Mensaje de Navidad

MENSAJE DE NAVIDAD
24 de diciembre 2015
 
“Reconoce oh cristiano tu dignidad” (San león Magno).
 
Celebremos con fe, esperanza y caridad la Fiesta de la Navidad, es decir, el nacimiento del Hijo de Dios en nuestra condición mortal; cosa apenas impensable para nosotros, pero que ya estaba en el designio de Dios y no sólo eso, sino que naciera para morir por nosotros y resucitara para nuestra justificación (cfr. Rm 4, 25).
 
Por un lado, la Navidad también es una fiesta de vida porque el Hijo de Dios se hizo don para el mundo y su nacimiento nos recuerda que todo hijo concebido es un regalo de Dios; pero también nos duele que la vida no se valora como tal, sea por las guerras, como ahora en Oriente; sea por el crimen organizado, del que no podemos librarnos en México; sea por el maltrato a los niños o el aborto procurado.
 
La Navidad es una fiesta de alegría familiar porque el Hijo de Dios se hizo hombre en una familia, por esto la familia se reúne a celebrar la vida y la alegría familiar; pero, para los que tienen problemas familiares, de cualquier tipo que sean, se vuelve una fiesta triste, melancólica o nostálgica por la situación que están viviendo. Para ellos, la sagrada familia es su consuelo porque Jesús, para venir al mundo, sufrió pobrezas, migración y nació en un pesebre.
 
La Navidad también es fiesta de la luz porque nace aquel que es la luz de los hombres y el que lo sigue no camina en tinieblas, sino que tiene la luz de la vida; sin embargo, el mundo sigue envuelto en sombras de muerte y de pecado. No obstante, si el Hijo de Dios se hizo uno como nosotros, aunque heridos por el pecado, tenemos un gran valor y una gran dignidad a los ojos de Dios y, por lo mismo estamos llamados a vivir como hijos de la luz.
 
La Navidad también es un alto en el trabajo, un tiempo de vacaciones, un tiempo de disfrutar los éxitos o logros del año que termina; pero desafortunadamente no todos tienen trabajo o no todos gozan de vacaciones o no reciben sus aguinaldos o sus pensiones como los jubilados de Veracruz, que el día de ayer fueron reprimidos por la fuerza en la capital del Estado; otros carecen de salud física, psicológica o espiritual, o están impedido o en la cárcel privados de su libertad. Que Dios, en medio de sus tribulaciones, sea su consuelo y su esperanza en esta Navidad.
 
Dios, por su misericordia, no nos abandona en nuestras tinieblas, sino que nos manifiesta su amor en su Hijo que quiere nacer en nuestro corazón y desde ahí irradiarse hacia los demás. En Cristo, Dios, nos invita a vivir en favor del amor, de la vida, de la paz y de la luz, es decir a vivir como hijos suyos: “Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Jn 1. 10-11). ¡Feliz Navidad y Santo Año Nuevo 2016!
 
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 
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