“Les doy un mandamiento nuevo”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Les doy un mandamiento nuevo”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Jn 13, 31-35
Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:

1. La mención de que Judas sale del cenáculo indica que va a entregarlo.

2. La repetida mención de la glorificación tiene dos destinatarios: Dios y Jesús.

3. No se dice por qué, pero se insiste en que Dios glorifica a Jesús, Jesús glorifica a Dios.

4. En cuanto al tiempo se comienza diciendo. “Ahora…” y se termina diciendo que Dios “pronto lo glorificará”.

5. El “ahora” hace referencia a la salida de Judas para entregarlo, el “pronto lo glorificará” hace referencia al momento de la cruz.

6. La frase “todavía estaré un poco” también hace referencia a la cruz.

7. El mandamiento: “Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado”, en este contexto aparece como la última voluntad de Jesús a sus amigos, como la última recomendación.

8. Las ultimas palabras de este evangelio indican que el amor entre los hermanos, y no un documento de pertenencia o función, será un testimonio que todos podrán interpretar y con el cual serán reconocidos como discípulos de Jesús.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

En este evangelio llama la atención que cuando sale Judas del cenáculo el Señor Jesús diga: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él”. Con estas palabras Jesús anuncia su pronta entrega en la cruz. De hecho, enseguida dice: “Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará”. Con todas estas palabras Jesús revela que su pasión y su cruz, aunque ignominiosa es gloriosa porque con ella da gloria al Padre que lo ha enviado y el Padre a él también lo glorificará. Notemos la frase que dice: “Dios lo glorificará en sí mismo”, es decir en su persona y en su cruz, pues cuando salió Judas fue para entregarlo.

No es casualidad que cuando Jesús habla de su glorificación en la cruz, al mismo tiempo les dé a sus discípulos el mandamiento nuevo: “Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado”, porque esto nos indica que no puede vivir ese mandamiento nuevo quien no ha seguido a Jesús en el camino de la cruz. Por otro lado, este mandamiento tiene como centro que Jesús nos amó primero hasta la entrega de su vida en la cruz y por eso quien sigue a Jesús no puede amar de cualquier manera, sino como dijo él: “Como yo los he amado”, es decir hasta la entrega de la vida. Hay que insistir en que, para cumplir el mandamiento de amar como Jesús, no va a ser posible si no nos sentimos amados por Jesús. Sólo el amor de Jesús por cada uno de nosotros nos puede dar la fuerza para amar como Jesús.

Por lo anterior, si nos sentimos amados de Jesús, entonces es posible amar como Jesús, es decir entregándonos como Jesús, aunque en menor grado, tratando de imitarlo a él. Este mandamiento es muy exigente. Aunque tenga muchas expresiones, este es el único mandamiento que hay que vivir. Decía san Pablo: “El que ama, ha cumplido la ley entera” (Rm 13, 8). Todo mandamiento, cualquiera que sea, tiene como centro el mandamiento del amor y el mandamiento del amor no se puede explicar de otro modo, sino como entrega. Por eso, entregarse no sólo significa vivir el mandamiento del amor, sino también glorificar a Dios, que se entregó a nosotros en Jesús crucificado y, como consecuencia, viviendo el mandamiento del amor, como entrega, en eso mismo, Dios glorifica o santifica al que se entrega, es decir al que ama como Jesús, ofreciendo su vida a Dios por los demás. Se trata de aquel que vive su vida unida a la de Jesús y se hace una ofrenda constante a Dios por la salvación de los demás. En este sentido vivir el mandamiento nuevo no es puramente vivir un amor humano, sino vivir el amor de Dios y el amor a Dios en el amor al prójimo.

Finalmente, Jesús dice: “Por este amor todos reconocerán que ustedes son mis discípulos”. Es verdad que muchos nos llamamos cristianos católicos y hay señales que nos identifican: un sólo bautismo, una sola fe (el credo), los sacramentos, especialmente nuestro amor a la Eucaristía y nuestro amor a María, la comunión con el Papa, etc. Sin embargo, la señal que nos identifica como verdaderos discípulos del Señor es amar como Jesús, por eso, aunque ya dijimos en que consiste esto, no está de más preguntarnos ¿cómo nos amó Jesús? Jesús renunció a su condición divina, se hizo nuestro esclavo, murió en la cruz por nosotros, se entregó a nosotros y en lugar de nosotros. Eso significa que para amar como Jesús lo primero es renunciar a nosotros mismos, no se trata sólo de dar de lo que tenemos, que bien ayuda a muchos, sino darnos a nosotros mismos, en el amor y servicio a Dios y a los demás.

