“Me pongo de Pie”

El “SISPA”, Un Auténtico Parteaguas
 
Amigo lector, quiero comenzar este ensayo recordándoles   una de las famosas  frases de  la extraordinaria poetiza mexicana  “Pita Amor” (undécima musa) quien,  antes de pronunciar el nombre de alguna autentica celebridad,  siempre decía: “Me pongo de Pie”. Efectivamente, “me pongo de pie” para escribir y pronunciar el nombre de Alfonso María Sánchez Tinoco, III Obispo de Papántla.   Hombre visionario de profunda espiritualidad y fuertes cimientos teológicos. Él, impregnado del espíritu conciliar concibe y  da forma a la idea de construir un seminario netamente post conciliar, que navegara en la formación de los nuevos  sacerdotes teniendo como base el  decreto  “Optatam Totius” (sobre la formación sacerdotal) y  que proporcionara a las diferentes Diócesis, sacerdotes con capacidad para ejercer su ministerio en las “renovadas circunstancias de los tiempos”. Esta misión de suma trascendencia, no la realizó en solitario sino en conjunto con diócesis afines. Es así como  Mons. Quintero (Cd. Valles), Mons. Carrasco (Huejutla), Mons. Corripio (Tampico), Mons. Arroyo (Tuxpan) y Mons. Sánchez (Papántla), le dan vida al “SISPA” (Seminario Interdiocesano de San Pablo Apóstol) verdadero parteaguas en la nueva formación sacerdotal.   
 
Para un proyecto de esta magnitud, las nuevas instalaciones del flamante Seminario de Chignaulingo fueron ofrecidas generosamente por nuestro obispo, convirtiéndose Teziutlán en sede del primer seminario post-conciliar de nuestro país. 
 
Cabe mencionar  amigo lector que,  con antelación y, a  decir de los padres mayores, Mons. Sánchez Tinoco había luchado incansablemente  en la creación de la “UMAE” (“Unión de Mutua Ayuda Episcopal”) que tenia como objetivo el caminar juntos y de la mano en proyectos pastorales,  sobre todo en “Diócesis chicas”  cuyas  capacidades  y potencialidades   no eran  equiparables  a las grandes Diócesis y  Archidiócesis. Es precisamente el “SISPA”, un fruto tangible de esa mutua ayuda episcopal donde cinco diócesis enclavadas en las cercanías del Golfo de México unieron sus esfuerzos para crear   un nuevo seminario acorde al pensamiento del Concilio Vaticano II.  
 
1965 marca el inicio de este esperanzador proyecto. Una treintena de alumnos procedentes de las cinco diócesis, mencionadas mas arriba, son inscritos para primero de filosofía. El cuerpo de maestros y formadores los constituyeron, en primera instancia, el P. Neftalí Sánchez Tinoco, Rector (Diócesis de Papantla), el P. Víctor Rodolfo Carranza Prefecto de estudios (Diócesis de Tampico), el P. Pablo Salazar Favila Prefecto de disciplina (Diócesis de Papantla), el P. Ildefonso Madrigal Padre espiritual (Diócesis de Huejutla), P. José Coria Tapia Coordinador de filosofía (Diócesis de Huejutla). Posteriormente se unieron a este grupo formativo, sacerdotes procedentes de las cinco Diócesis y expertos en Seminarios tales como los padres, Buenaventura (no recuerdo su apellido), Antonio Ramírez, Lorenzo Cárdenas Aregullín, Crisógono Soní, Francisco Talavera, Pablo Pérez Cuervo, Guadalupe Hurtado, Mario Rojas, Antonio Alférez, Alejandro Nuñez, Rubén Guerrero y los franciscanos Fr. Sergio Hernandez, Fr. Cornelio Moya y algunos otros que escapan a mi memoria. 
 
Por lo demás, al escribir estas líneas viene a mi memoria inevitablemente uno de los cuartetos del himno al Seminario que escribiera el Padre Juan Nuñez Fuentes con motivo de las Bodas de Plata del Seminario Diocesano de la Inmaculada pero que bien podrían aplicarse al   nacimiento del seminario Interdiocesano: “No fue tuyo el nacer en palacios, donde fuera seguro el vivir. Quiso Dios estrecheces de cuna y carencias de todo al surgir”. Este cuarteto evidencia las carencias y penurias del “SISPA” que iniciara sus actividades en uno de los salones del seminario viejo ubicado en Juárez 77 antes de trasladarse al barrio de Chignaulingo. 
 
Años después, en 1968 para ser precisos, con la presencia del Delegado Apostólico en México Guido Del Mestri, se inaugura el edificio chico del Teologado con capacidad de veinte habitaciones y que sería de gran aporte en la formación de los alumnos de teología (continuará…). 
 
Por: Pbro. Arturo Jiménez Gasca
 
 
 
 
 
 
 
 
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