El llamado a la conversión

La Crisis Ecológica es un Llamado Profundo a una conversión interior
Laudato Si´
 
Dios ha escrito un libro precioso, “cuyas letras son la multitud de criaturas presentes en el universo, y ninguna criatura queda fuera de esta manifestación de Dios. La contemplación de lo creado ha de permitirnos descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir, porque para el creyente contemplar lo creado es también escuchar un mensaje de Dios. Porque ninguna criatura se basta a sí misma, existen en dependencia unas de otras, para servirse y complementarse mutuamente. Sin embargo, la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes.
 
Así que un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios. Ahora bien, si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas. Y por nuestra causa miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán anunciar su mensaje.
 
Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso, cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios. Así que esta afirmación nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana, que no es solamente algo, sino alguien. Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios y cada uno de nosotros guarda en la memoria lugares cuyo recuerdo le hace mucho bien.
 
Debemos entender que no basta la búsqueda de la belleza en el diseño, porque más valioso todavía es el servicio; la calidad de vida de las personas, su adaptación al ambiente, el encuentro y la ayuda mutua.
La crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior. Ya que si los desiertos exteriores se están multiplicando  en el mundo es porque se han extendido los desiertos interiores. Cuando alguien no aprende a detenerse a percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso.
 
Por ello busquemos siempre que lo humano y lo divino se encuentren en el más pequeño detalle contenido en el vestido sin costuras de la creación de Dios hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta.  Así que pongámonos a trabajar en lograrlo.
 
Por: Psic. Gloria María De La G.
 
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