La imposición de la Ceniza

LA IMPOSICION DE LA CENIZA
18 de febrero de 2015
 
Los orígenes más remotos de la ceniza están en la costumbre de Israel de ayunar y bañarse de ceniza para granjearse el perdón de Dios (cfr. Jon 3, 5ss). En el siglo VI la Iglesia adoptó la ceniza como signo de penitencia para aquellos que habiendo sido ya bautizados, volvieron a sus anteriores pecados y de nuevo pretendían ser reconciliados. El miércoles de ceniza venían a pedir perdón, se les imponía el sayal, la ceniza y la penitencia y durante la cuaresma la cumplían y eran reconciliados en la Pascua. Era lo que se llamaba la penitencia pública, la cual se recibía una sola vez. Posteriormente, cuando desapareció la penitencia pública y la confesión privada, auricular y reiterable era ya una costumbre, el Papa Urbano II en el concilio de Benevento en 1091 aplicó la imposición de la ceniza a todos los fieles.
 
En nuestro pueblo mexicano, desde el humilde hasta el profesionista, vienen el miércoles de ceniza a la Iglesia para recibir la ceniza. Desgraciadamente, cifran en el rito de la ceniza muchas esperanzas, como si ésta fuera un sacramento. En realidad la ceniza no es un sacramento, sino un sacramental. La ceniza no produce ninguna gracia, sólo dispone a ella si más tarde durante la Cuaresma, nos acercamos al sacramento de la reconciliación.
 
Ahora bien, si no es un sacramento y no produce la gracia, ¿para qué recibirla? ¿Cuál es su importancia y significado? Es importante en cuanto que es un primer paso entre otros varios que vamos a dar en la cuaresma como parte del proceso de conversión que queremos lograr. Por eso es importante conocer su significado.
 
Signo de destrucción o de muerte. La ceniza es lo que queda cuando algo ha sido quemado o destruido. La ceniza es símbolo de destrucción o de muerte. Es como una invitación a destruir lo que nos aparta o aleja de Dios.
 
Confesión pública de que somos pecadores y queremos la reconciliación. Como los antiguos penitentes reconocemos que somos pecadores y que queremos reconciliarnos con Dios y con la Iglesia a la que hemos herido con nuestros pecados.
 
Símbolo de nuestra nada. El polvo es anónimo y amorfo. Cuando reconocemos que somos polvo, lo entendemos en toda nuestra integridad. Nuestro espíritu sin amor a Dios y a nuestro prójimo no es más que polvo y ceniza.
 
Salario del pecado. Aceptamos la ceniza como salario o pago por nuestros pecados para que Dios nos dé la gracia de la vida eterna: “El salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús, señor nuestro” (Rm 6, 23).
 
Signo de humillación que prepara para la glorificación. A nadie le gusta que lo humillen o le echen tierra. Con la imposición de la ceniza nos humillamos ante Dios en su iglesia. El que se humilla será ensalzado, el que se ensalza será humillado (Mt 23, 12). Sin embargo, no queremos quedar humillados. Recibir la ceniza es querer participar de la glorificación de Cristo. Participar sólo de la recepción de la ceniza es quedarse en la humillación, es quedarse en el polvo y la ceniza. La recepción de la ceniza es el primer paso para llegar a la participación jubilosa de la Pascua del Señor, el Sábado Santo por la noche en la Vigilia Pascual.
 
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 
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