Circular 11/15

Circular 11/15
Para disponernos a vivir el jubileo de la misericordia
 
A todos los sacerdotes, religiosas y pueblo de Dios.
 
Damos gracias a Dios porque, por medio del Papa Francisco, estamos viviendo el año de la vida consagrada, que vamos a terminar el 2 de febrero de 2016, y ya nos ha convocado a vivir el año de la misericordia, del 8 de diciembre de este año, al 20 de noviembre del año 2016.
 
En nuestra diócesis abriremos solemnemente el año de la misericordia el 14 de diciembre con todos los sacerdotes y al menos 10 representantes laicos de cada una de las parroquias. Para ello nos reuniremos en el atrio de Catedral para una hora de confesiones de 10 a 11 de la mañana y luego ingresaremos por la puesta santa a Catedral para la celebración de la Eucaristía y al final de ella tendremos una convivencia en el atrio de la Catedral.
 
Atendiendo a las indicaciones del Papa Francisco, sobre la importancia de la peregrinación, los sacerdotes de los distintos decanatos organizarán, en el tiempo que juzguen oportuno, una peregrinación a la Iglesia Catedral para pasar por la puerta santa con sus feligreses: “Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros” (MV No. 14).
 
Además, durante el año de la misericordia, todos los feligreses podrán de manera privada hacer su propia peregrinación a la Catedral. La puerta santa siempre estará abierta para que puedan cruzar y encontrarse con el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza: La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación (cfr. MV No. 14).
 
Dice el Papa Francisco que misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad, así como el acto por el cual Dios viene a nuestro encuentro. Nosotros somos pecadores; pero Dios, que es amor, y que nos ha creado, no nos abandona. Ciertamente Dios no quiere nuestros pecados, pero nos ama y su misericordia siempre será más grande que cualquier pecado (MV No. 3). Por nuestros pecados nosotros estamos en una condición de miseria, Dios por el gran amor que nos tiene se conmueve en su corazón y, no sólo se inclina hacia nosotros, sino que envió a su Hijo para que extendiendo sus brazos en la cruz nos abrazara con tanto amor que, al dejarnos amar por él, abrazara o quemara en su cruz todas nuestras miserias. Por eso dice el Papa Francisco que: “La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo” (cfr. MV No. 6).
 
¡Así nos ama el Señor: se conmueve en lo más profundo de su corazón! El año de la misericordia debe ser un tiempo favorable para el encuentro con Dios. Para ello debemos abrir nuestro corazón para que sea tocado por Dios y nuestro corazón se conmueva, no por nuestros pecados, sino por experimentar la misericordia de Dios que toca nuestros corazones.
 
La misericordia de Dios siempre es indulgente con nosotros que somos pecadores. La doctrina de la Iglesia enseña que cuando un pecador es perdonado de sus pecados queda libre de la culpa, pero le queda por reparar la pena temporal debida a los pecados ya perdonados. La indulgencia es la remisión de la pena temporal que un fiel, consigue, parcial o plenaria, por sí mismo o en sufragio por un difunto, por mediación de la Iglesia, la cual distribuye y aplica el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos sobre los fieles bien dispuestos que cumplen determinadas condiciones. En primer lugar estar bautizado, no excomulgado y hallarse en estado de gracia; para ello, es necesaria la confesión sacramental, comunión eucarística y rezar por las intenciones del Papa (el Credo, Padrenuestro y Avemaría). Parece fácil ganarse las indulgencias, pero uno de los requisitos es excluir de nosotros todo afecto al pecado, incluso venial, y esto ya no es tan fácil. Sin embargo, hay que intentarlo no por nuestras propias fuerzas, sino con la ayuda de Dios. Con la indulgencia Dios alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, y lo habilita para obrar con caridad y a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado (cfr. MV No. 22).
 
