¡Bendita tú entre las mujeres!

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“¡Bendita tú entre las mujeres!”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Lc 1, 39-45.
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. El texto anterior a este pasaje es el anuncio del Ángel a la Santísima Virgen María.
2. “María se encaminó presurosa”. El Ángel le había dicho que Isabel llevaba seis meses de embarazo. ¡María va a servir!
3. En cuanto Isabel oyó el saludo de María “La criatura saltó en su seno”, el futuro Juan el Bautista.
4. Al mismo tiempo Isabel: “Quedó llena del Espíritu Santo”.
5. y en alta voz exclamó “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”
6. Isabel reconoce a María como la madre de su Señor, es decir del Mesías, del Hijo de Dios.
7. Finalmente, Isabel llama a María: “Dichosa tú, que has creído…”.
8. El texto que sigue al evangelio de hoy, en el evangelio de san Lucas, es el cántico de María mejor conocido como el magnificat.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

El evangelio nos dice que María: “Se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en casa de Zacarías saludó a Isabel”. María va a ayudar a su prima Isabel en los últimos tres meses de embarazo. Esta visita dio lugar al encuentro de cuatro personajes: por un lado, María e Isabel y, al mismo tiempo, los niños que ellas llevaban en sus vientres. Sin embargo, hay un quinto personaje que, aunque muchas veces no aparece a primera vista, siempre está presente en toda la historia de la salvación y, en este caso no puede pasar desapercibido, se trata del Espíritu Santo.

Llama la atención que, en cuanto Isabel: “Oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno”. Teniendo en cuenta que Lc 1, 15 dice que: “Estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre”, este salto del niño en el vientre de Isabel fue interpretado por los Padres de la Iglesia como la santificación de Juan el Bautista. Por esto, desde los primeros tiempos de la Iglesia se comenzó a celebrar su nacimiento, seis meses antes del nacimiento de Cristo (24 de junio), como seis meses antes fue su concepción.

Enseguida dice el evangelio: “Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo”. Esto nos dice que la presencia de María, que acaba de concebir al Hijo de Dios en su vientre, es portadora no sólo del Salvador, sino de quien lo concibió en su vientre, es decir el Espíritu Santo. De modo que donde llega María llega la gracia de la santificación por medio del Espíritu Santo, pero no sólo la gracia de la santificación, sino también la gracia de la alabanza. Por eso Isabel: “Levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”. Estas palabras son parte de la oración del “Ave María” con la que día a día nos dirigimos a la Santísima Virgen. Pero ¿cómo se dio cuenta Isabel que María lleva en su vientre al Hijo de Dios? Eso significa que el Espíritu Santo, que la ha llenado y santificado, también se lo ha revelado. Así que el Espíritu Santo, no sólo santifica y lleva a la alabanza, sino también concede la gracia de entender los misterios de Dios. Así hace Dios con los humildes y los sencillos (cfr. Lc 10, 21).

Cuando Isabel dice a María: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?”, podemos ver, con estas palabras, que la está reconociendo como la madre del Mesías, lo cual es un anticipo del reconocimiento que la Iglesia más tarde hará de que María es Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. La maternidad de María, como sabemos, es la gracia más importante sobre la que se apoyan todos los demás privilegios y gracias de María. Ella ha sido escogida, por pura gracia, para ser la madre del Hijo de Dios; ella desde su concepción ha sido llena del Espíritu Santo y más tarde el Espíritu Santo la cubrió con su sombra para que concibiera en su vientre al Hijo de Dios (cfr. Lc 1, 35); pero también ella ha colaborado personalmente creyendo a la Palabra del Ángel. Por eso Isabel le dice: “Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Estas palabras indican que la gracia de la elección necesitó de la fe de María, necesitó de su: “Hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38). María es dichosa porque ha creído y, como creyente, su fe iba creciendo, el evangelio dice que guardaba en su corazón los misterios de Dios que no comprendía (cfr. Lc 2, 19). La fe llena de gozo, por eso María es dichosa; pero la fe también tiene dolor, por eso en la cruz es la dolorosa.

ORATIO ¿QUÉ LE RESPONDEMOS AL SEÑOR?

Señor sólo tú eres santo y todo lo que tocas queda santificado. Elegiste a María para ser la madre de tu Hijo, elegiste a Isabel para ser la madre de Juan el Bautista. A María la santificaste desde su Inmaculada concepción, a Juan el bautista desde antes de nacer por la visita del Salvador. Haz Señor que en esta Navidad saltemos de gozo al sentir la presencia de tu Hijo Jesucristo en el interior de nuestro corazón.

Señor, tú quieres que cantemos tus maravillas por medio de alabanzas. Para ello no sólo nos das la gracia de la santificación, sino que también nos das tu Espíritu Santo. Gracias por tu Espíritu que nos lleva y asiste en la oración, haz que bajo su acción te alabemos y te bendigamos y que, como Isabel, también saludemos a María Santísima como Bendita entre las mujeres y que bajo su acción la sepamos reconocer como madre nuestra.

Te damos gracias, por la continua intercesión de la Santísima Virgen María y te pedimos la gracia de ser creyentes, dichosos y presurosos, como María, para estar al servicio de los necesitados de nuestra ayuda. Señor, así como cumpliste en María tus promesas, así te pedimos que se cumplan en nosotros los discípulos de tu Hijo amado.

Te pedimos Señor que nos visite la Santísima Virgen María para que con ella nos llegue el Salvador, la santificación, el don del Espíritu Santo y podamos cantar las alabanzas del Señor, como lo hizo Isabel, y como lo hace la Iglesia diciendo: “Dios te salve María llena eres de gracia. El Señor es contigo, bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

La palabra de Dios nos pide estar disponibles y presurosos como María para la misión que Dios tenga pensada para nosotros. Prontitud y servicio son dos exigencias para los discípulos de Jesús e hijos de la Santísima Virgen María.

Dios nos pide también vivir en favor de la vida, del encuentro y de la esperanza. La vida es un misterio, un encuentro, una esperanza, es un don. María e Isabel son portadoras de vida, de encuentro y de esperanza.

Dios es santo, quiere santificarnos y para ello nos ha dado su Espíritu desde nuestro bautismo, pero quiere llenarnos de nuevo como a Isabel para que no sólo seamos sus hijos, sino que vivamos santamente cantando sus alabanzas.

Dios quiere también que, llenos del Espíritu Santo como Isabel, le digamos a María, ya sea con el Ave María o con el Rosario completo, que ella es bendita entre todas las mujeres, que no somos dignos de que nos visite, pero que nos alegra y es modelo de fe para todos nosotros porque ha creído y la reconocemos como nuestra madre.

Que María interceda por nosotros para que también en nosotros se cumpla lo que nos ha prometido el Señor. ¡Que así sea! ¡Feliz Navidad!

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

 

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