“Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Jn 1, 29-34:
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.

Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:

1. El testimonio de Juan el Bautista sobre Jesús contiene lo siguiente:

2. “Este es el Cordero de Dios el que quita el pecado del mundo”.

3. “Tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo”.

4. “He venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.

5. “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él”.

6. “Ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo”.

7. “Yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

En este domingo leemos el evangelio de san Juan, en el que no se narra el bautismo del Señor, sino que tenemos el testimonio de Juan el Bautista sobre dicho acontecimiento. En efecto Juan Bautista fue testigo de aquella manifestación divina, en la que Dios declaraba que Cristo era su Hijo amado; la misión de Juan Bautista es confirmar que Cristo es el Mesías, el Hijo de Dios; pero sobre todo decirnos cuál es su misión: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. Pero ¿cómo lo quita? Según el evangelio de san Juan, bautizándonos con el Espíritu Santo.

En san Mateo y en san Marcos es Jesús el que, al salir del agua, vio el Espíritu Santo que descendía sobre él; aquí es Juan el Bautista el que dice: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él”. En san Mateo y en san Marcos Jesús es el que escucha la voz del Padre que dice “Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco”; aquí es Juan el Bautista el que dice a nosotros: “Yo doy testimonio que este es el Hijo de Dios”. Para Juan el signo más importante era la venida del Espíritu Santo. Esto fue lo que lo llevó a entender que Jesús era el Mesías el Hijo de Dios.

Juan vio un signo y al mismo tiempo entendió el significado de ese signo: “Ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo”. El testimonio de Juan es fruto de una revelación: “Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo”. Por un lado, está lo que Juan vio y, por otro, lo que Dios le reveló. Aquí sucede lo mismo que cuando Pedro confesó que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le dijo a Pedro: “Esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16, 17). No bastan los signos, se necesita también la gracia de Dios, se necesita su acción reveladora para que entendamos los signos que Dios mismo nos da.

Juan fue testigo de que Jesús recibió el Espíritu Santo, no porque le faltara, sino para realizar su misión. Pues bien, la misión de Jesús consistió en ser el Cordero de Dios. Cuando Juan habla de “Cordero de Dios”, es una referencia a Isaías 53, 12 en donde se habla del Siervo de Yahveh: “Que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes”. Es decir que Cristo para llevar a cabo la misión de perdonar los pecados va a morir en la cruz como el Cordero anunciado por el Profeta. Jesucristo bajo la acción del Espíritu Santo, se ofreció al Padre como sacrificio para el perdón de los pecados y como fruto de su sacrificio en la cruz derrama el Espíritu Santo sobre su Iglesia. Es precisamente el sacrificio de Cristo en la cruz, bajo la acción del Espíritu Santo, la fuente de la santificación. ¡Jesús perdona los pecados porque bautiza con el Espíritu Santo!

Juan nos explica ampliamente quién es Jesús y cuál es su misión, pero no nos dice qué es lo que nosotros tenemos que hacer para que se nos perdonen los pecados. Sin embargo, dice: “Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”. ¡Aquí está lo que tenemos que hacer! Si Cristo tenía que ser dado a conocer, entonces lo que tenemos que hacer es conocerlo y conocerlo significa amarlo y seguirlo y, en la medida que lo conocemos y lo seguimos, él nos da más el Espíritu Santo, la gracia de arrepentirnos y el perdón de los pecados.

Todos hemos recibido el Espíritu Santo en el sacramento del bautismo, que nos hizo hijos de Dios, y todos hemos recibido una nueva efusión del Espíritu Santo en el sacramento de la confirmación; desafortunadamente no todos vivimos bajo la acción del Espíritu Santo y, por lo mismo, nuestra relación con Dios es, muchas veces, fría y legalista con la observancia de prácticas religiosas muy buenas, pero que les falta alma y un corazón que palpite en sintonía con Dios y que busque constantemente el perdón de los pecados y, por supuesto, al que es la fuente del Espíritu y del perdón, es decir a Jesucristo.

Muchas veces parece que sólo estamos bautizados en agua o que sólo hemos recibido el bautismo de Juan. Nos hace falta más conciencia de la acción discreta, silenciosa, pero eficaz del Espíritu de Dios. Por eso, cuando nos falta esto, vamos por la vida como almas en pena, medio muertos, sin rumbo fijo y sin esperanza. En cambio, cuando conscientemente nos dejamos mover por ese fuego divino en nosotros experimentamos una vida nueva, una alegría que sólo la da Dios y una esperanza que no se apoya en las cosas de este mundo, sino en la promesa de la vida eterna.

Es verdad que se habla en la Iglesia, especialmente en la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo, del “bautismo en el Espíritu”, como de una efusión especial posterior al bautismo que nos hizo hijos de Dios. El Espíritu sopla donde quiere y puede venir a quien quiere y como quiere, pero eso no significa que el bautismo que nos introdujo en la Iglesia carezca de valor; al contrario, es esa consagración la fuente de la nueva efusión. Hay que aclarar que el que vive su bautismo de manera profunda y comprometida no necesariamente tiene que experimentar una nueva efusión especial, pues ya vive el bautismo en el Espíritu. El bautismo en el Espíritu Santo se da más bien, en algún momento de gracia y de fuerte conversión, sobre aquellos que no vivían bajo su acción. Así pues, Cristo nos ha bautizado con su Espíritu para el perdón de los pecados. ¡No dejemos que se apague el fuego del Espíritu en nosotros!

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Te damos gracias, Señor Dios, por el testimonio de Juan el Bautista sobre tu Hijo Jesús. Juan no sólo preparó al pueblo para que recibiera a tu enviado, sino que lo señaló ya presente. Juan tuvo la gracia de tu revelación para ver el signo del Espíritu descender sobre tu Hijo amado y tuvo también la misión de darlo a conocer a Israel como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Concédenos también la gracia de ver los signos de tu amor.

Señor Dios, gracias por tu amor a cada uno de nosotros pecadores. Te damos gracias por la encarnación de tu Hijo Jesucristo a quien ungiste con el Espíritu Santo para que, bajo su acción y unción, muriera por nosotros en la cruz como el Cordero anunciado por el profeta Isaías que cargaba sobre sí las culpas de los pecadores. Concédenos la gracia de cargar con nuestra cruz de cada día.

Gracias Señor, porque no sólo nos revelaste a tu Hijo Jesucristo, sino que por medio de Él has quitado el pecado del mundo en aquellos que hemos sido bautizados con el Espíritu Santo al ser sumergidos en tu Hijo Jesucristo por la gracia del bautismo que nos ha hecho hijos tuyos. Concédenos la gracia de dar testimonio de que Cristo ha perdonado nuestros pecados.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor nos pide estar atentos a los signos de su presencia en nuestros tiempos, en nuestra historia contemporánea o en nuestra vida personal y, una vez descubiertos, dar testimonio de su acción salvadora para que él sea dado a conocer a los que no creen en él y piensan que Dios está totalmente ausente del mundo y de la historia.

Si Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, Dios nos pide que nos dejemos bañar con el Espíritu Santificador, fruto de su entrega en la cruz, con el cual Jesús nos limpia de todo pecado y nos hace santos y agradables a Dios para que, bajo la acción del Espíritu Santo, demos testimonio del amor de Dios y de la entrega de su Hijo Jesús en la cruz.

Dado que Cristo tenía que ser dado a conocer a Israel, Dios nos pide que conozcamos a su Hijo que se entregó por nosotros en la cruz y de su costado abierto brotó el agua del Espíritu santificador y también quiere que seamos sus discípulos, que sigamos sus huellas y que lo demos a conocer a los demás mediante el testimonio de nuestra vida y mediante la misión que cada uno tenga encomendada en su familia, en el mundo y en la Iglesia. ¡Que así sea!

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

 

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