EL MIÉRCOLES DE CENIZA

EL MIÉRCOLES DE CENIZA

10 de febrero de 2016

“Arrepiéntete y cree en el evangelio” (Mc 1, 15).

Con el miércoles de ceniza iniciamos la cuaresma. En el camino espiritual de la cuaresma, la imposición de la ceniza, es el primero de varios pasos que se deben de dar para llegar a la fiesta de la Pascua, a la fiesta de la resurrección. En efecto, la cuaresma y la Pascua son el principio y el fin de la cuaresma. La cuaresma comienza con un rito de humillación, es decir con la imposición de la ceniza, y termina con un rito de glorificación, es decir la vigilia pascual con la que se celebra la resurrección de Cristo. Por lo anterior para entender el significado de la ceniza haya que tener en cuenta estos dos polos: el miércoles de ceniza y la Pascua de resurrección.

La ceniza es polvo que no vale nada y nosotros somos polvo. La ceniza nos habla de nuestra nada. Polvo soy y ceniza, dice Abraham a Dios para moverlo a compasión respecto a la generación pecadora (cfr. Gn 18, 27). No obstante que el polvo no vale nada, con la encarnación, el Hijo de Dios se revistió de polvo y ceniza. Ahora bien, con su resurrección y ascensión a los cielos llevó nuestro polvo y ceniza a la gloria del cielo. Por esta razón, la participación de los pecadores en la imposición de la ceniza es el primer paso, durante la cuaresma, para aquellos que quieren llegar a la participación sacramental de la Pascua.

A nadie le gusta que lo humillen; sin embargo, con la recepción de la ceniza, voluntariamente nos humillamos delante Dios en su Iglesia. Reconocemos que somos polvo y ceniza, que somos pecadores y tenemos en cuenta la palabra de Dios que dice: “El que se humilla será ensalzado, el que se ensalza será humillado” (Mt 23, 12). Sin embargo, no queremos quedarnos en la humillación. Recibir la ceniza es querer participar de la glorificación de Cristo. Precisamente el Misterio Pascual de Cristo, es decir, el paso del Hijo de Dios por nuestra tierra, comienza con la humillación, es decir, con la encarnación. Pero este paso no se queda en la encarnación, sino que termina en la glorificación, es decir, en la resurrección y ascensión del Señor. Este Misterio Pascual se significa y se realiza en la liturgia cuaresmal, ya que ésta se inicia con un rito de humillación, la ceniza, y termina con un rito de glorificación, la resurrección del Señor.

Así pues, recibir la ceniza tiene que tener estos dos polos: humillación y glorificación. Participar sólo de la recepción de la ceniza es quedarse en la humillación, es quedarse en el polvo y la ceniza. La recepción de la ceniza es el primer paso para llegar a la participación jubilosa de la Pascua del Señor. Nos humillamos el miércoles de ceniza para que Dios nos glorifique en la celebración de la Pascua. ¡Que Dios les bendiga!

 

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz

VIII Obispo de Papantla

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