“Si eres el Hijo de Dios…”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Si eres el Hijo de Dios…”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Lc 4, 1-13
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu santo, regresó del Jordán y conducido por el mismo Espíritu, se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio.
No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.
Después lo llevó el diablo a un monte elevado y en un instante le hizo ver todos los reinos de la tierra y le dijo: “A mí me ha sido entregado rodo el poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”. Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.
Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y de sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen con las piedras”. Pero Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al señor, tu Dios”.
Concluidas las tentaciones, el diablo se retiró de él, hasta que llegara la hora.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. Lo primero que llama la atención es que Jesús: “Conducido por el mismo Espíritu, se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio”. Pareciera que las tentaciones son parte del designio de Dios.
2. En la primera tentación se antepone el pan material al pan espiritual. Es la tentación de un Mesías material que resolviera los problemas de la humanidad.
3. La segunda es la tentación del poder. El diablo le propuso a Jesús ser un Mesías político temporal. Israel quería un Mesías poderoso que restaura la dinastía davídica. Jesús enseñó que lo contrario al poder es: “Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.
4. La tercera tentación se trata de la opción de ser un Mesías no humano, sólo divino, un Mesías que apantallara por su gloria. Pero el Hijo de Dios se encarnó, se hizo humano y nació de María por obra del Espíritu Santo.
5. En todas las opciones (tentaciones) que el diablo le propone a Jesús no está el sufrimiento, no está la cruz. Jesús, va a ser un Mesías humilde y manso de corazón, un Mesías sufriente y crucificado.
6. El evangelio termina diciendo que: “Concluidas las tentaciones, el diablo se retiró de él, hasta que llegara la hora”. Toda la vida de Jesús estuvo sometida a las insidias del diablo, pero estas palabras indican un segundo momento fuerte de ataque de Satanás: cuando el diablo entre en Judas el traidor (cfr. Lc 22, 3) y cuando Jesús sea apresado para llevarlo a la pasión y a la cruz. Entonces, dice el evangelio que será la hora y el poder de las tinieblas (cfr. Lc 22, 53).

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

En la primera tentación el diablo le dice a Jesús: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Para Jesús la primera tentación es la de ser Mesías material. Pero Jesús respondió: “No sólo de pan vive el hombre”, es decir no sólo del hambre de tener. Con esta respuesta Jesús definió su mesianismo en el orden espiritual. Ciertamente necesitamos cosas materiales, pero no hay que buscarlas al margen de Dios. Lo más importante no es el tener, sino es el ser. Ciertamente muchas veces en extrema necesidad lo primero que una persona necesita es comer; sin embargo, Jesús no convirtió todas las piedras en pan, ni dio de comer a toda la gente. La Palabra “no sólo de pan vive el hombre” significa que hay una necesidad más profunda en la humanidad: el hambre de la Palabra de Dios. Pero, por otro lado, la acogida de la Palabra de Dios debe concretizarse en solidaridad. Las obras de misericordia no son una devoción, sino parte esencial de nuestra identidad cristiana.

En la segunda tentación el demonio lo lleva a un monte elevado y le dice: “A mí me ha sido entregado todo poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”. Para Jesús es la tentación de ser un Mesías con poder político y temporal. Pero, el poder de Jesús no es un poder temporal, sino el poder del amor. Para nosotros la tentación del poder se convierte en un ídolo, en el falso dios de este mundo ante el cual algunos doblan las rodillas para obtener beneficios materiales derivados de él. El poder oprime, esclaviza y no humaniza. Puede suceder que algunos vendan su alma al diablo por obtener poder. Los que seguimos a Jesucristo no debemos buscar gloria o poder humano de unos para otros, sino únicamente la gloria de Dios (cfr. Jn 5, 44).

