“Este es mi hijo muy amado”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Este es mi hijo muy amado”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Mt 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. Es Jesús el que pide a Juan que lo bautice.

2. Juan se resiste porque dice que él “debe ser bautizado” por Jesús.

3. Jesús dice a Juan que: “es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”.

4. Al salir del agua: “se le abrieron los cielos” a Jesús.

5. También: “vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él en forma de paloma”.

6. Finalmente “oyó una voz que descendía desde el cielo: Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

El día de hoy celebramos el bautismo del Señor Jesús con el cual se nos manifestó como el Hijo amado de Dios que, ungido por el Espíritu Santo, nos abrió las puertas del cielo, es decir el camino hacia la casa de nuestro Padre. Con esta fiesta termina el tiempo de Navidad.

En el evangelio Juan el Bautista se sorprende porque Jesús le pide que lo bautice y le dice a Jesús: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti ¿y tú vienes a que yo te bautice?”. El bautismo de Juan era un bautismo de penitencia en orden al perdón de los pecados y por ello exigía signos de arrepentimiento de los pecados y signos de conversión. Pero Jesús no tenía pecados ¿por qué vino a ser bautizado por Juan? En las palabras de Jesús a Juan está la explicación: “Es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”, es decir, que se realice la voluntad de Dios, su plan o designio de salvación. Cuando en el evangelio aparece la frase “es necesario” significa que eso “necesario” es algo que está previsto en el plan de Dios y que, por lo tanto, deber suceder para que se cumpla su plan. En este sentido, en el evangelio de san Lucas 7, 29-30 se dice que: “Los fariseos y los legistas, al no aceptar el bautismo de él (de Juan), frustraron el plan de Dios sobre ellos”. Así pues, Jesús aceptó el bautismo de Juan y con éste la voluntad de Dios sobre él y la misión salvífica querida por el Padre. Así que: “cumplir lo que Dios quiere” es hacer su voluntad, su designio o su plan de salvación. Precisamente esto es lo que Jesús viene a cumplir, el designio de Dios.

Ahora bien, habría que preguntarse, si ese el plan de Dios, por qué tenía que ser bautizado. El evangelio dice claramente que, al salir del agua se le abrieron los cielos a Jesús. Esta expresión, “se abrieron los cielos” tiene mucha importancia porque en los tiempos anteriores a Cristo se decía que los cielos estaban cerrados, que no había profetas, que Dios ya no hablaba. En este sentido en el primer libro de los Macabeos se ve que éstos toman decisiones momentáneas hasta que no aparezca un profeta que aclare si estuvo bien lo que hicieron (cfr. 1 Mc 4, 46; 9, 27; 14, 41). En los salmos aparece también la nostalgia por falta de profetas que hablen en nombre de Dios (cfr. Sal 74, 9; 77, 9). En este contexto “de cielos cerrados” el pueblo parece sufrir por la falta de comunicación de Dios y anhela que se abran los cielos, que Dios hable de nuevo. Pues bien, esto sucedió precisamente después de que Jesús fue bautizado por Juan, lo cual indica que Dios nuevamente va a hablar y lo va a hacer por medio de su Hijo amado, bajo la acción del Espíritu Santo. Dice la carta a los hebreos que: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por medio de los profetas; últimamente en estos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo” (Heb 1, 1).

En el plan de Dios, Jesús debe ser bautizado por Juan para darse a conocer como el Hijo suyo y salvador que viene a solidarizarse de la humanidad herida por el pecado. Por eso se formó en la fila de los pecadores, no porque él tuviera pecados, sino como signo de entrega al plan de Dios para cargar con los pecados de toda la humanidad. También, y por lo mismo, fue bautizado para santificar las aguas del bautismo y abrir la puerta del cielo para que descendieran las bendiciones divinas, especialmente el Espíritu de Dios, y así todos los que creyeran en él tuvieran abierta la puerta del cielo, es decir el camino hacia la casa del Padre. Recordemos que Cristo dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6).

Dice el evangelio que Jesús: “Vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él en forma de paloma”. San Mateo recalca que Jesús es el protagonista de esta manifestación divina. Jesús vino a ser bautizado para que el Espíritu de Dios descendiera sobre él. Pero ¿acaso Cristo no tenía el Espíritu Santo? Claro que sí, pues él fue concebido por obra del Espíritu Santo, el Espíritu Santo moraba en él como en su propia casa. Jesús poseía el Espíritu como algo propio; pero en orden a su misión, el Espíritu Santo tenía que venir sobre él para comenzar la predicación del Reino y así revelar y hacer experimentar el plan de salvación Dios. En ese sentido en el libro de los Hechos de los Apóstoles se dice que después del bautismo: “Pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10, 38) y en el prefacio de la Misa se dice que el Espíritu Santo vino sobre Jesús para que: “Se supiera que Cristo… era ungido con óleo de alegría y enviado a anunciar el Evangelio a los pobres”. Jesús recibió el Espíritu Santo para realizar su misión, pero también para dejarlo a la Iglesia después de la resurrección, y a través de la Iglesia, a los que creyeran en él.

Finalmente, la voz del Padre confirma la identidad de Jesús, como el Hijo amado del Padre, y anuncia nuestro propio bautismo. El Catecismo de la Iglesia católica insiste en que: “Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y “vivir una vida nueva” (Rm 6,4)” (CEC, n. 537). Así que cuando alguien es bautizado, es sumergido en Cristo, por el agua y el Espíritu y, en ese momento, aunque él no vea ni escuche, también se le abren los cielos, desciende el Espíritu Santo sobre él y Dios Padre dice de cada bautizado: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”. Así, aunque sólo Cristo es Hijo de Dios, por naturaleza; por el bautismo, todo bautizado comienza a ser hijo de Dios, por gracia.

Por el bautismo Dios nos hace sus hijos y nos da su Espíritu Santo. Por lo mismo desde el día de nuestro bautismo las puertas del cielo están abiertas para nosotros, pero para poder llegar allá Dios quiere que vivamos como hijos amados suyos. Así como Dios dijo que Jesús era el Hijo de sus complacencias así quiere complacerse en nosotros y eso sucede si nosotros también, como Jesús, hace todo lo que Dios quiere, es decir la voluntad de Dios. Para que esto sea posible Dios no nos deja a nuestras solas fuerzas, sino que nos da su Espíritu Santo para que nos ayude a hacer su voluntad. ¡Que Dios se complazca en nosotros y nos llene de su santo amor!

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Te damos gracias, Señor, porque has enviado a tu Hijo Jesucristo que se hiciera semejante a nosotros, menos en el pecado, y que, como prolongación de su encarnación, quiso recibir el bautismo de Juan, no porque estuviera necesitado de él, sino porque quiso santificar las aguas para el bautismo del agua y del Espíritu Santo.

Concédenos, Dios todopoderoso, que nosotros, como tu Hijo Jesús tratemos siempre de hacer lo que tú quieres, es decir que tratemos de hacer tu voluntad, que experimentemos en nuestro corazón que los cielos se han abierto para nosotros y que el Espíritu Santo nos llena de tu amor y nos conduce por el camino de la vida siguiendo los pasos de Cristo para ir a nuestra casa del cielo.

Gracias Señor por hacernos hijos tuyos por la gracia del bautismo. Haz que con la presencia del Espíritu Santo te agrademos haciendo siempre tu voluntad y que por ello tú te complazcas en nosotros y nosotros nos alegremos siempre por esa presencia tuya en nuestros corazones. Gracias Señor por tu Espíritu Santo, santificador, Señor y dador de vida.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

Dios quiere que vivamos nuestro bautismo, es decir que vivamos como hijos suyos haciendo su voluntad. La voluntad de Dios es que nos parezcamos a su Hijo Jesús, que después del bautismo, bajo la acción del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien, es decir que Dios quiere que vivamos el mandamiento de la caridad, que pasemos nuestra vida haciendo el bien.

El Señor siempre tiene para nosotros abierta la puerta del cielo, la puerta de su corazón, pero también quiere que nosotros tengamos abierta la puerta de nuestro corazón para que puedan llegar a nosotros las bendiciones del cielo, especialmente la bendición del Espíritu Santo para que nos ayude a realizar la voluntad de Dios. El Señor nos pide que vivamos siempre bajo la acción del Espíritu santo.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

 

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