Mensaje Navideño de los Obispos de Veracruz

Mensaje de los Obispos de Veracruz
Provincia Eclesiástica de Xalapa
 
Un Año de misericordia, de paz y de esperanza.
 
Reciban hermanos un fraternal saludo de los obispos de las ocho diócesis que constituyen la Provincia
Eclesiástica de Xalapa con ocasión de la próximas Fiestas del Nacimiento de Jesucristo, nuestro Salvador y
Señor y del Año Nuevo 2016, enmarcadas por el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.
 
1. Nos encontramos ya viviendo tiempos especiales de gracia: el tiempo litúrgico del Adviento, las
solemnidades marianas de la Inmaculada Concepción y de Nuestra Señora de Guadalupe. Con la apertura de
la “Puerta Santa” en todas las Catedrales del mundo, se nos invita a celebrar un Jubileo Extraordinario: “el Año
Santo de la Misericordia”, como tiempo propicio para hacer más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.
Este Jubileo ha comenzado el 8 de diciembre de 2015 y será clausurado el 20 de noviembre de 2016.
 
2. En este Adviento la llamada del Señor resuena con una urgencia e intensidad más profundas,
invitándonos a confiar, esperar y convertirnos a la entrañable misericordia del Señor Dios, que está por
visitarnos como “sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para
guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc. 1,78s.). Dios Padre toca el corazón de cada creyente, de
cada familia y comunidad, para que le abramos y lo dejemos entrar. Si le abrimos y lo recibimos en la fe,
podremos celebrar la Navidad envueltos en el amor de su divino Hijo Jesucristo, hecho hombre y nacido de
Santa María Virgen.
 
3. Por otra parte, las experiencias de fe, conversión, perdón y gozo, que promoveremos en nuestras
comunidades en este Jubileo de la Misericordia, tendrán muchos caminos y manifestaciones. A través de las
catequesis y encuentros de oración con la Palabra de Dios, se nos reiterará a cada cristiano el primer anuncio o
kerigma, mediante el cual todos sin excepción debemos sentirnos profundamente amados y llamados a la
amistad de Dios, Uno y Trino, rico en misericordia. “En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el
primer anuncio: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para
iluminarte, para fortalecerte, para liberarte».
 
4. El Año de la Misericordia nos ofrecerá otros modos concretos de participación, aprovechando la gracia
que se nos ofrece en los Sacramentos, particularmente en el de la Penitencia, enriquecida con el don de las
Indulgencias, cuya fuerza brota del misterio pascual de Cristo, perpetuado en cada Eucaristía. Vivamos esta
experiencia en nuestra propia parroquia o en los templos designados en nuestras diócesis como metas de
peregrinación. Nos enseña el Papa Francisco: “Sabemos que estamos llamados a la perfección (cfr Mt 5,48),
pero sentimos fuerte el peso del pecado. … La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se
transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo
libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor, más
bien que a recaer en el pecado.” 
 
5. Los invitamos de modo especial a atravesar con fervor y corazón dispuesto la “Puerta Santa” de
nuestras catedrales: son signos de Jesucristo, la “Puerta de las ovejas” (Jn. 10,7-9), que nos posibilita entrar y
salir con seguridad y libertad para conseguir el alimento verdadero, que sustenta y da sentido a nuestras vidas.
Que este año nos haga madurar como hombres y mujeres libres, santos e irreprochables por el amor de Aquel
que dio su vida por nosotros.
 
6. Con el don del perdón y la indulgencia, Dios nos abraza y nos compromete a ser testigos vivientes de
la misericordia del Padre, reflejada en nosotros por la práctica de las obras de misericordia materiales y
espirituales que el Papa Francisco nos invita a “redescubrir”. 3 Aquí se abre una muy amplia gama de acciones
concretas de caridad, espacios para posibilitar procesos de arrepentimiento, perdón y reconciliación; cambios
de actitud en la manera como nos relacionamos con el prójimo, especialmente con los más desfavorecidos o
excluidos. Que cada familia y cada comunidad sea un santuario de vida y amor, que descubra gestos y
emprenda obras concretas donde pueda ofrecerse a los más excluidos una caricia de amor desinteresado y
gratuito, para que los hombres “viendo sus buenas obras, glorifiquen al Padre que está en los cielos” (Mt. 5,16).
 
7. En el alma de cada bautizado resuena el mandato y llamado permanente a ser “misericordiosos como
el Padre” (Lucas 6,36), lema jubilar que nos irá acompañando. Desde nuestra pequeñez y nuestro pecado,
parecería algo inalcanzable, pero confiando en quien nos lo ha pedido, y en virtud del Espíritu Santo que él
mismo nos ha compartido, se trata de un ideal que se ha hecho realidad en la vida de tantos santos, testigos
de la filiación divina y de la misericordia y la ternura de Dios.
 
8. El Año de la Misericordia no significa en modo alguno eludir o evadirnos de nuestra realidad en la que
se alternan y conviven esperanzas y angustias, gozos y tristezas. Nuestras comunidades aún cuentan con el
bono de la solidaridad y la unidad familiar, de nuestras tradiciones que preservan valores, la libertad y la
convivencia social; pero también nos movemos entre calles, barrios y poblados marcados por episodios y
víctimas de violencia, engaño, injusticia, inseguridad y tantos otros signos que nos hablan de una cultura de
relativismo, de pecado y de muerte. Algunas familias atraviesan por momentos de dolor, impotencia o
angustia, incompletas por la ausencia de un miembro del hogar, sea por la migración, la delincuencia, o la
desaparición de un ser querido. A esto se suma la confusión, incertidumbre y decepción por una realidad de
marginación, muchas veces fruto de la ineficacia, de la corrupción o la falta de transparencia en la
administración y rendición de las cuentas públicas.
 
