1° de Mayo, San José Obrero

Hermanos todos, ante la celebración del día del trabajo, con el ejemplo de San José.
 
San José, Patrono de los trabajadores por su oficio; con su forma apreciable de cuidar su familia, con su laboral empeño para llevar adelante todos los cuidados de su familia, quien tuvo en su mente el bien mejor ella y libra del mal a su hijo adoptivo; sea él la inspiración para todos los que en el mundo del trabajo ponen su creatividad, esfuerzo y esperanza para que las cosas laborales y el bien de cada persona y familia esté completamente cubierto. Para San José, unido a Dios y su voluntad, el trabajo fue la buena oportunidad para llevar adelante a su familia: ¡Que en cada hogar así suceda hoy!
 
Leemos en la Doctrina de la Iglesia: “En el trabajo, la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades inscritas en su naturaleza. El valor primordial del trabajo pertenece al hombre mismo, que es su autor y su destinatario. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo (cf LE 6).Cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos, y para prestar servicio a la comunidad humana.” (C.I.C. No.2428) El trabajo, entonces: honra al Creador, honra los valores del Creador dados al ser humano; desarrolla a la persona y la ciudad.
 
Citando a Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica  “Ecclesia in America” No. 27; el Papa Francisco nos expresa: “Los Pastores, acogiendo los aportes de las distintas ciencias, tienen derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, ya que la tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser humano. Ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna, porque Él creó todas las cosas «para que las disfrutemos» (1 Tm 6,17), para que todos puedan disfrutarlas. De ahí que la conversión cristiana exija revisar «especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común»” (EG. No. 182)
 
El ser humano posee en sí mismo una dignidad y un valor como persona creada a la imagen y semejanza de su Creador, este mismo estatuto  caracterizado por la  libertad y capacidad transformadora, le permite, – y le exige para su realización plena–, ejercer  una actividad en la cual y por la cual sea capaz de satisfacer sus necesidades, pero no solo eso sino también contribuir en el progreso y perfeccionamiento del mundo, y todavía más, a través de esta actividad recrearse, disfrutar y avanzar en la propia perfección a través del goce del fruto de su trabajo.
 
Sin embargo, pareciera algo ingenuo en muchísimos casos hablar del trabajo como una actividad de la cual el ser humano disfruta, más aún cuando las condiciones laborales son a tal grado injustas que en lugar de proporcionar el medio de sustento digno y la realización humana a través de la identificación del fruto del trabajo y la justa remuneración viene a ser una actividad que denigra y esclaviza con muchos y muy variados matices al ser humano. Se convierte entonces el trabajo en un mal necesario para poder subsistir; ésta idea se refuerza cuando la persona no se identifica con el resultado de su esfuerzo y más aún cuando el poder adquisitivo que resulta de su trabajo es injusto y se encuentra por debajo de lo requerido para satisfacer las necesidades  de una vida digna. Este aspecto frena la realización en la vida familiar al crear un ambiente de constante tensión que exige dirigir permanentemente los esfuerzos y la atención a conseguir los medios dignos para vivir, o bien, creando condiciones propicias para la evasión de la realidad en sus muy variadas y nocivas formas.
 
En efecto, la vida familiar se ve afectada cuando el poder adquisitivo del salario no corresponde a las necesidades de la familia, lo cual exige en no pocos casos la inserción de la madre al mundo laboral no sólo como medio de realización personal al cual tiene derecho, sino como exigencia para contribuir al gasto en pos de una mayor calidad de vida. “Es necesario reafirmar -dijo el Pontífice- que el trabajo es una realidad esencial para la sociedad, para las familias y para los individuos .y que su principal valor es el bien de la persona humana, ya que la realiza como tal, con sus actitudes y sus capacidades intelectuales, creativas y manuales”. (S. S. Francisco, 20 de marzo 2014).
 
Que el mundo del trabajo logre las expectativas de vida digna de todo ser humano; que sea un trabajo digno por el respeto que se da a cada ser humano, a todo hombre del mundo del trabajo y el beneficio real a toda sociedad. El respeto y cuidado que se da a la naturaleza. Denunciamos la injusticia del trabajo esclavizante y mal remunerado que hay: condiciones insalubres y denigrantes; los niños y adolescentes utilizados; la mujer mal valorada en su persona y trabajo; esto y más pide de todos: respeto y responsabilidad; el Mundo laboral es digno cuando se dignifica a los implicados en la vida laboral y se logran las metas humanas más profundas.
 
A Santa María, Esposa que hizo fructificar el trabajo providente de San José, a Ella, Reina del Trabajo les encomiendo.
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