María en Pentecostés

María en Pentecostés
 
La obra y la acción de María no acaban en el Calvario. María es también Madre, alma y aliento de la Iglesia naciente.
 
La presencia de María en el Cenáculo es solidaridad activa con la comunidad de su Hijo. Ella es la que no mayor anhelo y fuerza implora la venida del Espíritu.
 
María era una mujer del espíritu. Su vida está jalonada de intervenciones del Espíritu Santo. Él fue quien la cubrió con su sombra y obró en ella la Eucaristía del Hijo de Dios. Él santificó a Juan Bautista en el seno de su madre Isabel, y maría e Isabel se llenaron de gozo en el Espíritu. El espíritu revelo al anciano Simeón la misión de su Hijo Jesús y profetizo a María la espada de dolor.
 
Por tanto, toda la vida de María se desarrolla en la fuerza del espíritu.
 
Al recibir una vez más María al Espíritu Santo en Pentecostés, recibe la fuerza para cumplir la misión que de ahora en adelante tiene en la historia de la salvación: María Madre de la Iglesia. Todo su amor y todos sus desvelos son ahora para los apóstoles y discípulos de su Hijo, para su Iglesia que es la continuación de la obra de Jesús.
 
Ella acompaña la difusión de la Palabra, goza con los avances del Reino, sigue sufriendo con los dolores de la persecución y las dificultades apostólicas.
 
María en el Cenáculo es la Reina de los apóstoles y los protegía; el Trono de Sabiduría que les enseñaba a orar y a implorar la venida del Espíritu, era la Causa de la alegría y el Consuelo de los afligidos, y por eso les animaba.
 
Pentecostés con la venida del Espíritu Santo sobre aquella comunidad cristiana congregada en el Cenáculo marca el comienzo de los hechos de los Apóstoles, el comienzo de la evangelización, de la difusión y propagación de la Iglesia.
 
Este crecimiento y expansión eran debidos a la fuerza del Espíritu, que habían recibido los apóstoles, pero María estaba allí presente con su oración y fe. Y lo mismo que participó en la formación de Cristo en Nazaret, participa ahora con su presencia orante en el nacimiento y expansión de la Iglesia y en su misión evangelizadora.
 
Por eso, podemos sacar un segundo rasgo de María, aquí en Pentecostés: María mujer evangelizadora desde el primer momento de la Iglesia.
 
Y todo esto comenzó en Pentecostés.
 
Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter