“¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Lc 6, 39-45
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano.
No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos. El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. En el primer párrafo se nos habla de la ceguera espiritual y del discipulado.
2. En el segundo párrafo aparece la hipocresía del que ve la maldad en los demás, pero no se mira a sí mismo.
3. En el tercer párrafo con la imagen del árbol se insiste en la ley natural de la generatividad según la cual sólo se puede generar algo igual a cada ser.
4. De la imagen del árbol se pasa al hecho de la comunicación para afirmar que el hombre bueno dice cosas buenas y el hombre malo dice cosas malas. No se menciona el hecho de que el hombre malo diga cosas buenas para engañar a los demás, como a veces sucede. Pero siempre cabe la posibilidad de desenmascarar al mentiroso.
5. Finalmente, el evangelio termina diciendo que: “La boca habla de lo que está lleno el corazón”.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

En el evangelio de hoy encontramos diferentes palabras de Jesús que probablemente fueron dichas en diferentes contextos, pero se juntaron por un tema común: la vida interior. En todas ellas aparece la contraposición entre el discípulo y el fariseo o entre el verdadero discípulo y el falso, así como la vida interior y su manifestación externa. En todas estas enseñanzas se muestra una relación y diferencia entre el interior y el exterior del ser humano. Con este evangelio Jesús nos dice cómo quiere que sean sus discípulos, es decir, parecidos a él.

En primer lugar, Jesús dice que un ciego no puede guiar a otro ciego y que el discípulo no es superior a su maestro, pero cuando termine su aprendizaje podrá llegar a ser igual a él. Estamos ante una exhortación a los discípulos, los cuales posteriormente serán guías o maestros de todos aquellos que crean en Jesús. Por tanto, primero deben saber a dónde van y cuál es el camino correcto para llegar a la meta. Teniendo claridad en esto y una vida coherente hay garantía de que sabrán cuál es el camino para seguir a Jesús y, al mismo tiempo, conducir a los demás. La ceguera mencionada con la pregunta de si un ciego puede guiar a otro ciego nos habla de la ceguera espiritual de los que dicen seguir a Jesús. Quien no sigue verdaderamente a Cristo no puede llevar a otros a su encuentro. Quien no tiene una profunda vida espiritual no puede guiar a otro en el camino de la salvación. El que está en la ignorancia no puede llevar a los demás al conocimiento de la verdad.

Ya el evangelio del domingo pasado insistía en que el discípulo de Jesús no juzga y no condena, por esto ahora dice Jesús: “¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo?”. Con esta imagen de la paja y la viga Jesús condena la hipocresía de aquellos que están inclinados a ver y señalar los pequeños defectos en los demás y no advierten los propios a pesar de que, en muchas ocasiones, son más grandes. El verdadero discípulo del Señor no deber juzgar a los demás, en todo caso se debe juzgar primero a sí mismo. Si bien podemos hacer un juicio sobre la conducta moral de los demás, lo que Jesús exige de sus discípulos es hacerlo primero sobre sí mismos para que puedan corregir a los demás. Como muchas veces no se sigue esta regla, por eso dice: “¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Quien está inclinado a ver los defectos de los demás no va a crecer en la vida espiritual porque no es capaz de ver sus propios errores y tampoco podrá ayudar a los demás.

Con la imagen del árbol bueno y el árbol malo Jesús habla del hombre. Donde en el texto está la palabra árbol podemos poner la palabra hombre y resulta así: “No hay hombre bueno que produzca frutos malos, ni hombre malo que produzca frutos buenos. Cada hombre se conoce por sus frutos”. Según esta imagen, los frutos de los hombres son las obras. Esta imagen en san Mateo es una indicación para reconocer a los falsos profetas y termina con la sentencia: “Por sus frutos los reconoceréis” (Mt 7, 20). Aquí en san Lucas es una indicación para conocer a los verdaderos discípulos del Señor.

El último párrafo del evangelio es como prolongación o consecuencia del anterior. Ya no se habla de árbol bueno y malo, sino de hombre bueno y malo; pero ahora se afirma que: “El hombre bueno dice cosas buenas… y el hombre malo dice cosas malas”, esto porque, en uno o en otro, el bien o el mal están en su corazón. El acento se desplaza hacia la fuente de donde brota lo bueno y lo malo, por eso dice: “La boca habla de lo que está lleno el corazón”. El corazón humano es como una fuente. Si en la fuente hay agua limpia, agua limpia brotará y será una fuente de vida; pero si la fuente está envenenada, será una fuente de donde brote la muerte. El discípulo y misionero tendrá que llenarse primero de Dios o de su palabra para poder hablar de Dios después y ser así una fuente de donde brote el bien, de donde brote el mismo Dios.

Para nosotros, los frutos de una persona son sus obras y éstas reflejan su vida interior, lo que hay en su corazón, sobre todo cuando hay coherencia entre lo interior y lo exterior. Para Dios no es necesario ver las obras, él juzga mirando directamente el interior de nuestro corazón. Es aquí donde se juega la salvación, porque de aquí procede lo bueno y lo malo, el odio o el amor. En este sentido dice san Pablo: “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe” (I Co 13, 1).

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Dios todo poderoso, te damos gracias por este mensaje de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor que nos cuestiona sobre nuestra vida interior, así como nuestra coherencia de vida entre lo que vivimos interiormente y lo que manifestamos al exterior. Te pedimos que esta palabra ilumine nuestra vida, sea lámpara para nuestros pasos y alimento espiritual que fortalezca nuestro caminar en el seguimiento de tu Hijo.

Señor, ayúdanos con tu gracia para que nunca juzguemos a los demás por sus pequeños o grandes defectos. Nosotros sólo vemos el exterior de los demás, pero no conocemos su corazón. En cambio, sí conocemos nuestro interior y muchas veces tratamos de ocultarlo incluso a nosotros mismos porque no queremos convertirnos. Concédenos la gracia de examinarnos a nosotros mismos para descubrir nuestros propios errores y la gracia de corregirlos para ser mejores imágenes de tu Hijo.

Te pedimos Señor Dios, rico en misericordia, que vengas a lo más profundo de nuestro corazón, que tú seas nuestro tesoro y la fuente de nuestra vida espiritual. Llénanos de ti y de tu palabra para que nuestra boca hable de lo que hay en nuestro corazón, es decir que tú hables por nuestra boca, mires por nuestros ojos, toques con nuestras manos y camines con nuestros pies para ir al encuentro de nuestros hermanos necesitados de tu palabra y del consuelo de la fe.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor quiere que estemos sanos de mente y de corazón. El Señor nos pide dejarnos iluminar con su palabra para poder iluminar a los demás, nos quiere de oídos abiertos y ojos penetrantes para mirar sobre todo las maravillas de su amor. El Señor nos pide ir por el camino de la salvación como guías de los demás, pero como guías sanos, no como guías ciegos que exponen a los demás a caer en un hoyo.

El Señor no nos impide que hagamos un juicio objetivo sobre la conducta de los demás, sobre todo de aquellos que se apartan del camino del Señor. Sin embargo, Dios no quiere que juzguemos o condenemos a los demás, sino que seamos una luz para que ellos encuentren el camino que lleva al encuentro del Señor.

El Señor nos pide llenarnos de su amor y de su palabra para poder comunicarla, que nuestra boca hable de lo que tenemos en el corazón, es decir que nuestra boca hable de Dios. El Señor quiere que demos muchos y buenos frutos como discípulos del Señor Jesús.

Este evangelio es como un espejo, el Señor nos pide ponernos frente a él para ver si somos verdaderos discípulos suyos y, si no aparecemos como tal, pongamos remedio: más vida interior espiritual, no juzgar a los demás, llenar nuestro corazón de Dios y dar buenos frutos. ¡Que Dios les bendiga!

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

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