Catequesis Dominical

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS
 
Queridos amigos, hemos llegado al final del camino pascual, y que mejor manera que terminar con la fiesta de Pentecostés. Hoy Ntro. Sr. Obispo ha recordado de manera oportuna la enseñanza y riqueza que trae consigo esta fiesta. 
 
La fiesta de pentecostés es igualada a la fiesta de las semanas, celebración en la que se terminaba la recolección de las cosechas. Esta conmemoración paso hacer la Festividad de la Alianza, del Don de la Ley. San Juan evangelista relata que “Cristo da el Espíritu Santo el mismo día de la Resurrección”. Por el contrario San Lucas enfatiza que no es así, sino que el “Espíritu” desciende sobre los apóstoles 50 días posteriormente. Recordemos que la promesa del Paráclito no es en San Lucas, sino en el A.T., donde Dios promete a sus hijos enviar al Consolador del pueblo de Israel. El encuentro de Dios Espíritu Santo con el pueblo tiene su máxima expresión en Jerusalén. (Hch. 2, 1-13)   
 
Pero ¿acaso el Espíritu de Dios solamente vino ese día, en que los Apóstoles junto con María estaban en oración en el Cenáculo? La verdad es otra. El Espíritu descendió muchas veces para poder manifestar con experiencia divina el amor del Padre. Pentecostés no es cosa del pasado, es también hoy Don para nosotros. La misma fiesta lleva en si el encuentro comunitario de la Divinidad con el hombre.  No solo es una fiesta ilusoria que emana enseñanzas ficticias, sino que se relaciona y da cumplimiento a la Ley y los profetas. Antepone elementos que fundamentan su razón de ser:
 
1) La referencia a las Doce Tribus de Israel, donde el doce es considerado como un numero perfecto, un todo. Jesús en el N.T., elige a los doce apóstoles para encerrar en un todo el nuevo pueblo de Dios que con la venida del Espíritu lo santifica. 
 
2) La Torre de Babel, es un encuentro con las razas de la tierra. Pero es donde el hombre quiere ser grande sin Dios. En el N.T. todos quieren ser grandes sin Dios: el intelectual, el maestro de la ley, todo su servicio se ha convertido en un estado de poder, de dominio y soberbia personal. La familia es eso, una pelea constante porque todos quieren ser grandes. Además conforta y abre la relación humana-divina sin fronteras. 
 
3) La Nueva Alianza, como en el Monte Sinaí dando las tablas de la ley, produciéndose un ruido intenso, viento fuerte, terremotos. Así en Pentecostés, aparece con lenguas como de fuego, viento. La similitud hace fundir ambos hechos dando a relucir el cumplimiento de la Ley.
 
4) Misión, conlleva al mensaje de Dios a todas las naciones. Comparándolo con Isaías profeta, que decide sumergirse en la aventura del Divino Señor, el Espíritu envía a anunciar el Evangelio a los apóstoles a todo criatura, bautizándolas en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, perdonando los pecados de los hombres. 
 
El Espíritu Santo continua, lleva al hombre al encuentro consigo mismo y con el Padre. Nos fortalece con sus donde y nos alimenta con su amor. Pidamos que sus rayos nos iluminen en nuestro caminar en la vida terrena. 
 
“VEN ESPÍRITU SANTO Y LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DE TU AMOR. ENVÍA SEÑOR TU ESPÍRITU Y TODO SERÁ CREADO Y SE RENOVARÁ A LA FAZ DE LA TIERRA”.
ASÍ, SEA. 
 
Por: Gustavo Landa Cárcamo
 
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