Las indulgencias plenarias, según la enseñanza de la Iglesia, se pueden ganar de muchas maneras, por ejemplo: con media hora de adoración al Santísimo Sacramento; rezando el rosario en una iglesia, en un oratorio o en familia; con media hora de lectura espiritual de la Sagrada Escritura; con el ejercicio del vía crucis o meditando la pasión y muerte del Señor o en unos ejercicios espirituales al menos de tres días, etc. Ahora bien, no basta hacer lo antes indicado, es necesario tener la intención de ganar la indulgencia. En definitiva se trata de tener la intención de tener un encuentro con el Dios misericordioso e indulgente para que nos envuelva con su misericordia.
 
Durante el año de la misericordia, todos los sacerdotes podrán absolver el pecado de aborto. Cuando una persona procura el aborto con todo conocimiento de que hay una pena de excomunión, cuenta con más de 16 años de edad y también libertad y, a pesar de ello, el aborto se consuma, cae en la pena de excomunión. La absolución de esta pena está reservada a los obispos, los cuales, a su vez, delegan a sacerdotes en determinados lugares o fechas especiales para que puedan absolverlo. Por gracia del Papa Francisco, durante el año de la misericordia, todos los sacerdotes podrán absolverlo.
 
Lo anterior no significa que el pecado de aborto procurado deje de ser grave, sino que el reconocimiento de él, así como la confesión sacramental, son signos de volverse a Dios y comprometerse en favor de la vida, ya sea de la propia, de sus seres queridos o de todo ser humano, sobre todo de aquellos que necesitan de nuestra caridad para vivir. Vivir en favor de la vida tiene muchas expresiones, una de ellas es ayudar a los niños pobres, sin techo, sin padres o sin educación. Si Dios ha sido misericordioso con nosotros, consecuencia de ello es que nosotros también seamos misericordiosos.
 
La familia es el lugar donde la misericordia se hace vida y la vida crece en la misericordia. La familia es santuario de la vida y escuela de los valores humanos y cristianos. El Hijo de Dios no se hizo hombre en abstracto, sino que nació en una familia y así dignificó esta célula básica de la Iglesia y de la sociedad. Como María y José, las familias están llamadas a vivir su vocación en la fidelidad a Dios. La familia es santuario de vida y de amor. La familia es una bendición, un don, una tarea y una misión. Sin embargo, cumplir esta noble tarea tiene también su cruz, tiene también su dolor. Como María sufrió, junto con su Hijo Jesús, el dolor de la pasión y la crucifixión, de la misma manera, para hacer la voluntad de Dios en la familia, se debe asumir la cruz del seguimiento de Cristo. Teniendo en cuenta la importancia de la familia, la Iglesia de Papantla, quiere que este año de la misericordia al mismo tiempo sea un año de bendiciones para la familia.
 
Durante el año de la misericordia cada parroquia deberá organizar sus propias actividades para que nadie quede privado de las bendiciones de este tiempo de gracia, sino que todos vivan este año en actitud de salida al encuentro de la misericordia. Dios es misericordioso y ha venido a nuestro encuentro en Cristo que se hizo hombre por nosotros. Cristo es la misericordia de Dios en persona, el cual con su sangre derramada en la Cruz nos ha bañado de misericordia y nos pide ser misericordiosos.
 
Por lo anterior, como Iglesia de Papantla, queremos vivir, en salida, al encuentro de Dios y al encuentro de nuestros hermanos. Para salir al encuentro de Dios, tenemos su Palabra y los sacramentos; para salir al encuentro de nuestros hermanos, tenemos las obras de misericordia. Por tanto es conveniente que en este año, a nivel diócesis, a nivel de decanato, a nivel de parroquia, a nivel de grupos o a nivel personal busquemos aquellos hermanos necesitados de nosotros en los que vamos a practicar dichas obras.
 
El Papa Francisco nos ha recordado que unas obras de misericordia son corporales y otras espirituales. Las corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos; las espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. El Papa Francisco dice que: “Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que se encuentra en el camino de la vida” (MV No. 2). Así pues, en este año de la misericordia, salgamos al encuentro de nuestros hermanos.
 
Dado en Teziutlán, Puebla, sede episcopal, el día VEINTIUNO de NOVIEMBRE del año DOS MIL QUINCE.
 
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 
Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter