Circular 05/21. Cuaresma y pandemia 2021

Circular 05/21.
13 de febrero de 2021.
Cuaresma y pandemia.

Estimados hermanos sacerdotes

Con la llegada de la cuaresma vamos a tener una nueva oportunidad de renovar nuestra vida cristiana y nuestra respuesta al llamado que el Señor nos ha hecho por la gracia del sacramento del orden. Falta poco para que completemos un año de pandemia y todavía no sabemos hasta cuando durará este flagelo que está azotando a la humanidad. Muchos se han contagiado y algunos de ellos, de grata memoria, ya no están con nosotros en esta cuaresma.

Les invito, hermanos, a que dispongamos nuestro corazón para vivir esta cuaresma con ánimo alegre, responsable y creativo para realizar nuestra vocación y misión, cuidando nuestra salud y la de nuestros hermanos.

Para vivir espiritualmente la cuaresma y cuidar nuestra salud y la de los fieles encomendados a nuestro ministerio pastoral quiero compartir las siguientes reflexiones pastorales y protocolos de prevención.

La limosna, la oración, el ayuno y el cuidado de la naturaleza.

El miércoles de ceniza empezamos la cuaresma como un camino espiritual hacia a la Pascua con la cual se celebra gozosamente la resurrección de Cristo y cuya alegría se prolonga hasta la fiesta de Pentecostés.

Para realizar el camino espiritual de la cuaresma hay que tener en cuenta la importancia de la palabra de Dios y la conversión personal o la renovación de ella. Para ello, basta dejarse llevar de la lectura de los textos bíblicos que la liturgia nos propone para cada día y, por otro lado, como nos lo dice la lectura evangélica del miércoles de ceniza, realizar las obras de piedad más importantes como son: la limosna, la oración y el ayuno, siempre y cuando, al hacer estas prácticas, no lo anunciemos con trompeta para que nos vea la gente, sino nuestro Padre Dios que ve lo secreto y lo recompensará.

Los Padres de la Iglesia de los primeros tiempos consideraban estas tres obras de piedad como la expresión de nuestra conversión al prójimo, a Dios y a nosotros mismos. En efecto la limosna es una obra de caridad hacia el prójimo, por tanto, con la limosna o las obras de caridad nos volvemos hacia los hermanos más necesitados. La oración, en cambio, es una acción con la que nos dirigimos hacia Dios, ya sea para darle gracias, alabarlo, pedirle perdón o ayuda. El ayuno, a diferencia de las otras dos acciones, es un volvernos hacia nosotros mismos, ya sea dejando de comer o dejando algún vicio o pecado que nos aparta de Dios y del prójimo.

Pero, además, estas tres obras de piedad no pueden separase una de otra. San Pedro Crisólogo decía: “Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud. Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia. Lo que pide la oración lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Oración, misericordia y ayuno: tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra. El ayuno es el alma de la oración, la misericordia es lo que da vida al ayuno. Nadie intente separar estas tres cosas, pues son inseparables. El que sólo practica una de ellas, o no las practica simultáneamente, es como si nada hiciese. Por tanto, el que ora que ayune también, el que ayuna que practique asimismo la misericordia”.

Desde el 24 de mayo del 2015 con la firma de la encíclica Laudato si, el Papa Francisco nos ha invitado también a la reconciliación con la naturaleza: “Cuando uno lee en el Evangelio que Jesús habla de los pájaros, y dice que «ninguno de ellos está olvidado ante Dios» (Lc 12,6), ¿será capaz de maltratarlos o de hacerles daño? Invito a todos los cristianos a explicitar esta dimensión de su conversión, permitiendo que la fuerza y la luz de la gracia recibida se explayen también en su relación con las demás criaturas y con el mundo que los rodea, y provoque esa sublime fraternidad con todo lo creado que tan luminosamente vivió san Francisco de Asís” (No. 221).

Por tanto, la conversión tiene cuatro direcciones: hacia el prójimo con la caridad, hacia Dios con la oración, hacia nosotros mismos con el ayuno y hacia la naturaleza con el cuidado y respeto hacia ella. Así pues, hermanos, vivamos esta cuaresma practicando la limosna, la oración, el ayuno y el cuidado de la creación.
La ceniza

El rito de la imposición de la ceniza es un sacramental, es decir un signo sensible que nos dispone para la recibir la gracia, en este caso, de la conversión durante la cuaresma. Para esto último, como ya se dijo antes, hay que hacer caridad a los necesitados, oración a Dios y ayuno de los pecados que nos aportan de Dios y respetar la naturaleza. Para continuar y dar plenitud a las obras de piedad está el sacramento de la reconciliación con el cual se nos da el perdón de los pecados.

La recepción de la ceniza es el primer paso que damos para iniciar el camino espiritual de la cuaresma. La ceniza es símbolo de nuestra nada. Cuando reconocemos que somos polvo, lo entendemos de toda nuestra integridad. Nuestro espíritu sin amor a Dios y a nuestro prójimo no es más que polvo y ceniza. Polvo soy y ceniza, dice Abraham a Dios para moverlo a compasión respecto a la generación pecadora (cfr. Gn 18, 27). Recibir la ceniza es reconocimiento de nuestra nada delante de Dios y, por otro lado, signo de nuestra buena disposición para que Dios amase nuestro polvo y le dé forma, como el alfarero, a lo que debemos ser: “Señor, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero, todos somos obra de tus manos todos nosotros” (Is 64, 7).

También, la ceniza es símbolo de nuestra disposición para la conversión. La conversión es un proceso de purificación, de humillación y exaltación y exige una disposición interior que se traduzca en gestos visibles. La ceniza no es más que un primer signo visible de todo el proceso, pero no es lo más importante. La ceniza no nos da la gracia de la conversión, sólo nos dispone a ella. La ceniza no nos concede el perdón de los pecados, pero sí nos dispone para recibirlo. El perdón llegará después si, durante la cuaresma, practicamos la limosna, la oración, el ayuno y nos acercamos presencialmente al sacramento de la reconciliación o, de manera extraordinaria, si en peligro de muerte, y a falta de un sacerdote, le pedimos perdón a Dios.

La ceniza también es signo de humillación para la glorificación. Con la imposición de la ceniza nos humillamos ante Dios en su iglesia. El que se humilla será ensalzado, el que se ensalza será humillado (cfr. Mt 23, 12). Sin embargo, no hay que quedarnos en la humillación de la ceniza. Recibir la ceniza es iniciar un camino espiritual para llegar a participar de la glorificación de Cristo.

Precisamente el Misterio Pascual de Cristo, es decir el paso del Hijo de Dios por nuestra tierra, comienza con la humillación de la encarnación. Pero este paso no se queda en la humillación de la encarnación, sino que termina en la glorificación, es decir, en la resurrección y ascensión del Señor. Este Misterio Pascual se significa y se realiza en la liturgia cuaresmal, ya que ésta se inicia con un rito de la humillación de la ceniza, y termina con un rito de glorificación, el de la resurrección del Señor. Recibir la ceniza debe tener estos dos polos: humillación y glorificación. Participar sólo de la recepción de la ceniza es quedarse en la humillación, es quedarse en el polvo y la ceniza. La recepción de la ceniza es el primer paso para llegar a la participación jubilosa de la Pascua del Señor. Nos humillamos el miércoles de ceniza para que Dios nos glorifique en la celebración de la Pascua.

Normas sobre el ayuno y la abstinencia

Según el canon 1253 “La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad”.

Pues bien, la Conferencia del Episcopado Mexicano en el decreto de las normas complementarias de 4 de julio de 1994 determinó lo siguiente:

“Consciente de la situación de pobreza en que viven muchos sectores de los fieles, y dado que nuestra cultura admite otros signos más adecuados de penitencia, dispone que se pueda suplir la abstinencia tradicional de carne (excepción hecha del Miércoles de Ceniza y Viernes Santo):

a) Por la abstinencia de aquellos alimentos que para cada uno sean de especial agrado, o por la materia, o por el modo de su confección;
b) o por una especial obra de caridad;
c) o por una especial obra de piedad;
d) o por otro significativo sacrificio voluntario.
Así pues, la abstinencia de carne, que se debe hacer todos los viernes del año:
a) Se puede cambiar por otra penitencia, menos el miércoles de ceniza y el viernes santo.
b) Obliga desde los 14 años hasta la ancianidad.
c) Prohíbe el uso de carnes, pero no el uso de huevos, lácteos y cualquier condimento a base de grasa de animales.

El ayuno obliga a todos los que han cumplido 21 años hasta los 59 cumplido.
a) Se debe observar el miércoles de ceniza y el viernes santo.
b) Consiste en hacer una sola comida durante el día,
c) pero no prohíbe tomar un poco de alimento por la mañana y por la noche, ateniéndose, en lo que respecta a la calidad y cantidad.

El ayuno, que antiguamente se hacía toda la cuaresma, ahora obliga hacerlo sólo el miércoles de ceniza y el viernes santo. Sin embargo, ayunar sólo el miércoles de ceniza y el viernes santo es sólo el “mínimo legal”. Si queremos un “máximo espiritual” hay que ir más allá de la ley: “Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mt 5, 20).

Protocolos de prevención del contagio de covid.

