Homilía Peregrinación Diocesana

 

HOMILÍA DE LA PEREGRINACIÓN A LA VILLA DE GUADALUPE
DIOCESIS DE PAPANTLA
19 de mayo de 2015
 
Hermanos, con mucha alegría me dirijo a ustedes, en esta mi primera peregrinación como obispo de la Diócesis de Papantla, para decirles, a la luz de la Palabra de Dios, la importancia que tiene la Santísima Virgen María para cada uno de nosotros los bautizados en nuestra vida personal, pero sobre todo para nuestra misión evangelizadora.
 
La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar nos ubica perfectamente en esta semana entre la ascensión del Señor y la venida del Espíritu Santo. Jesús dijo a sus apóstoles: “Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra”. Esta es la misión evangelizadora de la Iglesia, la cual no tiene fronteras y no se puede llevar a cabo, conforme a la voluntad de Dios, sino con la ayuda del Espíritu Santo. Ahora bien, para la venida del Espíritu Santo los apóstoles perseveraban en la oración junto con algunas mujeres, entre ellas María la Madre de Jesús.
 
Así pues, para nuestra misión evangelizadora, en la diócesis de Papantla, necesitamos ponernos en oración para una nueva venida del Espíritu y, para que esto se dé, necesitamos la intercesión de la Santísima Virgen María. Si el nacimiento de la Iglesia estuvo precedido de la oración, y si nosotros queremos una nueva imagen de Parroquia, de diócesis y de presbiterio, necesitamos hacer oración pidiéndole al Espíritu Santo que, por intercesión de la Santísima Virgen María, nos asista.
 
Como recordarán además de mi lema oficial: “Es el Señor”, tengo uno vivencial: “Palabra de Dios, Eucaristía, devoción a María”. Pues bien es importante resaltar estos tres elementos para nuestra misión evangelizadora.
 
Palabra de Dios. En efecto no se puede hacer la misión evangelizadora, sin Palabra de Dios pues la Palabra de Dios es lo que hay que anunciar, más aún la Palabra de Dios viva que es Jesucristo nuestro Salvador. En este sentido dice san Pablo: “La fe viene de la predicación y la predicación consiste en anunciar la Palabra de Cristo” (cfr. Rm 10, 17). Incluso podemos decir que de la Palabra de Dios o del mismo Cristo brota todo. La Palabra de Dios debe ser como el alma de toda nuestra actividad pastoral. Nunca debe faltar la Palabra de Dios.
 
Eucaristía. La eucaristía debe ser el centro y el culmen de nuestra vida. Nuestra misión evangelizadora brota de la Eucaristía como de su fuente y tiende hacia ella como a su culmen. El hecho de salir a las periferias llevando la Palabra de Dios lleva necesariamente como cometido hacer comunidades de oración que van a buscar la Eucaristía como el mejor lugar de encuentro con Dios dentro de su Iglesia. Nunca nos debe faltar este alimento para el camino de la fe.
 
Devoción a María. Junto a la cruz de Jesús estuvo María. Junto a los Apóstoles, al nacer la Iglesia con la venida del Espíritu Santo, estuvo María. Junto a nosotros en nuestra misión evangelizadora, también debe estar María. Por tanto, hay que pedir su intercesión para que nos acompañe en esta nueva etapa de la Diócesis de Papantla para que el Señor nos conceda la gracia de un nuevo Pentecostés que nos libere de la fatiga y del desaliento y podamos revivir nuestro Plan de Renovación Pastoral a fin de que hagamos una Iglesia misionera. En efecto, la Santísima Virgen María es la estrella de la evangelización y la evangelización en nuestra Patria no se puede explicar sin María y sin las apariciones a San Juan Diego.
 
Precisamente, ella a través de San Juan Diego pidió un lugar para que la visitaran sus hijos. He ahí el motivo de tantas peregrinaciones, he ahí el motivo por el que estamos aquí: venimos a visitar a nuestra Madre del Cielo, la cual nos dejó una señal de sus apariciones en la bendita imagen que aquí se venera. Venimos a darle gracias por su intercesión y venimos a suplicarle que siempre esté atenta para pedir a su Hijo Jesucristo lo que a nosotros nos haga falta, especialmente para nuestra salvación.
 
Cómo no agradecerle a Dios, que nos ha dado a conocer a su Hijo Jesucristo que murió por nosotros y resucitó para nuestra justificación; cómo no agradecerle esta delicadeza de su amor al permitir que la Santísima Virgen nos visitara a todos y cada uno de nosotros en la persona de San Juan Diego; como no darle gracias porque nos permite hoy, como diócesis de Papantla, venir a postrarnos a los pies de la imagen bendiga de la Santísima Virgen María de Guadalupe para suplicarle su intercesión.
 
Como Diócesis de Papantla, en primer lugar le pedimos que interceda por nuestro presbiterio para que nos identifiquemos cada día más a Cristo el buen pastor que dio la vida por las ovejas y que nos integremos como familia sacerdotal, de manera que con su bendición y nuestra colaboración y participación seamos más humanos, más hermanos y más cristianos y que por nuestro testimonio pastoral y de vida, Dios suscite vocaciones sacerdotales religiosas y misioneras, sobre todo en este año de la vida consagrada.
 
Le pedimos también a Dios, por intercesión de la Santísima Virgen María, que bendiga nuestro Plan de Renovación Pastoral con el que nos proponemos establecer procesos de evangelización parroquial para que, del encuentro con Cristo, se llegue al encuentro entre nosotros y al testimonio de vida y testimonio misionero y logremos así la renovación de nuestras parroquias y de nuestra diócesis.
 
Parte muy importante de la familia y de nuestra sociedad son los jóvenes, los cuales atraviesan grandes peligros. Muchos de ellos se dejan engañar por ideologías posmodernistas y permisivas; otros caen en la garras de las drogas o del crimen organizado. Por tanto, como Iglesia, no los podemos dejar olvidados. Si los valoramos y los tenemos en cuenta, vamos a despertaran en ellos sus grandes ideales. Es necesario pues, que con nuestra pastoral, salgamos a su encuentro, para que ellos salgan a nuestro encuentro y juntos salgamos al encuentro de Cristo.
 
En fin, que por intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe, Dios nos bendiga a todos, especialmente a quienes hemos participado en esta peregrinación y nos conceda la gracia de regresar con bien a nuestras parroquias y comunidades. Siempre tengamos presente que: “Nada sin Palabra de Dios, nada sin Eucaristía y nada sin María. ¡Que así sea!
 
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 

 

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