MENSAJE DE AÑO NUEVO 2019

MENSAJE DE AÑO NUEVO 2019

“La paz les dejo, mi paz les doy” (Jn 14, 27).

El Señor Jesús es el príncipe de la paz anunciado por el profeta Isaías al pueblo del Antiguo Testamento (cfr. Is 9, 5) que establecería la justicia en la tierra (cfr. Is 11, 3-5) para que el pueblo, que había experimentado muchas esclavitudes, especialmente la esclavitud de Egipto, viviera en la tierra el reino de Dios, es decir su soberanía que se manifestaría en la armonía entre todos los hombres incluso entre aquellos que vivían como enemigos naturales y que se veían representados en el lobo y el cordero, el leopardo y el cabrito, la vaca y la osa y el niño y la serpiente (cfr. Is 11, 6-8).

Esos tiempos anunciados llegaron a su cumplimiento con la venida del Hijo de Dios al mundo y que los ángeles cantaban: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Lc 2, 14). Sin embargo, eso sólo sucedió en los corazones de aquellos que abrieron su corazón a su mensaje de amor y de paz y que en su compañía experimentaron la alegría del cumplimento de lo anunciado por los profetas y se convirtieron más tarde en mensajeros de la buena nueva. A estos Jesús les dijo: “La paz les dejo, mi paz le doy; pero no se la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 27).

En estas palabras se habla de la paz del mundo y de la paz de Jesús, las cuales no se identifican ni se oponen, pero puede darse una sin la otra. La paz del mundo puede darse incluso bajo las armas en una dictadura donde los poderosos tienen a los gobernados en cierto modo con la paz de los sepulcros. En estas circunstancias los discípulos del Señor pueden tener la paz de Jesús porque en medio de sus opresiones Jesús está en su corazón y en él hay paz y amor. El que en estas circunstancias no tiene a Jesús sufre mucho más la opresión porque le falta el consuelo de la fe y por lo mismo le falta la paz de Jesús.

Bueno sería que, en todos los pueblos, los que gobiernan tengan como fin el bien común, el establecimiento del orden, la justicia y la paz. Este es el cometido de los que detentan el poder. En una situación como esta, la paz del mundo y la paz de Jesús se armonizan y se complementan, incluso si los gobernantes no son creyentes, pues ahí donde hay bondad, justicia y verdad, ahí están los signos de la presencia de Dios, los signos de la paz de Jesús.

En México llevamos años de violencia e inseguridad. El orden, la paz y la justicia no la han logrado establecer los gobernantes. Creo que todos debemos colaborar todos para que llegue la paz. La paz es un don y una tarea, por tanto, todos debemos ser protagonistas de paz. Que nuestros gobernantes luchen por establecer la justicia y ésta nos traiga la paz. Que los padres de familia, con su buen ejemplo, sean educadores de paz para sus hijos. Que los educadores instruyan a los alumnos en los valores de la paz. Que los creyentes no permitamos sentimientos de odio y desesperación, sino que seamos portadores de esperanza. Que creyentes y no creyentes seamos promotores de paz en la sociedad. Que de todos se diga: “Bienaventurados los que buscan la paz porque se les llamará hijos de Dios” (Mt 5, 9).

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter