“Si tuvieran fe”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Si tuvieran fe”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Lc 17, 5-10
En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decir a ese árbol frondoso: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y los obedecería.

¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: “Entra enseguida y ponte a comer”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú”? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?

Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan; “No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. En el primer párrafo el tema es la fe. Los apóstoles piden aumento de fe, Jesús dice que basta un poquito de fe para hacer grandes cosas.

2. El segundo párrafo es la imagen del siervo que labra la tierra cuya obligación es servir en primer lugar a su amo.

3. La parte final del evangelio concluye que, si cumplimos lo que se nos manda, sólo somos siervos que hacen lo que se les manda, pero Dios no nos quiere siervos, sino hijos que se rigen por el amor.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

Queridos hermanos, en el evangelio de hoy los discípulos le piden al Señor Jesús que les aumente la fe. El Señor Jesús les responde indicando la grandeza del que tiene fe, a diferencia del servilista que sólo cumple la ley. Tanto el que quiere aumento de fe como el que sólo hace lo que tiene que hacer mantiene una mala relación con Dios. No se trata de aumentar la cantidad, sino la calidad. No se trata sólo de cumplir la ley como esclavos, sino de vivirla como hijos.

La fe es la respuesta del hombre a la revelación de Dios: “Cuando Dios revela hay que prestarle la obediencia de la fe, por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando «a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad», y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El” (Dei Verbum No. 5). El Papa Benedicto nos dijo en su carta Porta Fidei, que la fe es una puerta: “Que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia… Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna” (Porta Fidei No. 1). Por otro lado, fe tiene como centro la persona de Jesucristo: “Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación” (Porta Fidei No. 3). Cuando le preguntaron a Jesús: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?”, él contestó diciendo que no se necesitan muchas obras, sino una sola: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quién él ha enviado” (Jn 6, 28-29).

Ahora bien, la fe no puede estar separada de la esperanza y de la caridad, una lleva a la otra. Los Padres de la Iglesia, hablando de la conversión, afirmaban la unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad: “La fe y la caridad son el principio y el fin de la vida: el principio es la fe, el fin la caridad. Cuando ambas virtudes van a la par se identifican con Dios. El que profesa la fe no peca, el que posee la caridad no odia. Así como por el fruto se conoce el árbol, así los que pertenecen a Cristo se distinguen por sus obras” (San Ignacio de Antioquía a los Efesios). El Papa Benedicto nos dijo también que la fe sin la caridad no da fruto y la caridad sin la fe es un sentimiento constantemente a merced de la duda. Gracias a la fe que, actúa por la caridad (Gá 5, 6), podemos reconocer el rostro de Cristo en los necesitados de nuestro amor (cfr. Porta Fidei No. 14).

Según lo anterior, la fe auténtica, que es adhesión, entrega y obediencia a Dios, nos une profundamente a Él y, como consecuencia, podemos hacer grandes cosas; pero la falta de fe o una fe que no madura pone de manifiesto que nuestra relación con Dios puede ser totalmente equivocada o superficial. De manera que cuando pedimos, como los discípulos, “auméntanos la fe”, en realidad lo que pedimos es que nuestra poca fe sea más fuerte, más confiada, más auténtica y, por consiguiente, nuestra vida más entregada a Dios. En realidad, no sería necesario pedir aumento de fe, sino que vivamos profunda y coherentemente la poquita fe que tengamos, por eso Jesús les dijo.

Después de la respuesta, Jesús continúa con una parábola en la que pregunta si el amo de un siervo: “¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?”. En seguida concluye con una frase con la cual invita a evitar el peligro del legalismo servil: “Cuando hayan cumplido lo que se les mandó digan: No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Nosotros como hijos de Dios estamos llamados a superar los límites del cumplimiento de la ley. Claro que cuando falta la fe, se mantiene una relación con Dios meramente legalista pensando que basta con cumplir la ley.

