El amor en la pareja

 
Por qué el Amor de Pareja es Exclusivo.
  
La castidad matrimonial es un don y una tarea. Tiene que ver con volver a escoger cada día. Es la opción de toda la vida. Opto por algo cada día y renuncio al resto de las opciones cada día.
 
Elijo a la persona a la que quiero, la vuelvo a elegir. Es la única en mi vida. Y me entrego en cuerpo y alma de forma exclusiva. Con todo lo que soy.
 
Por eso podemos decirle a nuestro cónyuge: “Entre todas las posibilidades del mundo, te elijo a ti. Sólo a ti. No te elegí en un momento de nuestra vida cuando nos encontramos, sino que te elijo cada día. Sólo a ti. Te vuelvo a elegir”.
 
Una mujer le decía a su marido que ella pensaba que cuando Dios la creó, escribió una carta para ella en su alma de hombre. Dios pronunciaba palabras de amor en el corazón de él. Cuando se encontraron, ella pudo leer en su marido esa carta de Dios guardada allí desde siempre.
 
Ella lee en él las palabras que Dios le dirige. Si no se hubieran encontrado, no hubiera podido saber cuánto la amaba Dios. A través de él descubrió la voz de Dios de una forma especial y personal. 
 
No podría haber sido a través de otro. También una vez leí algo parecido: “Hay algo de mí en ti que mueve todo el universo”. En el otro me encuentro conmigo mismo, con mi verdad, con el amor que Dios me tiene, con mi camino de plenitud.
 
La castidad en el matrimonio está unida a la pertenencia. Es un sello. Nos pertenecemos mutuamente y juntos a Dios. Pero siempre juntos. 
 
¿Hace cuánto que no le digo, o le escribo a mi cónyuge que es el único, que con él la vida es diferente, que me ha cambiado la vida, que me encanta como es, que una y mil veces le volvería a elegir, que le quiero para siempre?
 
La castidad es un fuego interior y se manifiesta en el exterior. Un fuego que se puede apagar si no se cuida. Por eso es importante el pudor externo ante personas que no son mi cónyuge.
 
En la forma de mirar, de estar, de relacionarme con otros. Creo que es sano cultivar lo exclusivo con mi cónyuge. Significa tener entre nosotros complicidad, intimidad, algo sagrado que nos hace únicos.
 
No desparramarnos en el resto, en el mundo. En los amigos, en la vida, ni siquiera en los hijos. Somos el uno para el otro. Nos pertenecemos.
 
La castidad nos habla de un amor profundo por mi cónyuge. El día de nuestra boda se lo dijimos: “Sólo por ti. Sólo tú”.
 
Pero creo que la castidad implica esforzarnos por vivir esto cada día, en cada momento y luchar para que el otro lo sienta siempre, nunca lo olvide. Que se sienta seguro a mi lado.
 
La castidad no es un “no” a ciertas cosas. Es más bien un “sí” hondo y sencillo al otro, a su amor, a una vida compartida, a una intimidad sagrada.
 
Mi camino de santidad es con el otro. Vamos juntos hacia el cielo. Me importa su vida, a él le importa la mía. Ama todo de mí y yo todo de él. 
 
Tiene que ver con la exclusividad y la pertenencia. Con la pasión. Con el amor hacia el otro de forma integral. Con todo mi cuerpo y con toda mi alma. En las palabras y en los hechos. En los gestos y en las miradas. 
 
Me guardo para darme a él. Sólo a él. Sólo a ella. Hay una canción que expresa esto de forma sencilla: “Todo de mí ama todo de ti”. Es un amor que todo lo abarca. Un amor completo que no deja nada fuera.