Los que, en Jesús, se han encontrado con el amor, los que se han sentido amados, saben que, ahora, todo ese amor se vive en la fe y en la esperanza de la vida eterna. Cuando Jesús les dio a sus discípulos el mandamiento del amor, era porque se acercaba el final de su vida terrena, por eso les dice: “Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes”. De manera que el mandamiento del amor podríamos decir que es el testamento de Jesús para cuando él no esté físicamente con ellos.

San Paulino de Nola, cuando los godos invadieron su país, vendió sus posesiones para rescatar a algunos de su pueblo. Después, al llegar los vándalos, ya no tenía nada que vender y se ofreció como esclavo para rescatar al hijo de una viuda. San Maximiliano María Kolbe se ofreció a morir en los campos de concentración nazi en lugar de un padre de familia que iban a fusilar. San Vicente de Paúl vivió consagrado a amparar a los abandonados de la sociedad. Su lema y vida era: “Callen las palabras y hablen las obras”, por esto fue nombrado por el papa León XIII como patrono universal de las obras de caridad. La madre Teresa de Calcuta, el día de su funeral, recibió honores de muchas naciones y religiones por su caridad con los más pobres y abandonados sin importar su credo o nacionalidad. Todos ellos mostraron con su amor a los demás que eran discípulos del Señor.

Nosotros estamos llamados a vivir el mandamiento del amor, pero éste no va a ser posible si antes no hemos experimentado el amor de Cristo. Si falta este fundamento no sólo no podremos amar, sino que estamos expuestos a hacer precisamente lo contrario. Todas las virtudes y los mandamientos tienen su centro en el amor, y todos los pecados y los vicios nos hablan de la falta de amor de Dios en nuestras vidas.

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Bendito y alabado seas Señor Jesús porque por tu encarnación te hiciste en todo semejante a nosotros menos en el pecado (cfr Hb 4, 15). Tu eres digno de honor y de gloria por haberte negado a ti mismo y venir a nuestra condición humana y mortal y no sólo mortal, sino que asumiste una muerte dolorosa con la cual como tú lo dijiste dabas gloria al Padre y el Padre te glorificaba a ti. Bendito seas Señor Jesús.

Te damos gracias por todo lo que hiciste por nosotros con tu encarnación, con tu entrega día a día a la causa del evangelio y del Reino de Dios. Te damos gracias por tu amor, esta fue la razón última por la que te hiciste uno de nosotros para morir por nosotros en la cruz y por eso nos dejaste el mandamiento del amor porque viviendo este mandamiento todo lo demás es consecuencia.

Bendícenos, Señor Jesús, para que podamos vivir el mandamiento del amor, bendícenos para que nos sintamos siempre amados por ti y vivíamos en tu amor, pues sólo así podremos amar a los demás como tú nos amaste, hasta el extremo, hasta morir en la cruz, y sólo así podremos ser reconocidos como discípulos tuyos.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor Jesús nos pide que, en su seguimiento, asumamos su mismo estilo de vida, su mismo estilo de entrega a Dios y a los demás, es decir nos pide que asumamos el camino de la cruz, el camino del dolor que da gloria a Dios y a mismo tiempo nos santifica y nos glorifica.

Pero, sobre todo, el Señor Jesús, nos pide que vivamos el mandamiento del amor y que vivamos en su amor. El Señor quiere que nos amemos los unos a los otros, pero no de cualquier manera, sino como él no ha amado. Ahora bien, ¿cómo nos amó Jesús? Entregándose por nosotros especialmente en la cruz, entonces esa es la manera de amar a nuestros hermanos.

El Señor quiere que nos amemos como hermanos y que el amor fraterno entre nosotros sea signo de que somos sus discípulos. Es verdad que podremos tener un certificado de bautismo o cargos de servicio en la comunidad cristiana, pero si falta el amor no seremos discípulos del Señor, sino funcionarios. Que Dios nos colme de bendiciones y nos llene de su santo amor (San Rafael Guízar y Valencia) para vivir su mandamiento. Que así sea.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

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