Cuando vivimos según la ley podemos tener dos posturas equivocadas: la de transgresores que ni siquiera hacemos lo mandado por ella, o la de esclavos que sólo la cumplimos y no hacemos más allá de lo mandado. Este último es el mejor de los casos, la humanidad estaría mejor si se cumplieran las leyes; sin embargo, en relación con Dios, el cumplimiento de la ley nos hace esclavos y él quiere una relación de hijos. En una relación de hijos no se trasgrede la ley, sino que se supera por una relación vital y personal, por la fe que es unión a Dios y a su amor, por la fe que nos lleva a actuar en la caridad. El amor es el que mueve nuestra vida, es el que rige todas nuestras relaciones.

El evangelio nos invita a ir más allá de la ley. La ley hace esclavos, el evangelio hace hijos. Vivamos pues como hijos de Dios, actuamos no porque se nos manda, sino porque creemos en nuestro Padre Dios, porque esperamos de él, porque lo amamos a él. Bien decía san Pablo, la letra mata; el espíritu es el que da la vida (cfr. 2 Co 3, 6). Nuestra relación con Dios no debe ser según la ley, es decir según el cumplimiento, sino según la fe viva y operante, según la esperanza y según el amor a Dios que esperamos continuar en la vida eterna. Pidámosle al Señor Jesús que nos aumente la fe, es decir nuestra entrega a Dios, y nuestra esperanza en la vida eterna y nuestra caridad hacia los más necesitados.

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Señor Dios todopoderoso, auméntanos la fe, pero no una fe que pretenda tener poder sobre ti, sino una fe como entrega y obediencia a tu voluntad, una fe que sea más fuerte, más confiada, más auténtica y que, como consecuencia, nos lleve a esperar y confiar más en ti. Una fe que actúe por la caridad, es decir una fe que ama y que no se pone los límites de la ley, sino que la supera.

Señor, concédenos la gracia de vernos libres del legalismo servil según el cual pesamos que cumpliendo la ley o haciendo buenas obras, sin fe y sin amor, basta para salvarnos, aunque nuestro corazón esté lejos de ti y de nuestros hermanos. Pero, por encima de todo, concédenos la gracia de no ser trasgresores de la ley en aquello que es conforme tu voluntad y, por otro lado, no ser trasgresores en el respeto que debemos a nuestros hermanos.

Señor Dios gracias por hacernos hijos tuyos, concédenos la gracia de creer más en ti, pues creer, nos dijo tu hijo Jesús, que es la obra principal que necesitamos hacer para alcanzar nuestra salvación. Has que vivamos como hijos tuyos y no como esclavos, que vivamos como hijos de la luz y no de las tinieblas.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor no nos pide mucha fe, sino que nuestra fe, aunque poquita como una semilla de mostaza, sea una fe viva. Necesitamos una fe comprometida, una fe que nos una más a Dios y a los hermanos por medio de la caridad, una fe que oriente nuestros pensamientos, mueva nuestra vida, desde lo más profundo de nuestros corazón, y dirija todas nuestras relaciones en el amor a Dios, a nuestros hermanos, hacia nosotros mismos y hacia la creación.

El Señor no quiere que seamos legalistas que simplemente cumplen la ley; tampoco quiere que seamos trasgresores de sus mandamientos. Dios quiere que seamos respetuosos de la ley, pero no de manera servil, sino que la interpretemos y la interioricemos y no nos convirtamos en esclavos de ella porque la ley mata, el espíritu en cambio da vida.

El Señor quiere que vivamos como hijos suyos y no como esclavos obligados a hacer lo que manda la ley, quiere que vivamos como hijos de la luz y no de las tinieblas, que vivamos como como hijos del reino y no como hijos del maligno. Si vivimos como hijos de Dios no vamos a transgredir los mandamientos porque el que ama cumple enteramente la ley (cfr. Rm 13, 8), nuestra ley es el amor, nuestra ley es Cristo. Viviendo en el amor de Cristo superaremos el cumplimiento de la ley. Que así sea.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

 

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