“Hagan esto en memoria mía”

FUNDAMENTO BÍBLICO DE LA CUARESMA
 
La cuaresma tiene su origen en el pueblo de Israel, en Cristo y en la Pascua. Los primeros cristianos experimentaban la presencia de Cristo resucitado en medio de ellos el primer día de la semana (cfr. Jn 20, 9.12). Esto dio lugar a lo que podríamos llamar “la Pascua semanal”, es decir el paso de Cristo, en medio de ellos, cada vez que cumplían su mandato: “Hagan esto en memoria mía” (1 Co 11, 23). Más tarde surge la necesidad de una celebración anual de la Pascua, la cual fue fijada por el Concilio de Nicea en año 325 para el primer domingo después del plenilunio de primavera. Teniendo como modelo los cuarenta días y cuarenta noches que Cristo pasó en el desierto (cfr. Mt 4, 2), una vez definida la fecha de la celebración se exigió un tiempo espiritual de preparación con el ayuno: primero dos días, luego una semana, tres, hasta llegar a cuarenta días sin contar los domingos.
 
Los cuarenta días de ayuno de nuestro Señor evocan la historia de Israel. Como Israel bajó a Egipto (cfr. Ex 1, 1-7), Jesús bajó también, llevado por José, al huir de Herodes (cfr. Mt 2, 13-15). Como el Faraón quería acabar con los niños israelitas (cfr. Ex 1, 8-22), así Herodes quería acabar con el pequeño Jesús (cfr. Mt 2, 3-8.16-18). Como el pueblo de Israel, después de pasar por el Mar Rojo, fue probado en el desierto (cfr. Ex 15, 22ss) y peregrinó en él durante cuarenta años (cfr. Nm 14, 33; 32, 13); así Jesús, después de pasar por el Río Jordán, fue tentado en el desierto por Satanás durante cuarenta días para definir su misión.
 
El pueblo de Israel en el desierto cayó en la murmuración (cfr. Ex 15, 24; 16, 2;); en cambio, Jesús, aunque fue tentado por Satanás, nos enseñó el camino de la confianza total en Dios. En el desierto: “Los israelitas comieron el maná por espacio de cuarenta años” (Ex 16, 35) y aprendieron que no sólo de pan vive el hombre, sino de lo que sale de la boca de Dios (cfr. Dt 8, 3). En el desierto, Jesús, la Palabra hecha carne (cfr. Jn 1, 14), en íntimo dialogo con Dios asumió la misión de ser el verdadero: “Pan vivo bajado del cielo para que quien lo coma no muera” (Jn 6, 51).
 
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 
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