¡Hay que aprender a llorar!

Hay que aprender a llorar, explicó Francisco en Manila
 
En su reciente viaje a Filipinas, los jóvenes preguntaron al Vicario de Cristo: ¿Por qué sufren los niños?, ¿cómo se vive el verdadero amor? y ¿cómo contribuir profesionalmente a la compasión y a la misericordia sin caer en el materialismo?
 
Al mundo de hoy le falta llorar
 
“Queridos chicos y chicas, al mundo de hoy le falta llorar. Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida se ven solamente con los ojos limpios por las lágrimas. Los invito a que cada uno se pregunte: ¿Yo aprendí a llorar? cuando veo un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado como esclavo por la sociedad? O mi llanto ¿es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más? Y esto es lo primero que yo quisiera decirles: aprendamos a llorar, como ella nos enseñó hoy. No olvidemos este testimonio. La gran pregunta ¿por qué sufren los niños? la hizo llorando y la gran respuesta que podemos hacer todos nosotros es aprender a llorar”.
“Jesús en el evangelio lloró, lloró por el amigo muerto. Lloró en su corazón por esa familia que había perdido a su hija. Lloro en su corazón cuando vio a esa pobre madre viuda que llevaba a enterar a su hijo. Se conmovió y lloró en su corazón cuando vio a la multitud como ovejas sin pastor. Si vos no aprendes a llorar no son un buen cristiano. Y este es un desafío. Sean valientes, no tengan miedo de llorar”.
 
Estamos híper informados pero no sabemos qué hacer
 
“Hoy con tantos medios estamos híper informados y ¿eso es malo? ¡No! Eso es bueno y ayuda, pero corremos el peligro de vivir acumulando información. Y tenemos mucha información, pero quizá no sabemos qué hacer con ella. Corremos el riesgo de convertirnos en “jóvenes museo”, que tienen de todo pero no saben qué hacer. No necesitamos “jóvenes museos” sino jóvenes sabios”.
“Me pueden preguntar: Padre ¿cómo se llega ser sabio? Y este es otro desafío, el desafío del amor. ¿Cuál es la materia más importante que tiene que aprender en la Universidad?, ¿Cuál es la más importante que hay que aprender en la vida? Aprender a amar. Y este es el desafío que la vida te pone a vos hoy. ¡Aprender amar! No solo acumular información y no saber qué hacer con ella. Sino a través del amor hacer que esa información sea fecunda. Para esto el Evangelio nos propone un camino sereno, tranquilo, usar los tres lenguajes, el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Y los tres lenguajes armoniosamente, lo que piensas, lo sientes y lo realizas. Tu información baja al corazón, lo conmueve y lo realiza. Y esto armoniosamente: pensar lo que se siente y lo que se hace. Sentir lo que pienso y lo que hago, hacer lo que pienso y lo que siento. Los tres lenguajes. 
 
Francisco habló del amor
 
“El verdadero amor es amar y dejarme amar. Es más difícil dejarse amar que amar. Por eso es tan difícil llegar al amor perfecto de Dios, porque podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él. El verdadero amor es abrirse a ese amor que está primero y que nos provoca una sorpresa. Si vos tenéis solo toda la información estas cerrado a las sorpresas, el amor te abre a las sorpresas, el amor siempre es una sorpresa porque supone un dialogo entre dos. Entre el que ama y el que es amado. Y de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas porque él nos amó primero y nos espera con una sorpresa. Dios nos sorprende, Dejémonos sorprender por Dios. En el desafío del amor Dios se manifiesta con sorpresas”.
 
En el desafío del amor Dios se manifiesta con sorpresas
 
“Pensemos en san Mateo, era un buen comerciante, además traicionaba a su patria porque le cobraba los impuestos a los judíos para pagárselo a los romanos. Pasa Jesús lo mira y le dice “ven”. Los que estaban con él dicen: ¿a este que es un traidor, un sinvergüenza? y él se agarra a la plata. Pero la sorpresa de ser amado lo vence y siguió a Jesús. Esa mañana cuando se despidió de su mujer nunca pensó que iba volver sin dinero y apurado para decirle a su mujer que preparara un banquete. El banquete para aquel que lo había amado primero. Que lo había sorprendido con algo más importante que toda la plata que tenía. ¡Déjate sorprender por Dios! No le tengas miedo a las sorpresas, que te mueven el piso, que te ponen inseguro, pero nos ponen en camino. El verdadero amor te mueve a quemar la vida aún a riesgo de quedarte con las manos vacías. 
“¿De acuerdo? No jóvenes de museo sino jóvenes sabios. Para ser sabios usar los tres lenguajes: pensar bien, sentir bien y hacer bien. Y para ser sabios, dejarse sorprender por el amor de Dios y anda y quema la vida. ¡Gracias por tu aporte de hoy!”.
 
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