9. El Jubileo de la Misericordia implica pues una llamada a ser agentes de sanación y construcción de una
realidad que regrese a todos, su dignidad humana vulnerada, a través de la verdad y la justicia restaurativa.
Por ello Santo Padre Francisco, en sintonía con el Evangelio, quiere que la invitación a la conversión llegue con
mayor insistencia a los que hacen el mal a través de la violencia y el crimen, y a quienes generan o propician la
corrupción, ocasionando tanto dolor y marginación en nuestro mundo. Para todos ellos, el cambio de actitudes
es una exigencia y una esperanza con la que podrían darle un giro a sus vidas.
 
10. Así: “La palabra del perdón – dice el Papa Francisco – pueda llegar a todos y la llamada a experimentar
la misericordia no deje a ninguno indiferente. Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a
aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. Pienso en
modo particular a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por
vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado
nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y
que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es sólo una ilusión.”
 
11. “La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción. Esta
llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos
la vida personal y social. La corrupción impide mirar el futuro con esperanza porque con su prepotencia y
avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un mal que se anida en gestos
cotidianos para expandirse luego en escándalos públicos. La corrupción es una obstinación en el pecado, que
pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Es una obra de las tinieblas, sostenida
por la sospecha y la intriga. …. Para erradicarla de la vida personal y social son necesarias prudencia,
vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate abiertamente, tarde o
temprano busca cómplices y destruye la existencia.” (MV. – Rostro de la Misericordia, 19).
 
12. Ninguno de nosotros está inmune de pecado, por lo que todos necesitamos ser honestos con nosotros
mismos, renovar nuestra fe en Cristo y confiar en el poder transformador que nos libera del mal. A la luz del
Evangelio, asumamos nuestras responsabilidades, con el diálogo franco, coherente y respetuoso, unamos
nuestras buenas voluntades para combatir el mal a fuerza del bien; respondamos con las armas del amor y
del perdón, con las de la solidaridad y del compromiso. Abramos nuestra mente y nuestra mirada para ser
sujetos de la reconstrucción del tejido social. Busquemos espacios de reflexión para analizar la raíz de los
males que nos rodean e iluminarlos con la luz del Evangelio. La puerta del perdón y la misericordia sin límites
3
abierta para todos, será un constante recordatorio para la respuesta de cada creyente y nos llenará – a lo largo
del año – de fortaleza y de una esperanza activa.
 
13. Aunque pudiéramos encontrar muchas razones para no creer o desalentarnos, les invitamos a levantar
la mirada y contemplar a nuestro Mesías que viene a salvarnos, a darle sentido y alegría a nuestra vida de
cada día. Como proclama el Profeta Isaías: “Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes.
Digan a los de corazón apocado: ¡Ánimo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para
salvarlos” . (Isaías 35,3s).
 
14. A este Mesías que contemplaremos humilde y vulnerable en el portal de Belén: al Santo Niño Jesús, en
los brazos de María y custodiado por José, también lo contemplaremos glorioso para completar la obra de su
Padre Dios, introduciéndonos en los cielos nuevos y la tierra nueva que todos anhelamos. Que en esta
Navidad, nuestra fe, concurra con nuestra caridad y se proyecte en la esperanza hacia la meta de la vida
eterna.
 
15. Oremos para que la próxima Visita Apostólica del Santo Padre Francisco a nuestra patria, encuentre en
cada mexicano una tierra fértil para escuchar la Palabra de Jesús y un corazón dispuesto y misericordioso para
ponerla en práctica.
 
16. Finalmente, queridos Hermanos, hagamos nuestras las exhortaciones que hoy, 3º Domingo de
Adviento, nos dirige el Apóstol San Pablo: “Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡Alégrense! Que la
benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien
presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de
Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” (Flp.4,4-7).
 
17. ¡TENGAN UN FERVOROSO ADVIENTO, UNA FELIZ NAVIDAD Y UN MISERICORDIOSO AÑO NUEVO!
 
Que la Sagrada Familia de Belén, Egipto y Nazaret: Jesús, José y María, los acompañe siempre.
Santa María de Guadalupe, salva nuestra patria y conserva nuestra fe,
alienta nuestra esperanza y estrecha nuestra caridad.
 
13 de Diciembre de 2015, Tercer Domingo de Adviento
Jubileo Extraordinario de la Misericordia
 
 
Sus hermanos obispos:
 
+ Hipólito Reyes Larios, Arzobispo de Xalapa. 
+ Sergio Obeso Rivera, Arzobispo Emérito de Xalapa.
+ Rutilo Muñoz Zamora, Obispo de Coatzacoalcos. 
+ Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, Obispo deVeracruz.
+ Eduardo Porfirio Patiño Leal, Obispo de Córdoba. 
+ Juan Navarro Castellanos, Obispo de Tuxpan.
+ José Trinidad Zapata Ortiz, Obispo de Papantla. 
+ Lorenzo Cárdenas Aregullín, Obispo Emérito dePapantla.
+ Eduardo Cervantes Merino, Obispo de Orizaba. 
+ Fidencio López Plaza, Obispo de San AndrésTuxtla.
+ Rafael Palma Capetillo, Obispo Auxiliar de Yucatán.
 

 

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