Para el miércoles de ceniza:

1. Se deben seguir los protocolos de prevención establecidos y ya conocidos tanto en la Misa de bendición como en la imposición sin Misa.

2. Habrá que prever lo correspondiente a la Misa de bendición de la ceniza y a su trasmisión para la gente que no va a participar presencialmente.

3. En la primera Misa de la mañana se bendice la ceniza siguiendo las indicaciones del Cardenal Sahara, según las cuales se dice una sola vez: “Convertíos y creed en el Evangelio”, o bien: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”. Después, toma la ceniza y, ya sea que los fieles se acerquen o él vaya a su lugar, la deja caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada. Así que en esta ocasión no se humedece para ponerla en forma de cruz en la frente.

4. De preferencia, donde sea posible, para la imposición sin Misa, que los fieles entren por una puerta y salgan por otra, lo cual llevará unos seis o siete minutos. Para estos minutos prepárese y grábese una catequesis sobre la ceniza y su significado, así como sobre la importancia de la cuaresma para nuestra conversión y que se escuche por el sonido de la iglesia.

5. Para la imposición de la ceniza en las comunidades filiales convóquese a los ministros celebradores de la palabra (que no sean personas vulnerables o en gran riesgo de contagio) para que vengan a la Misa de bendición y se lleven un poco de ceniza para imponerla en sus comunidades.

6. Dada la situación de la pandemia que estamos padeciendo es probable que varias personas, al venir a la imposición, van a pedir un poco de ceniza bendita para sus enfermos o para hacer la imposición en la familia. En esta situación no se les debe negar, por tanto, prevéase la forma de tener suficiente, ya sea para darles una poquita en alguna bolsita preparada o en la bolsita que la gente presente para llevarla.

7. Para los que no podrán asistir la Conferencia del Episcopado Mexicano ha preparado un subsidio para la imposición de la ceniza en familia. En éste, la primera opción es cuando llevaron ceniza bendita de su parroquia; en caso contrario se sigue el esquema de la oración sin imposición, según el cual: “Mientras cada uno de los miembros de la familia, traza sobre sí mismo la señal de la cruz en la frente, el que guía dice: Conviértanse y crean en el Evangelio”.

Para la cuaresma:

1. Hay que preparar, impartir y trasmitir catequesis sobre la conversión y la oración, lo mismo sobre la importancia de los sacramentos en cuanto signos que conceden la gracia que significan, luego los sacramentales y no olivar las obras de piedad, de penitencia o sacrificios voluntarios que son muy propios de la cuaresma.

2. En el tiempo de cuaresma los fieles buscan el sacramento de la reconciliación, por tanto, guardando los debidos protocolos sanitarios, hay que disponer tiempos para confesar a los fieles, de preferencia al aire libre.

3. Por otro lado, hay que hacer oraciones de reparación por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Con esta misma intención hay que preparar, realizar y trasmitir celebraciones penitenciales, viacrucis y horas santas tanto para los fieles que participen presencialmente como para los que van a participar desde sus casas. Para esta intención creo que la hora santa, la coronilla de la misericordia y el acto de desagravio que se encuentra en el ritual de la Adoración Nocturna Mexicana pueden ser muy oportunos.

4. Por lo que se refiere a la unción de los enfermos, recordemos que basta ungir la frente u otra parte conveniente del cuerpo, con las correspondientes medidas de prevención.

Hermanos, aprovechemos esta oportunidad hacer penitencia, oración, ayuno y, sobre todo, y a pesar de nuestras carencias, hagamos caridad a los más necesitados. Creo que no hace falta ni hay que esperar a que vengan a pedirnos ayuda, sino más bien ir a buscar a los más pobres para ofrecerles nuestra solidaridad. Es un hecho que basta abrir los ojos para ver que en varios lugares hay un Lázaro a la puerta o un hombre herido o necesitado al lado del camino de la vida que espera un buen samaritano que se acerque, le dedique su tiempo y lo unja con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

No desmayemos, sigamos unidos en la fe y en la oración para que Dios nos libre de esta pandemia. Oremos por nuestra conversión, por los que están enfermos, por los que atienden a los enfermos ya sea en sus casas o en los hospitales. Oremos también por los hermanos que han muerto durante este tiempo de pandemia para que Dios los tenga en su santa gloria.

Sin otro particular e invocando a la Santísima Virgen María del Monte Carmelo y a San Rafael Guízar y Valencia, con afecto y cariño, imploro la bendición apostólica sobre todos ustedes.

  Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

PD. Adjunto a esta circular el subsidio de la CEM sobre la imposición de ceniza en familia.

Descárgalo Aquí: Subsidio ceniza en familia

 

 

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