Lectio Divina II Domingo de Adviento: “Preparen el camino del Señor”.

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Preparen el camino del Señor”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Mc 1, 1-8
Este es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito:

He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.

En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. “Este es el principio”. Estamos ante un nuevo comienzo, ante una nueva etapa de la salvación.
2. El texto citado de Isaías que hablaba de preparar el camino del Señor se refería a una nueva liberación, ahora de Babilonia, pero como Juan cumple esa palabra predicando un bautismo de penitencia, eso significa que la liberación no es local, sino espiritual.
3. Juan cumple también con la profecía del mensajero que debía venir delante del Señor por eso dice: “Ya viene detrás de mí, uno que es más poderoso que yo”.
4. El evangelio concluye diciendo que Jesús bautizará con el Espíritu Santo, lo cual indica que él es la fuente del Espíritu para el perdón de los pecados.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

En el evangelio estamos ante un nuevo comienzo, ante una nueva etapa de la salvación y tenemos un mensaje esperanzador y de consuelo, así como una invitación para que preparemos el camino del Señor. Esta Buena Nueva tiene como centro a Jesús Cristo, el cual aparece como ungido, Hijo de Dios y el que bautizará con el Espíritu Santo.

Cuando en el evangelio se dice: “Preparen el camino del Señor; enderecen sus senderos” se hace referencia a un pasaje del libro del profeta Isaías que anunciaba la liberación del pueblo exiliado en Babilonia que ya iba a regresar a Jerusalén y para esto era necesario preparar el camino de regreso. Como se trataba de una nueva liberación, podríamos decir que se trataba de un nuevo éxodo, de una nueva salida de una situación de opresión para pasar a una etapa de libertad. Pero ahora el evangelio dice que: “En cumplimiento de esto”, apareció Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados”, es decir que preparar el camino del Señor en tiempo de Cristo no consistía en hacer una autopista, sino que se trataba de preparar el corazón para el encuentro con él haciendo un camino de conversión.

El evangelio dice que apareció Juan predicando “en el desierto”. No dice que apareció en las ciudades en las cuales se viven muchos apegos que impiden encontrarse con Dios. El desierto tiene como recuerdo histórico la salida de Egipto, la marcha hacia la tierra prometida y las pruebas que el pueblo de Dios pasó para darse cuenta de que Dios lo acompañaba y lo alimentaba especialmente con su Palabra. Recordemos que Israel aprendió en el desierto que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (cfr. Dt 8, 3). Además, Juan predicaba en el desierto porque ahí no hay ninguna seguridad humana, ningún apego, solamente se puede uno encontrar consigo mismo o con Dios. El desierto es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión y, precisamente, el evangelio nos dice que: “Acudían a Juan de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán”.

Lo anterior significa que en este tiempo de adviento debemos de vivir una especie de desierto para encontrarnos con Dios. Las gentes de aquel tiempo salían de las ciudades y acudían a Juan. ¿Cómo podremos nosotros vivir este desierto para preparar el camino del Señor en nuestra vida? No es fácil salir de nuestras ciudades, pero es necesario salir de nuestra comodidad o de nuestra individualidad. Cada uno debería de hacer un examen de su vida para ver en dónde está situado o dónde está estancado, atado o amarrado. Los habitantes de Jerusalén reconocían sus pecados. Eso necesitamos también hacer nosotros, reconocer nuestros pecados y pedir perdón al Señor. Eso es preparar el camino del Señor, lo demás es la llegada del Señor, pero de eso se encarga él porque lo que está esperando para llegar a nuestras vidas es que nos demos cuenta de qué es lo que nos aparta de su amor y que desocupemos nuestro corazón de tantas cosas que lo tienen atado, endurecido y adormecido.

Juan dice al final de este evangelio: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo”. Con estas palabras, a pesar de que tanta gente lo seguía, Juan no se apropia lo que no le corresponde, sino que señala al que dará la salvación. Se trata de Cristo, el esperado de los tiempos, el que nos trae la paz de Dios al corazón. Pero, sobre todo, Juan dice de Jesús que “Él los bautizará con el Espíritu Santo”. Debemos dar toda la importancia que tienen estas palabras. La fuente del Espíritu Santo es Jesús, él fue concebido por obra del Espíritu Santo (cfr. Lc 1, 35) y cuando fue bautizado en el Jordán el cielo se abrió y bajó sobre él el Espíritu Santo (cfr. Mc 1, 10). Lo anterior sucedió para darse a conocer a Israel como el Mesías y para llevar a cabo la misión de bautizar al mundo con el Espíritu Santo. Más tarde precisamente a sus discípulos les dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí”, como dice la Escritura, de su seno correrán ríos de agua viva” (Jn 7, 37-38).

Así que, en este tiempo de adviento, dispongamos nuestro corazón para que venga Jesús y nos llene de su Espíritu. En el tiempo que nos ha tocado estamos padeciendo violencia, inseguridad y muerte. Esta última por la violencia o por el coronavirus. Por tanto, necesitamos la presencia de Jesús y de su Espíritu para consolarnos, para animarnos, pero sobre todo para arrepentirnos de nuestros pecados y convertirnos. Lo bueno es que a Dios le basta cualquier cosa que hagamos para entrar en nuestro corazón, basta alguna rendija o un hueco en nuestro corazón para introducirse y llenarlo con su presencia. Todo lo que hagamos con este propósito es preparar el camino del Señor.

Preparar el camino del Señor no es convertirnos en constructores de autopistas, no se trata de preparar un camino material, sino que se trata de hacer un camino espiritual, se trata de disponerse, con la ayuda del Espíritu Santo, a un cambio de mente, a un cambio de corazón, a un cambio de vida que, por supuesto, trae el perdón de los pecados, la comunión con Dios y la solidaridad y la reconciliación entre nosotros como hermanos. Así que, preparemos el camino del Señor, el camino de la conversión, el camino del corazón.

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Señor Dios, te bendecimos porque en este adviento nos das una nueva oportunidad de empezar de nuevo, te damos gracias porque nos das la gracia y la oportunidad de un nuevo comienzo para salir al encuentro de tu Hijo que viene a nuestro encuentro.

Te damos gracias porque, por medio de tu Hijo, quieres realizar en nosotros un nuevo éxodo, una nueva liberación, es decir una nueva salida de nuestras oscuridades, esclavitudes y pecados. Tú nos invitas a preparar el camino del Señor reconociendo que somos pecadores y abriendo nuestro corazón a Cristo que viene a nuestro encuentro.

Te damos gracias, Señor, porque el día de nuestro bautismo, por medio de Jesucristo tu Hijo, hemos sido bautizados con el Espíritu Santo, pero Cristo nos sigue ungiendo una y otra vez espiritualmente con su Espíritu Santo cada vez que le abrimos nuestro corazón y lo invocamos.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

Dios nos pide, en este tiempo de adviento, preparar el camino para la venida del Señor Jesús, pero no un camino material, sino un camino espiritual. Para ello, hay que dejar que la luz de Dios ilumine las tinieblas de nuestro corazón y así enderecemos nuestros senderos torcidos.

Dios nos pide reconocer nuestros pecados, él quiere vivamos un desierto espiritual en nuestro corazón. Reconocer nuestros pecados y pedir perdón es abrir el corazón a Cristo y a quienes hemos ofendido. Esto es muy importante para que venga el Señor Jesús a nuestras vidas.

El Señor nos pide abrir nuestro corazón a Cristo que viene a nuestro encuentro. De hecho, él vino a nuestro encuentro desde el día de nuestro bautismo, pero nos puede bañar con su Espíritu Santo muchas veces, de manera espiritual, cada vez que lo invoquemos.

Dios nos pide preparar el camino del Señor Jesús disponiéndonos, por medio del Espíritu Santo, para que se realice en nosotros un cambio de mente, un cambio de corazón, un cambio de vida que nos dé la liberación espiritual que necesitamos para salir al encuentro del Señor.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

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