La Oveja Negra

La Oveja Negra
 
A algunos de nosotros nos tocó, durante la infancia y-o la adolescencia (o muy probablemente hasta el día de hoy), que nos identificaran como “la oveja negra” o el “dolor de cabeza” porque eso sí: “en la familia siempre hay uno…”, “pasa hasta en las mejores familias”. A otros más “afortunados” simplemente les tocaba sonreír o asentir cuando se enteraban de cualquier suceso protagónico de la oveja negra.
 
Existen otros casos en los que no se trata de un “título a perpetuidad” sino que las familias atraviesan por etapas en las que parece haber un “niño problema”, y qué decir de las parejas donde a veces se percibe que “hay un bueno y un malo de la historia”.
 
Tanto el otorgar a un familiar una etiqueta, como el instalarse en ese papel “para que hablen con provecho” puede ser un freno de crecimiento personal importante para ambas partes. Por un lado quien etiqueta se priva de mirar la realidad completa del otro, de su ser querido: todos tenemos una parte sombra pero también una parte de luz. Por otro lado, quien acepta esa etiqueta termina por creérsela y va por la vida con un disfraz creyendo que es su propia piel.
 
Si este modo de relacionarse persiste, puede cristalizarse convirtiéndose en un problema más serio y permanente.
 
La terapia familiar nos ayuda a identificar cómo es que los padres, los hermanos o todos juntos podemos apoyar en la convivencia diaria a alguien que pasa por un momento difícil de modo que todos los que conviven como familia puedan tener cubiertas sus necesidades psicológicas y emocionales, muy especialmente descubrir su propio estilo en el arte de amar y recibir el amor.
 
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