“¿Cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“¿Cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Mt 22, 34-40:

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”.

Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el más grade y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. En el Evangelio de hoy un doctor de la ley le hace una pregunta a Jesús: ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?
2. Como el que le pregunta es un conocedor, Jesús responde con un pasaje de Deuteronomio 6, 4ss que ellos recitaban todos los días: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”.
3. Pero Jesús agrega un segundo mandamiento citando al libro del levítico 19, 18: “Amarás al prójimo como a ti mismo”.
4. Jesús concluye diciendo que en estos dos mandamientos se fundan la ley y los profetas, es decir que, aunque no se identifiquen entre sí, no pueden separarse uno del otro.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

En el evangelio de hoy un doctor de la ley le pregunta a Jesús: “Cuál es el mandamiento más grande de la ley”. En tiempos de Cristo los maestros habían desmenuzado la ley en seiscientos trece preceptos; doscientos cuarenta y ocho mandamientos positivos y trescientas sesenta y cinco prohibiciones. Por eso, para no perderse entre tantos preceptos, era de vital importancia jerarquizarlos, saber cuál era el principal. La respuesta de Jesús, al doctor de la ley, resuelve, como dice él, dónde se fundan toda la ley y los profetas, es decir cuál es su fundamento, su esencia o el centro de toda la ley. Como el que le pregunta es un conocedor de la ley, Jesús le contesta tomando textos de la Sagrada Escritura. El mandamiento más grande está en el libro del Deuteronomio 6, 4ss. Se trata de la oración que todo judío piadoso recitaba en la mañana y en la tarde: “Escucha Israel, el Señor es el único, amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”, es decir con todo tu ser.

Pero Jesús agrega como importante un segundo mandamiento. Para ello, cita el libro del Levítico 19, 18 donde la palabra “prójimo” se refiere a un connacional; en cambio, en boca de Jesús, se trata de todo hombre y toda mujer, independientemente de su raza, color o nacionalidad y, además, este mandamiento es la verificación concreta del primer mandamiento, el del amor a Dios, pues como dice san Juan: “Si alguno dice: ‘amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4, 20). Esto que dice san Juan es muy frecuente cuando nos falta conocimiento y experiencia del amor de Dios, pues sólo desde la luz y la experiencia de Dios se puede ver en los demás, especialmente en los que sufren, el rosto sufriente de Cristo. Si no nos hemos encontrado con Cristo y si no hemos experimentado su amor, no podremos amar a su estilo. Sin experiencia del designio amoroso de Dios no podremos vivir este mandamiento. Necesitamos primero sentirnos amados por Dios para poder amar como Dios.

Entre los rabinos, de aquel tiempo, el amor al prójimo no tenía importancia, estaba muy separado del amor a Dios. Ahora bien ¿Por qué Jesús unió el mandamiento del amor al prójimo al mandamiento del amor a Dios? Porque cuando hay a nuestro lado gente que sufre no se puede amar a Dios olvidándose de ellos. El amor a Dios va más allá de sentimientos, de emociones o de devociones. Nosotros tenemos la tendencia de amar a Dios, a solas, encerrándonos en el sentimiento o en la devoción. Cuando hacemos esto y olvidamos que somos parte de un pueblo formado por seres humanos a quienes Dios ama, eso significa que no amamos al Dios que es amor. No se puede amar a Dios sin escuchar el clamor de los pobres a quienes Dios ama. Si de verdad amamos a Dios, por tanto, debemos amar también a los que Dios ama y como él los ama.

Jesús une, en otro pasaje evangélico, estos dos mandamientos en uno sólo, el mandamiento del amor: “Amaos los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15, 12). Ahora bien, estos dos mandamientos no se identifican ni se confunden entre sí, una cosa es el amor a Dios y otra es el amor al prójimo; sin embargo, estos dos mandamientos no se excluyen el uno al otro: el que ama a Dios debe demostrarlo en el amor al prójimo, pues el amor a Dios, en forma pura, sin el amor al prójimo puede ser engañoso porque a lo mejor lo que amamos no es a Dios, sino una imagen deformada que nos hemos hecho de él, es decir un ídolo fabricado por nosotros a nuestra medida.

Hay que notar que en el mandamiento del amor al prójimo se dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, pero si no sabemos amarnos a nosotros mismos como Dios quiere, menos vamos a amar al prójimo. Para entender el mandamiento del amor al prójimo Jesús dijo en otra ocasión: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 15, 12). Así pues, no se trata de amar de cualquier manera, sino como Jesús nos ha amado, es decir dando la vida por lo demás. En este mandamiento de Jesús, y en esta forma de amar como Jesús, se resumen todos los mandamientos.

San Pablo dijo que amar al prójimo es cumplir la ley y que la caridad es la ley en su plenitud (cfr. Rm 13, 8-10). San Agustín llegó a decir: “Ama y haz todo lo que quieras”. En efecto, si verdaderamente amamos no le vamos a causar daño a nadie. También dijo San Agustín que el mandamiento del amor a Dios es el primero en el orden del pensar; pero en el orden del actuar lo primero es el amor al prójimo. En este sentido, para llegar al cielo, el amor al prójimo es el camino; en cambio, el amor a Dios es el fundamento y la meta del camino.

Así que el mandamiento más grande es el mandamiento del amor. Este mandamiento hay que entenderlo desde Cristo crucificado que une el cielo y la tierra y, al extender sus brazos, une a los hombres entre sí. El travesaño vertical nos une a Dios y el travesaño horizontal nos abraza a todos como hermanos. Ahora bien, el mandamiento del amor no se trata de un sentimiento o de una emoción o de una devoción, sino de una opción de fe que se ha de vivir con relación a Dios y con relación al prójimo, especialmente a los más pobres o a los que más sufren.

El mandamiento del amor, vivido como lo vivió Jesús. San Marcos en el paralelo de esta lectura dice que: “Amar a Dios y al hermano vale más que todos los sacrificios” (Mc 12, 33), eso significa que el mandamiento del amor podría ser más importante que ir a Misa, sobre todo si vamos sólo por cumplimiento y no con un amor a Dios que esté precedido con hechos de amor al prójimo. El amor al prójimo debe preceder, acompañar y proseguir la celebración eucarística: “Por el amor mutuo y, en particular, por la atención a los necesitados se nos reconocerá como verdaderos discípulos de Cristo. En base a este criterio se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas” (Mane Nobiscum Domine No. 28).

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Señor, te bendecimos y te damos gracias porque eres amor y siempre nos amas, aunque nosotros no siempre te correspondemos como es tu voluntad. Danos la gracia de experimentar, en Cristo crucificado, el amor que nos tienes para poder amarte como tú quieres y también poder amar a nuestros hermanos.

Señor Dios, toca con tu gracia las fibras más profundas de nuestro corazón para que descubramos nuestras miserias y pecados, pero sobre todo para que experimentemos la profundidad de tu amor, sin enajenarnos de la vida real y de las necesidades de los hermanos que más sufren.

Señor Dios, tú quieres que te amemos sobre todas las cosas, pero no haciendo a un lado el amor al prójimo, sino al contrario viviéndolo como expresión de amor a ti y camino para ir a tu Reino donde la experiencia de amor a ti y a nuestros hermanos no tendrá fin.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor nos ama y quiere que correspondamos a su amor. Por tanto, para ello, nos pide que nos dejemos amar, pues si no experimentamos su amor no podremos amar a él ni a nuestro prójimo y menos como Dios quiere que lo amemos.

Concédenos, Señor que nuestro amor a ti y a nuestro prójimo no sea un puro sentimentalismo, sino una entrega de vida y una opción de fe madura que exprese que tú no sólo has tocado nuestro corazón, sino que vives en él llenando toda nuestra vida de tu amor y del deseo de compartir este amor especialmente con los que más sufren.

El Señor nos pide que no separamos el amor a él y el amor al prójimo. Ciertamente no es lo mismo, no se identifican, pero no deben separarse porque el amor a Dios nos lleva al amor al prójimo y el amor al prójimo nos lleva al encuentro de Dios.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

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