En la tercera tentación, el diablo le lleva a la parte más alta del templo y le dice: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y de sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen en las piedras”. Para Jesús es la tentación de ser un Mesías puramente divino, espectacular, no encarnado, sino caído del cielo como un superhombre. El demonio le proponía a Jesús dejarse caer como para que todos lo aplaudieran. Para nosotros es la tentación del prestigio y de la imagen, la cual se da cuando nos interesan las apariencias, cuando lo importante, antes que el ser, es el parecer o el placer. La tercera tentación es la búsqueda de honores de la cual no estuvieron exentos los apóstoles (cfr. Mc 10:35-37).

Hay que notar que el diablo tienta a Jesús incluso valiéndose de la Palabra de Dios, o sea que las tentaciones en apariencia parecen ser algo bueno. Por tanto, cuando no queremos vivir profundamente el evangelio podemos justificar, con la Palabra de Dios, nuestra búsqueda de bienes, de poder y de honores. Los discípulos de Jesús, si no profundizamos en nuestra identidad, entrega y en nuestra misión, estamos expuestos a realizar la misión evangelizadora no con los criterios del evangelio, sino con los criterios del mundo. Hacerlo así, significa caer en las trampas de Satanás. El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, nos pide no caer en la tentación de la acedia egoísta, el pesimismo estéril y la mundanidad (No. 82 a 1011).

Decía un sacerdote amigo mío que las tentaciones o las pruebas son como una tormenta sobre la cara de una muchacha pintada. Cuando pasa la tormenta se ve cómo realmente es. Es decir que en las pruebas o en las tentaciones se demuestra qué hay de consistente, real y verdadero en nosotros. Si no las superamos no somos dignos discípulos de Jesús. Ante las tentaciones o pruebas es donde hay que demostrar nuestra convicción más profunda. San Agustín decía que “Nuestra vida, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones”. Así pues, conducidos por el Espíritu Santo, internémonos en el desierto espiritual de la cuaresma y luchemos para descubrir y vencer las tentaciones que se nos están presentando en la vida, ya sea la tentación del tener, del poder o del parecer.

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Señor Dios todo poderoso te damos gracias por enviarnos a tu Hijo Jesucristo que asumió, en todo, nuestra condición humana menos en el pecado (cfr. Hb 4, 15) y nos dio ejemplo para vencer las tentaciones que nos apartan del camino de tu amor.

Señor, tu Hijo Jesucristo multiplicó los panes y dio de comer a mucha gente, pero no resolvió el hambre que hay en el mundo, pero sí dijo que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de tu boca. Ayúdanos Señor a buscar siempre tu reino y tu justicia y que los bienes materiales se nos den por añadidura.

Señor Dios, a tu pueblo le hubiera gustado que tu Hijo Jesucristo fuera un Mesías con poder humano y con grandes ejércitos para expulsar a los romanos y restaurar la dinastía davídica. Pero Jesús le dijo a Pilato que, aunque su reino, aunque ya estaba en este mundo, su Reino no es de aquí. Ayúdanos Señor a no buscar el poder opresor de este mundo, sino a hacer presente tu reino de amor, de justicia y de paz.

Señor Dios, muchas veces para seguir a tu Hijo Jesucristo quisiéramos un camino lleno de éxitos, de honores y de triunfos humanos, pero Jesús dijo: “El que quiera seguirme que tome su cruz y me siga”. Señor ayúdanos a cargar la cruz de cada día en el seguimiento de tu Hijo.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor nos pide ser lectores asiduos y hombres de oración con su Palabra. Ciertamente Dios quiere que tengamos lo necesario para vivir dignamente, pero no quiere que trataremos de lograrlo al margen o en contra de su amor. El Señor nos pide buscar en primer lugar su reino y su justicia y todo lo demás se nos dará por añadidura.

El Señor no quiere que busquemos tener poder y menos para oprimir a los demás o para obtener dinero. Sí quiere que tengamos puestos de responsabilidad para el bien común, pero no como opresores, sino como servidores de todos, especialmente de los más necesitados.

El Señor Dios no quiere que busquemos honores o apariencias, sino que con fe, amor y humildad carguemos la cruz de cada día siguiendo los pasos de Cristo Jesús. El Señor quiere que, con su ayuda, venzamos la tentación del tener, del poder y del parecer. ¡Que así sea!

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

 

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