“Se acerca la hora de su liberación”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Se acerca la hora de su liberación”

LECTIO ¿QUÉ DICE DIOS?

Texto (Lc 21, 25-28. 34-36):
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.
Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre.

Notas:
1. El evangelio habla de la venida del Hijo del hombre con gran poder y majestad.
2. En la primera parte aparece el género apocalíptico, sobre todo cuando se dice que “hasta las estrellas se bambolearán”. Según el evangelio, estos signos cósmicos precederán y acompañarán la venida gloriosa del Hijo del hombre. Pero ¿cuándo sucederá eso?, nadie sabe el día ni la hora (cfr. Mc 13, 32; Mt 24, 36).
3. El evangelio afirma que: “Cuando estas cosas comiencen a suceder… se acerca la hora de su liberación”. ¿A cuáles cosas se refiere? En este pasaje evangélico aparecen las señales cósmicas, ¿se tratará de esas señales? Antes de ellas Jesús habló de la destrucción de Jerusalén. Pareciera que las calamidades históricas también son señales de la venida del Hijo del hombre.
4. Enseguida encontramos una exhortación para estar preparados a la venida del Señor. Para ello, lo más importante es vivir siempre en la presencia de Dios, libres de vicios, libertinajes, embriagueces y preocupaciones.
5. Ahora bien, cuando llegue ese día no es para tenerle miedo; ciertamente dice que: “caerá de repente como una trampa sobre los habitantes de la tierra”, pero eso vale para los que viven sin fe y sin esperar a Dios y a su Reino.
6. El evangelio termina diciendo: “Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre”. Esta es la actitud cristiana para vivir el presente en la espera del Señor.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE?

Este evangelio ha sido escogido por la Iglesia para meditar en este primer domingo de adviento en la venida del Señor. La Iglesia vive entre la primera venida del Hijo de Dios en la carne y su última venida lleno de gloria cuando llegue el fin del mundo. Entre esa primera y última venida el Señor viene espiritualmente a nuestro encuentro. Esa venida espiritual es la que todos esperamos en este tiempo de adviento que nos prepara a celebrar la Navidad.

Con el género apocalíptico que aparece en este evangelio lo importante que se quiere resaltar es la venida del Hijo del Hombre con gran poder y majestad. Ciertamente lo que tuvo principio algún día tendrá fin, pero la venida del Hijo del hombre a nuestra vida es algo que nos debe mover a vivir de manera coherente esperando su llegada. La venida del Hijo del hombre todo lo transformará, sobre todo la vida de aquellos que esperan su venida y en él tienen puesta su esperanza, como el enfermo espera su salud, como el esclavo espera la libertad. La actitud del discípulo que busca a su Señor es de esperanza y no de temor.

La expresión “levanten la cabeza” indica que en este mundo hay muchas opresiones, pero de todas ellas nos libra el Señor. En efecto, el peso del pecado nos aplasta; muchas veces el peso de las tribulaciones, de los sufrimientos, de las enfermedades y de las tristezas nos deprimen; la falta de oportunidades, el sin sentido de la vida, la tristeza y la falta de esperanza nos hacen no mirar el horizonte, sino mirar el piso o mirarnos a nosotros mismos envueltos en diversos sufrimientos o amenazas. Pero la venida del Hijo del hombre a nuestra vida, a nuestra historia y a nuestro corazón nos libera de todas esas angustias.

La venida del Hijo del hombre exige estar en vela, es decir vigilantes activos que esperan la llegada del Señor; pero no sólo la esperan, sino que la desean y por eso luchan por construir un mundo mejor. Quienes viven así, son personas que confían, sobre todo en Dios, pero también en sí mismas; son personas que esperan la acción de Dios en el mundo. Los que no hacen esto, el evangelio dice que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida entorpecen la mente y cuando llegue el fin estarán desprevenidos. Así pues, no nos preocupemos del fin del mundo, ocupémonos del presente del mundo. La importancia de los deberes terrenos no disminuye por la espera del Hijo del hombre, sino que se robustece con nuevos motivos (cfr. GS No. 21 § 3). Se dice fácil, pero para ello necesitamos la gracia de Dios y nuestra activa y vigilante colaboración.

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS?

Señor, tú no necesitas que se acabe el mundo para venir a nuestro encuentro, siempre vienes al encuentro de nosotros porque quieres que vivamos en comunión contigo. Nosotros, tanto si lo deseamos como si no, a través del tiempo y de la historia también vamos hacia ti. No permitas que vayamos forzados a tu encuentro o caminando en sentido contrario como huyendo de ese encuentro gozoso, sino que levantada la cabeza vayamos a tu encuentro en el ejercicio responsable de nuestro trabajo, de nuestra vocación y de nuestra misión.

Señor, no hemos visto signos apocalípticos como caídas de estrellas, pero sí hemos sentido terremotos, tsunamis y situaciones difíciles en nuestra vida. Sabemos que somos frágiles, débiles y que estamos dependiendo de las fuerzas de la naturaleza para vivir y que necesitamos cuidar la “casa común” para que está nos proteja, pues en la medida que cuidamos de la naturaleza, la naturaleza nos cuidará a nosotros o en la medida que la destruimos ella acabará con nosotros; pero, sobre todo, Señor, dependemos de ti y ponemos confiados nuestra vida en tus manos.

Señor, líbranos de la angustia y del temor del fin del mundo, así como del temor de fin de nuestra vida personal. Padre misericordioso, concédenos vivir cada día con agradecimiento a ti que nos has dado la vida, concédenos vivir con alegría, con esperanza y con amor en compañía de nuestros seres queridos. ¡Ven Señor Jesús a nuestro encuentro! Amén.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE?

Como no sabemos el futuro, el evangelio nos pide estar en vigilante espera, libres de vicios, libertinaje o embriaguez. Ocupados de las cosas presentes de este mundo, no preocupados por el futuro, porque las preocupaciones entorpecen la mente. El Señor nos quiere con una mente clara, con un corazón abierto y sensibles a los signos de su presencia cerca de nosotros, en nuestro entorno personal, familiar y social.

El Señor nos pide también estar en oración. En efecto, no se puede estar en vigilante espera si no se está también en oración, pues ésta es expresión de la vigilancia activa para vivir con confianza y alegría cada día. Decía el Santo Cura de Ars que “La oración es la unión con Dios” y agregaba que: “Es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo. En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol”. Si la oración es esto, por esto no hay que tenerle miedo a la venida del Hijo del hombre; al contrario, hay que desearla y esperarla porque, como dice hoy el evangelio, se acerca la hora de nuestra liberación.

En el adviento, hay que leer con fe y en oración la Palabra Dios. Si hacemos esto, la lectura orante de la Palabra de Dios nos ayudará para esperar confiadamente la venida de Cristo a nuestra vida, nos ayudará también a nuestra santificación y nos ayudará también a compartir nuestra esperanza en el Señor con nuestros hermanos. ¡Que por la intercesión de santa María y de san José así sea!

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla