“Este es mi Hijo amado; escúchenlo”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”

“Este es mi Hijo amado; escúchenlo”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Mc 9, 2-10
En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. Jesús se transfiguró y se aparecieron con él Moisés y Elías, es decir la ley y los profetas.
2. Las chozas recuerdan las tiendas de campaña del pueblo de Dios al pie del Sinaí.
3. Como en el Sinaí, de la nube salió la voz de Dios que dice que hay que escuchar a Jesús.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

El evangelio según san Marcos nos dice que Jesús: “Tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un alto monte y se transfiguró en su presencia”, es decir que se transformó, a tal punto que, los discípulos lo vieron lleno de gloria. La transfiguración es una manifestación anticipada de la gloria divina de Jesús que evoca la experiencia del pueblo de Israel en el Sinaí cuando Moisés subió a la montaña para recibir las tablas de la ley (cfr. Ex 19, 16-25 y p), y revela la identidad y la misión de Jesús como nuevo Moisés y nueva ley. Moisés y Elías personifican la ley y los profetas. O sea que toda la Escritura del Antiguo Testamento tiene su continuidad, superación y plenitud en Jesús que es el Mesías esperado.

Hay algunos elementos que se encuentran en el relato del Sinaí que aparecen aquí también como la montaña, la gloria de Dios, la nube, la voz y las tiendas. En el Sinaí, Moisés, dejando al pueblo abajo, subió a una montaña; aquí, Jesús sube a un monte alto con tres de sus discípulos; en el Sinaí, Moisés se llenó de la gloria de Dios a tal punto que cuando bajaba tenía que cubrir su rostro para que el pueblo no viera la gloria de Dios (cfr. Ex 34, 29-35); aquí, Jesús se transfiguró en gloria en presencia de sus discípulos. En el Sinaí se hablaba de las chozas donde acampó el pueblo al pie de la montaña; aquí, Pedro propone hacer tres chozas, una para Moisés, otra para Elías y otra para Jesús. En el Sinaí la nube cubrió la montaña y en medio de la nueve Dios hablaba con truenos y relámpagos; aquí: “se formó una nube que los cubrió con su sombra, y de la nueve salió una voz que decía: Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. Todo lo anterior indica que Jesús es como el nuevo Moisés que va a guiar al nuevo pueblo de Dios. En la montaña del Sinaí Dios hablaba por medio de truenos. La carta a los hebreos: dice que: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo” (cfr. Hb 1, 1-2). Por eso en este evangelio se dice que de la nube salió una voz que decía: “Este es mi hijo amado; escúchenlo”. La nube en el Antiguo Testamento era símbolo de la presencia de Dios (cfr. Ex 14, 19-20; 19, 16; 24, 15-16), ahora simboliza la presencia de Dios en Jesús. La voz da testimonio de que Jesús es el Mesías, el Ungido, el nuevo Moisés que va a dar la nueva ley, es decir, el evangelio, por eso dice la voz: “Escúchenlo”. Si antes se seguía a Moisés, ahora hay que seguir a Jesús; si antes se escuchaba a Moisés, ahora hay que escuchar al Hijo amado de Dios. Jesús es la manifestación del amor de Dios. Dios nos habla en Jesús, nosotros escuchamos a Dios escuchando a Jesús. Jesús es el camino, la verdad y la vida (cfr. Jn 14, 6). Escuchar a Jesús es aceptar el camino de Jesús, la verdad de Jesús y la vida de Jesús.

Nos hace falta escuchar a Dios, nos hace falta escuchar su palabra. La escucha no es simple y sencillamente oír una palabra, sino hacerle eco a esa palabra. Ahora bien, Jesús no es una palabra, es la Palabra de Dios. Es una palabra luminosa, pero que a veces hay que escuchar en la oscuridad. En la oscuridad de la nube los discípulos escucharon una voz. Dios no sólo habla en los momentos de gozo, sino también en los momentos de dolor. El momento de la transfiguración Pedro quería detenerlo o prolongarlo, pero este momento ellos sólo lo contemplan no son parte de él. En el momento de gloria Moisés y Elías conversan con Jesús, los discípulos no. Pero después del momento de gloria una nube los cubrió y ahora es cuando se escucha una voz dirigida a ellos, ahora ya no aparecen Moisés y Elías, ya no hay transfiguración, están ellos, está Jesús y una voz que dice: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. El hecho de que la voz se escuche después del momento glorioso parece indicar que los discípulos deben escuchar su voz aun en los momentos de oscuridad o de dolor.

Ciertamente ante la experiencia de la gloria de Cristo (cfr. 2 Co 3, 7-18) Pedro exclama: “Qué a gusto estamos aquí”. Ya no querían ir más allá, ya no querían seguir el camino de la cruz. El anhelo profundo del cristiano es gozar de la presencia de Dios; pero aquí en la tierra esas experiencias sólo se dan para fortalecer la fe y no escandalizarse en los momentos de cruz. Los discípulos han sido testigos y participes de la gloria de Cristo y así quedaron fortalecidos para el momento de la pasión del Señor. Nosotros estamos llamados a transfigurarnos, esto es a llenarnos de la gloria de Dios, somos llamados a la resurrección. Pero para esto hay que recorrer el camino de Jesús, el camino de la cruz. San Lucas, en el relato de la transfiguración dice que Moisés, Elías y Jesús, hablaban de su partida, es decir de su muerte en Jerusalén (cfr. Lc 9, 31). Jesús va camino a la gloria, pero va a pasar por la cruz. Esto significa que su muerte en la cruz, aunque real y dramática, será gloriosa porque es camino al Padre que lo ha enviado. Cristo mostró su gloria a los discípulos para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección (cfr. Prefacio de la misa de hoy).

Pedro, Santiago y Juan subieron a un monte siguiendo a Jesús, lo mismo debemos hacer nosotros en el camino de la vida. En la vida, Dios nos concede tener momentos de encuentro con él que fortalecen nuestra fe para seguir cargando la cruz de cada día. En la oración colecta, de la Misa de hoy, pedimos a Dios que alimente nuestra fe con su Palabra y purifique los ojos de nuestro espíritu para que podamos contemplar su gloria. Para contemplar su gloria necesitamos ser limpios de corazón y para ser limpios de corazón necesitamos ser misericordiosos (cfr. Mt 5, 7-8). En este sentido el imperativo: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo” tiene una aplicación en los pobres y necesitados, en ellos también debemos escuchar la voz de Jesús. El que sabe escuchar la voz de Jesús en la oración y en la liturgia, también sabe escuchar la voz de Jesús en los hermanos. Pidamos a Dios que experimentemos su presencia en nuestra vida para que sigamos a Cristo por el camino de la cruz que lleva a la gloria de la resurrección.

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Te bendecimos, Dios todo poderoso, porque concediste a Pedro, a Santiago y a Juan tener una contemplación anticipada de la gloria de Cristo resucitado para fortalecerlos en la fe para cuando llegara el momento de la pasión. Concédenos tener una experiencia fuerte de tu presencia en nuestras vidas, de manera que cuando vengan los momentos difíciles nos acordemos de tus favores recibidos y no caigamos en la desesperación.

Dios todo poderoso, te damos gracias porque, como en el Antiguo Testamento, te sigues manifestando en medio una nube. Gracias porque los cielos siguen abiertos y nos has revelado a tu Hijo amado como el nuevo Moisés y guía de nuestras vidas. Concédenos la gracia de escuchar su palabra no sólo en los momentos de gozo, sino también de dolor.

Concédenos, Dios todo poderoso, que nuestra vida espiritual esté oculta en Cristo y que guardemos en el secreto de nuestros corazones esa intimidad; pero, por otro lado, que se manifieste al exterior en el seguimiento de Cristo sobre todo en los momentos más difíciles y en el servicio a nuestros hermanos, especialmente, los más necesitados.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor nos pide que busquemos momentos de encuentro profundo con él en los que pueda manifestarnos, aunque sea en la fe, un poquito de su gloria, de manera que esto nos de la certeza de que vamos por buen camino siguiendo los pasos de Cristo y, por otro lado, nos fortaleza para resistir los momentos de prueba que se puedan presentar.

Dios nos pide que estemos atentos para escuchar su palabra, la cual ha quedado escrita en la Sagrada Escritura, pero especialmente quiere que escuchemos la voz de su Hijo amado, la cual encontramos en los evangelios, pero también en la oración de contemplación cuando no pedimos nada, solo contemplamos y tratamos de entender lo que nos dice o nos pide el Señor.

Dios nos pide que busquemos encuentros profundos con él, pero que no nos llenen de orgullo ni nos enajenen de la realidad, sino que nos den una profunda vida interior que se manifieste en el seguimiento de Cristo en los momentos difíciles y sobre todo en la solidaridad con aquellos que, por las tribulaciones de la vida, están sufriendo el peso de la cruz.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

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