Catequesis Dominical Mons. José Trinidad

CARTA ENCÍCLICA “LAUDATO SI”
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      Queridos hermanos, es grato presentarles esta primera parte de la nueva encíclica del Papa Francisco. Un mundo nuevo es el que necesita la humanidad. Y es precisamente esto, a lo que nos invita el Santo Padre. La encíclica es social, esto indica que, la fe no es ajena a la sociedad, está inmersa en ella y se desenvuelve en ella. Los papas han dedicado tiempo para poder hablar de las problemáticas que afectan a la sociedad, a partir de 1891 con la encíclica “Rerum Novarum” de León XIII, hasta nuestros tiempos con San Juan Pablo II, y ahora con el Sumo Pontífice Francisco. 
 
      Esta encíclica es dirigida a la humanidad entera porque centra su tema que afecta a todos lo <<seres que vivimos en la Tierra>>. El nombre “Alabado Seas” (Laudato Se), lo toma de la oración de San Francisco de Asís. Donde toda la naturaleza habla de Dios, el misterio se hace tangible a través de la creación. Compuesta de seis capítulos, lleva en sí misma la preocupación por los más pobres, por aquellos que padecen las consecuencias de nuestros actos. Es al mismo tiempo una llamada a la “reflexión” por parte de los más ricos, los que gobiernan las empresas y son causa de tempestades que afectan directamente al “medio ambiente”.
 
      En el primer capítulo, resalta las problemáticas actuales. Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestra casa: agua, tierra, aire, animales, etc. Sobre la contaminación debemos hacer conciencia de esta problemática, pues afecta a las masas humanas; hace falta una cultura del reciclaje. Somos parte del descarte: quitar lo que no me sirve. Los cambios climáticos afectan a las naciones enteras, esto provoca desniveles de ecosistemas. Provocan migraciones de animales y de seres humanos. 
 
      El agua contaminada provoca la muerte de niños; otras más, enfermedades que incapacitan a la persona a llevar una vida estable. “El acceso al agua potable y pura debe ser un derecho básico”, de esto nadie puede ser exiliado. Al mismo tiempo, la pérdida de la biodiversidad, modifica de manera radical el ecosistema. Cada año desaparecen infinidad de plantas y animales. Esta decadencia de seres, ha provocado que en un futuro las especies sensitivas y vegetativas sean conocidas por imágenes, y no de manera real. “Las escrituras tienen su razón de ser en sí mismas”, estas deben ser respetadas, porque no nos pertenecen; el hombre no les da existencia. Ellos la tienen en sí mismas.
 
      El deterioro del medio ambiente y de la sociedad, afectan de forma principal a los más pobres del planeta. Donde ya no hay espacio para los pobres, olvidando sus derechos: “el grito de la tierra es el grito de los pobres”. “La solución no es la reducción de la natalidad, sino reduciendo el consumismo de las grandes potencias”. La sociedad, los medios y las grandes empresas, incitan a las personas a consumir lo innecesario, a malgastar los bienes naturales que la misma tierra nos otorga. Esto ha llevado tomar medidas urgentes y necesarias, para la conservación de las especies en peligro de extinción. 
 
      La luz de la fe, ofrece una ayuda motivadora para el cuidado de la creación: no es solo dominar la Tierra, sino también hay que trabajarla y cultivarla, así como custodiarla. Somos parte, y no dueños de la naturaleza. El mansaje de cada creatura es fundamental en la edificación de un mundo propiamente dicho. Todos estamos unidos por lazos invisibles, teniendo en cuenta que, somos creación del mismo Dios. Esto mismo debe ser centro de unidad natural y humana. Los frutos deben tener un destino común, que beneficie y sacie las necesidades básicas de cada persona.
 
      Esta es una primera parte que debe motivarnos al cuidado de la creación, de nuestra casa. De la cual nos alimentamos, pero también es nuestra casa, porque en ella habitamos. ¡Que este encíclica sea fuente de alegría y gozo! Llevemos nuestra tierra por caminos adecuados para su conservación, pero también para ser fuente de transformación de un mundo mejor, donde reine el amor ya la paz. 
 
Por: Gustavo Landa Caárcamo
Seminarista
 
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