesús, de su cercanía, y de su amor, la que hace que no se apague nuestro corazón y nuestra mente con tristeza. Animemos y contagiemos a otros de la Buena Noticia. Dios con nosotros, en Jesús. Feliz Navidad a todos, y que nadie se sienta solo en Noche Buena porque él está  con cada uno de nosotros, mostrándonos con sencillez y humildad, su divinidad en su humanidad. 
 
GLORIA MARÍA R. DE LA GARZA
 
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