Elogio del Papa Francisco a las madres

ELOGIO DEL PAPA FRANCISCO A LAS MADRES: QUERIDAS MAMÁS, GRACIAS POR LO QUE DAN A LA IGLESIA Y AL MUNDO
 
Queridos amigos, les ofrecemos algunos fragmentos de la catequesis de hoy del Papa Francisco, en la que ha aplaudido el trabajo silencioso y sacrificado de las mamás:
 
«Toda persona humana debe la vida a una madre y casi siempre debe a ella mucho de la propia existencia sucesiva, de la formación humana y espiritual.
 
Pero la madre, aún siendo muy exaltada desde el punto de vista simbólico – tantas poesías, tantas cosas bellas que se dicen poéticamente de la madre – es poco escuchada y poco ayudada en la vida cotidiana, poco considerada en su rol central en la sociedad.
 
Es más, a menudo se aprovecha de la disponibilidad de las madres a sacrificarse por los hijos para “ahorrar” en los gastos sociales.
 
Sucede que también en la comunidad cristiana la madre no es siempre justamente valorada, es poco escuchada. Sin embargo, al centro de la vida de la Iglesia está la Madre de Jesús.
 
Quizás las madres, dispuestas a tantos sacrificios por los propios hijos y a menudo también por aquellos de los otros, deberían ser más escuchadas.
 
Sería necesario comprender más su lucha cotidiana para ser eficientes en el trabajo y atentas y afectuosas en familia; sería necesario entender mejor a qué aspiran para expresar los frutos mejores y auténticos de su emancipación. Una madre con los hijos tiene siempre problemas, siempre trabajo.
 
Las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta. “Individuo” quiere decir “que no puede ser dividido”. Las madres, en cambio, se “dividen” desde cuando acogen un hijo para darlo al mundo y hacerlo crecer.
 
Son ellas, las madres, quienes odian mayormente la guerra, que mata a sus hijos.
 
¡Cómo sufre una madre! Son ellas quienes testimonian la belleza de la vida.
 
Ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino es también una elección de vida. La elección de vida de una madre es la elección de dar vida. Y esto es grande, esto es bello.
 
Una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres siempre saben testimoniar incluso en los peores momentos, la ternura, la dedicación, la fuerza moral.
 
Las madres a menudo transmiten también el sentido más profundo de la práctica religiosa: en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción que un niño aprende, se inscribe el valor de la fe en la vida de un ser humano.
 
Es un mensaje que las madres creyentes saben transmitir sin muchas explicaciones: éstas vendrán después, pero la semilla de la fe está en esos primeros, preciosísimos momentos.
 
Sin las madres, no sólo no habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo.
 
No somos huérfanos, somos hijos de la Iglesia, somos hijos de la Virgen y somos hijos de nuestras madres.
 
Queridas madres, gracias, gracias por lo que son en la familia y por aquello que dan a la Iglesia y al mundo.
 
Y a ti amada Iglesia gracias, gracias por ser madre.
Y a ti María, Madre de Dios, gracias por hacernos ver a Jesús.
Y a todas las mamás presentes, ¡las saludamos con un aplauso!ۘ»

Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter