Reflexiones e Indicaciones para la Semana Santa 2020

 

REFLEXIONES E INDICACIONES PARA LA SEMANA SANTA.

Circular 20/20.
1 de abril de 2020.
Asunto: Semana Santa.

A mis hermanos sacerdotes de la Diócesis de Papantla.

Estimados cuatro veces hermanos (por ser humanos, bautizados, ordenados e incardinados a esta diócesis), los saludo con afecto y quiero compartir con ustedes algunas reflexiones e indicaciones para celebrar y vivir esta Semana Santa.

En primer lugar, hay que afirmar que la Semana Santa la vamos a celebrar y, por medio de ella, vamos a dar gloria a Dios que nos salva. Ciertamente la vamos a celebrar en otras condiciones, muy duras desde el punto de vista humano, social, espiritual y litúrgico, pero la vamos a celebrar y, probablemente, de manera más profunda, espiritual y con mayores frutos para nosotros y para nuestro pueblo.

No cabe duda de que la situación que estamos viviendo es una prueba, tanto para nuestros feligreses como para nosotros sacerdotes que estamos acostumbrados a reunirnos como familia de Dios para celebrar su amor a través de la gracia de los sacramentos, especialmente el sacramento de la Eucaristía, en el cual, el Señor nos congrega, nos santifica y nos edifica como iglesia peregrina.

La situación de confinamiento litúrgico que ya estamos viviendo me hace pensar en los tiempos de las catacumbas que vivieron los primeros cristianos en tiempos de persecución a la fe. Cierto que ahora no se trata de persecución, pero podemos caer en una psicosis colectiva que nos paralice psicológica y espiritualmente y nos haga mucho daño. Esto no lo debemos permitir, pero ¿cómo hacerlo? Hay que asumir esta situación como una oportunidad para convertirnos más al Señor y estar a solas con Él, que padeció por nosotros dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas (cfr. 1 P 2, 21). También será una oportunidad para aprovechar que se ha detenido la carrera desenfrenada que el mundo llevaba y no nos dejaba tiempo ni para nosotros ni para Dios.

Vamos a vivir un tiempo de soledad social, pero no debemos permitir que este tiempo se convierta en un tiempo de soledad sin Jesús. Si somos capaces de vivir momentos profundos de meditación y de oración ante Jesús Eucaristía, tanto en la celebración como en la adoración, nuestra soledad será muy fecunda para nuestra vida personal y para nuestros feligreses, que van a estar siempre presentes en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestras oraciones y, por otro lado, ellos estarán en comunión espiritual con nosotros, no sólo esperando en nuestras oraciones, sino orando por nosotros.

En las anteriores condiciones ordinarias vivíamos más volcados hacia afuera de nosotros mismos, tanto en lo social como en lo espiritual. La situación que estamos viviendo nos obliga a evitar los encuentros sociales y litúrgicos numerosos, pero no nos impide celebrar la Eucaristía en soledad litúrgica y espiritual en unión con todo el cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. Por tanto, este tiempo puede ser una gran oportunidad para crecer en la vida interior y en la comunión de los santos. Es una oportunidad y un reto. Oportunidad, porque tenemos tiempo y un reto, porque no estamos acostumbrados a entrar profundamente en nosotros mismos, no estamos muy acostumbrados a estar a solas con Jesús. Siempre necesitamos vida interior, pues esta es nuestra oportunidad, no la desaprovechemos.

Sabemos que en la Eucaristía Cristo se ofrece al Padre por nosotros y nos salva, si nosotros lo ofrecemos y nos ofrecemos justamente con él. La Eucaristía es la ofrenda de Cristo al Padre con la cual Él le da gloria. Nosotros en la Eucaristía no sólo ofrecemos a Cristo, sino que unidos a él también nos hacemos ofrenda. La Misa no sólo hay que decirla, sino vivirla. Nuestra vida puede ser eucarística, tanto en la celebración como fuera de ella, si la vivimos ofrecida a Dios por la salvación de los demás. Ahora tenemos la oportunidad de valorar y vivir, en nuestra soledad litúrgica, este misterio eucarístico haciéndonos ofrenda con la ofrenda de Cristo en el calvario que se actualiza o se hace presente en el sacramento del altar, con todo su poder salvador, no sólo por los que están presentes, que ahora serán pocos, sino por todos nuestros feligreses y por el mundo entero.

Por otro lado, y como contraparte a nuestra soledad, nuestros feligreses van a tener la oportunidad y la experiencia de madurar como iglesia doméstica en la que los padres de familia tienen un papel relevante en la trasmisión de la fe, cosa que muchos, por su trabajo, no ejercían suficientemente como para contrarrestar toda la influencia externa de tantos mensajes y enseñanzas sin valores humanos y sin trascendencia espiritual correspondiente a nuestra fe cristiana. Para ellos este tiempo será una oportunidad de madurar en la experiencia de que el Dios de la vida está donde está la vida, en la casa, en la familia y, esto no sólo cuando se pongan a hacer oración, sino en todo momento cuando se encuentren en relación unos con otros, como miembros de la misma familia, pequeña familia que es signo y realización de la Iglesia.

Necesitamos una buena estrategia psicológica y espiritual para enfrentar esta pandemia. Creo que lo que hay que evitar es el miedo que nos puede paralizar y enfermar. Me parece que tenemos la oportunidad y el poder de elegir entre no tener miedo a la muerte o tratar de salvar la vida a toda costa. ¿Quiénes morirán ahora no lo sabemos?, pero todos moriremos algún día. Vivir con cuidados, responsabilidad y sin miedo nos dará más probabilidades de sobrevivir a esta amenaza. Por tanto, ciertamente hay que ser responsables para cuidarnos y para cuidar a los demás cumpliendo las medidas de prevención, pero sin entrar en pánico. Decía Jesús: “Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien la pierda por mí, ese la salvara” (Lc 9, 24). Me parece que esta es la mejor solución: Pongamos nuestra vida en manos de Dios y pidamos a Jesús la gracia de poder hacer esa elección y que sea lo que Él quiera. Nuestra vida, ahora y siempre, por un tiempo corto, o por toda la eternidad, está más segura en manos de Dios.

La Sagrada Escritura nos habla mucho del designio de amor que Dios tiene para nosotros los seres humanos capaces de grandes obras buenas, como también de grandes pecados, pero cuando se trata del dolor no tenemos muchas explicaciones, sino a Cristo crucificado, junto al cual estaba María al pie de la cruz. En ese momento María dio a luz a la Iglesia con dolores de parto espirituales porque lo que su Hijo sufría en carne propia, ella lo sufría espiritualmente en su corazón. Por eso, ante el dolor, la angustia o la desesperación que podamos padecer, en este tiempo de epidemia, la Santísima Virgen María tiene toda la experiencia para comprendernos y el poder de la intercesión para alcanzar de Dios los dones que necesitemos para enfrentar esta situación. Así que, cuando sintamos que el dolor y la angustia se apoderan de nosotros contemplemos a Cristo crucificado y a María al pie de la cruz. Ahí está la explicación del dolor, del amor de Dios y del perdón de nuestros pecados.

Teniendo en cuenta lo anterior podríamos preguntarnos ¿cómo vamos a vivir la Semana Santa? Ciertamente con las medidas higiénicas ya indicadas de prevención del contagio y sin asistencia de feligreses, salvo los que nos asisten en la celebración y en la trasmisión, pero sobre todo la vamos a vivir en santa comunión espiritual con nuestros feligreses y con la iglesia universal.

Pido a los sacerdotes que, como nos ha dicho la Congregación para el Culto Divino: “Los fieles sean avisados de la hora del inicio de las celebraciones, de modo que puedan unirse en oración desde sus propias casas”. Esa unión en oración debe hacerse a través de los medios digitales, o con el subsidio de la Arquidiócesis de Puebla que les mando a ustedes para que lo distribuyan entre sus fieles para la participación de cada una de las celebraciones de la Semana Santa en familia. De no contar con ninguna de las dos opciones anteriores hay que pedir a las familias que se unan espiritualmente con una oración sencilla a cada una de las celebraciones de la Semana Santa.

Hoy en día se necesita creatividad para la evangelización por los medios digitales. En este sentido, el periódico diocesano, la carta a los cristianos u otros subsidios pastorales se deben hacer en forma digital.

La Congregación para el Culto Divino nos ha indicado que: “Las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del Obispo diocesano podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre”. Ojalá que éstas las podamos hacer en esas fechas, como agradecimiento, cuando ya haya pasado la epidemia, pero, por ahora, ello no impide que podamos hacer, tanto en nuestras casas como en nuestras iglesias, algunos signos propios de estos días: ramas en nuestras casas e iglesias para el Domingo de Ramos, panes para el Jueves Santo, el signo de la cruz para el Viernes Santo y el signo de la luz para el Sábado Santo en la noche. Propongo también (no es un mandato) hacer algunos signos públicos, nosotros solos (no es procesión). Por ejemplo, sacar una imagen o incluso el Santísimo Sacramento en algún vehículo adornado y con un sonido para cantos o meditaciones. Esto, en coordinación con las autoridades locales.

El Domingo de Ramos, es el Domingo de la Pasión del Señor, día en que con una procesión seguimos a Cristo en su entrada triunfal a Jerusalén. Para este día propongo lo siguiente:

• Antes de la celebración eucarística, en la medida de lo posible, sin entorpecer el tráfico, y en coordinación con las autoridades, quizá podemos hacer un recorrido por algunas calles de nuestra parroquia, en un vehículo adornado, con una imagen de Cristo Rey o del Sagrado Corazón. Para ello, que nuestros fieles pongan en las puertas de sus casas alguna ramita que tengan en sus casas, ya sea de su jardín o de una maceta (no conviene que vayan a comprar los tradicionales ramos) y nosotros pasamos orando y cantando y echando agua bendita o simplemente pidiendo a Dios que nos bendiga a todos.

• Además, a la hora de empezar la Misa no olvidemos hacer la bendición de ramos con la fórmula tercera, como nos indica la Congregación para el Culto Divino. Hagámoslo con la intención especifica de que Dios bendiga los ramos que nuestras familias tienen preparados en sus casas, sobre todo pensando en los lugares a donde no pudimos llegar.

El Jueves Santo, como sabemos es un día eminentemente eucarístico y sacerdotal.

• En este día, como ya nos ha comunicado la Congregación para el Culto Divino, omitiremos el lavatorio de los pies y el traslado posterior del Santísimo Sacramento. Esto significa que no podremos hacer la tradicional adoración al Santísimo en el monumento donde se coloca la urna, pero se puede hacer una sencilla procesión dentro del templo y, una vez depositado en el sagrario, podemos hacer un momento de adoración.

• Dado que este día el signo es el pan invitemos a nuestros feligreses a que en su casa tengan unos panes preparados y nosotros, pediremos a Dios que los bendiga juntamente con los que bendeciremos en la celebración (si tienen agua bendita que la rocíen sobre los panes).

• Es muy importante en este día agradecerle a Dios, tanto en familia como en nuestras iglesias, la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, así como el mandato de la caridad de amarnos los unos a los otros como Cristo nos ha amado.

• Somos un pueblo sacerdotal y eucarístico. Ese día renovemos nuestra fe en que somos un pueblo consagrado al Señor que en este momento hace la comunión espiritual eucarística en la comunión de todos los santos.

El Viernes Santo tenemos ordinariamente el tradicional viacrucis, las siete palabras, la celebración de la Pasión del Señor y la procesión del silencio.

• En esta ocasión propongo que, desde nuestras parroquias, se haga y se trasmita el viacrucis, las siete palabras y la celebración de la Pasión del Señor, pero también se puede hacer algún signo público.

• Para el viacrucis, los sacerdotes, a una hora temprana, podemos rezarlo en un vehículo adornado con una imagen de nuestro padre Jesús o el Nazareno. Nuevamente insisto, sin entorpecer el tráfico, y en coordinación con las autoridades. Nuestros fieles pueden unirse desde su casa también haciendo el viacrucis.

• La meditación de las siete palabras la hacemos en nuestra iglesia parroquial e invitamos a nuestros fieles a que se unan espiritualmente en ese horario.

• La celebración de la Pasión del Señor la hacemos en nuestra iglesia parroquial e invitamos a nuestros fieles a que se unan espiritualmente en ese horario. Para la adoración, los fieles pueden preparar un crucifijo o una cruz que tengan en su casa y después de la celebración de la palabra o de la oración, el que preside toma la cruz y dice: “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo colgado el salvador del mundo” y los demás responden “Venid y adoremos” (subsidio pág 27). Con esto termina la adoración de la cruz.

• En la celebración de la Pasión del Señor la Congregación para el Culto Divino nos ha recordado que: “En la oración universal, los Obispos se encargarán de preparar una especial intención por los que se encuentran en situación de peligro, los enfermos, los difuntos (Cf. Missale Romanum). La adoración de la Cruz con el beso se limite sólo al celebrante” (No. 4). Para ello adjunto la oración que, de última hora, nos han enviado para que se agregue a la oración universal del Viernes Santo.

Para el Sábado Santo por la noche los signos son el fuego, la palabra, el agua y el pan.

• Para iniciar nuestra Vigilia Pascual podemos omitir la bendición del fuego y sólo bendecir el cirio pascual y los pocos cirios de nuestros asistentes y no olvidar bendecir en ese momento los cirios de nuestros feligreses que desde sus casas estarán en oración y en comunión con nosotros.

• Mientras nosotros hacemos lo anterior en la iglesia, nuestros feligreses pueden, desde sus casas, en comunión espiritual con nosotros encender sus cirios y pedir a Dios que los bendiga (los rocían con aguan bendita, si la tienen). En casa, el que preside la oración, concluye este momento levantando su cirio y diciendo: “Cristo luz del mundo” y los demás contestan “Demos gracias a Dios” (subsidio pág 29). Así termina la bendición de los cirios.

• Para la liturgia de la palabra de este día basta escoger tres lecturas del Antiguo testamento, la epístola, el salmo y el evangelio, pero téngase en cuenta que la lectura del Éxodo nunca se debe suprimir.

• En este día no habrá bautismos de adultos o catecúmenos, sólo la renovación de las promesas bautismales. Para ello, pidamos a nuestros feligreses que tengan un poco de agua en su casa (si es bendita mejor) y nosotros desde nuestras parroquias pedimos a Dios que bendiga el agua que nuestros feligreses tienen preparada. Al mismo tiempo ellos en su casa oran y pidan a Dios la bendición del agua con la que los padres de familia, después de recitar el credo, se rocían a sí mismos y a toda la familia.

Domingo de Resurrección es el día del paso de la muerte a la vida, es el día de la Victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Es el día de la luz y de la gloria del Señor, cuya alegría se prolongará durante cincuenta días para esperar el don del Espíritu Santo en la fiesta de Pentecostés.

• El 12 de abril a las 12:00 hrs, nos uniremos al ACTO DE CONSAGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, EMPERATRIZ DE AMÉRICA, que se va a llevar a cabo desde la Basílica de Guadalupe para pedirle la salud y el fin de la pandemia.

• Para este acto los fieles podrán unirse a través de las plataformas digitales.

• Nosotros, en la catedral y en las parroquias, lo haremos de la siguiente manera:

♦ Se tocarán 12 campanadas y en ese momento iniciamos el Santo Rosario Misionero por la salud de las personas de los cinco continentes.
♦ Enseguida continuaremos con la celebración de la Santa Misa de Resurrección.
♦ Y concluiremos con el acto de Consagración a Nuestra Madre con la oración propuesta por el CELAM.

Quiero pedirles también que seamos muy cuidadosos, responsables en el cumplimiento de las medias cautelares para evitar el contagio del coronavirus y lo mismo recomendemos a nuestros feligreses: que si alguien se siente enfermo se aísle de los demás. Es grave que alguien contagiado salga a hacer vida social poniendo en peligro la salud de los demás. Por otro lado, hay que mantenerse constantemente informado de las medias que las autoridades de salud vayan dando en el proceso en el que nos encontramos y así no falte conciencia social para cuidarnos unos a otros. Que todos, con actitud, palabras y hechos seamos promotores de la sana distancia y de la campaña quédate en casa.

Finalmente les invito a que pidamos a Dios que, por intercesión de nuestra Madre Santísima, la Virgen Santa María de Guadalupe y de San Rafael Guízar y Valencia, nos conceda muchas bendiciones espirituales para cada uno de nosotros y cada uno de nuestros feligreses, especialmente que seamos librados de la epidemia que estamos padeciendo.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

 

Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter