Mensaje de apertura de la XC Asamblea Plenaria

12 de abril de 2021

LA PANDEMIA, TIEMPO DE ESCUCHA, DIÁLOGO,
ENCUENTRO, TERNURA, FRATERNIDAD Y AMISTAD SOCIAL

“Yo soy la vid, ustedes son las ramas. El que permanece en mí y yo en él,ése da mucho fruto, porque separados de mí no pueden hacer nada”. Juan 15,5

Introducción

Hermanos obispos.

Una vez más, y a causa de la pandemia, estamos reunidos de forma virtual, ahora en nuestra Centésimo Décima Asamblea Plenaria. No podemos estar reunidos físicamente para saludarnos, reflexionar o convivir mientras compartimos los alimentos y platicamos entre hermanos y amigos.

Estamos experimentando un distanciamiento físico al que no podemos acostumbrarnos y que nos sigue retando a encontrar nuevos caminos, no solos sino junto a nuestro gran pueblo que peregrina en esta Iglesia de México.

Saludo con afecto a quienes nos siguen en esta transmisión por las redes sociales y lo seguirán haciendo en distintos momentos de esta Asamblea. Les invito a que hagamos un esfuerzo grande, de tal modo que, trascendiendo a nuestras conexiones y computadoras, sintonicemos nuestras mentes y corazones, buscando caminar hacia el sueño de Jesús de ser uno, como Él y el Padre son uno (cfr. Jn. 17,21) y el sueño de la Iglesia que deseamos llegar a ser y construir, para celebrar los 2000 años de la Redención y los 500 del Acontecimiento Guadalupano (PGP 193), tal como nos lo hemos propuesto en nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031-2033.

Hoy, gracias a las plataformas digitales, podemos participar en esta Asamblea Plenaria, confiando en Dios Nuestro Señor y en la Virgen de Guadalupe que pronto podamos ver la luz de la salud, sobre todo para nuestros fieles más vulnerables pues “la presente pandemia nos está enseñando que solo si estamos unidos y haciéndonos cargo los unos de los otros, podremos superar los actuales desafíos globales y cumplir la voluntad de Dios, que quiere que todos sus hijos vivan en comunión y prosperidad”,1 pues en esta fase de la pandemia, las vacunas avanzan por todo el país, si bien de manera lenta y para algunas personas motivo de temores pero representan una luz al final de este larguísimo túnel.

Les invito a que permanezcamos unidos a Cristo, pues “separados de Él no podemos hacer nada”. Sigamos unidos a nuestros fieles laicos, que tanto sufren y tanto esperan de nosotros. Que el objetivo de: “Acompañar con la cercanía de Pastores al Pueblo de Dios en sus múltiples dolores, proporcionando consuelo y esperanza desde el Evangelio, que nos hemos propuesto para estos días, nos oriente para: “seguir construyendo la ‘Casita Sagrada’ en nuestro país, guiados por nuestro Proyecto Global de Pastoral, hacia el Encuentro Eclesial de México”.

1. Es urgente promover el fortalecimiento de una red social y eclesial, que nos ayude a articularnos y vincularnos.

“Habiendo contemplado la realidad con ojos de pastores, constatamos que en el centro de la transformación que nos ha traído este cambio de época hay una profunda crisis antropológico-cultural, con muchos rostros y expresiones”.2

Releyendo nuestro Proyecto Pastoral desde el contexto de la pandemia que seguimos padeciendo, puedo constatar la rapidez con la que se aceleró este cambio y la crisis a la que nos referíamos en el PGP. Y es que el COVID-19 no sólo ha golpeado de manera dramática la salud y la economía de nuestro país, sino que también ha tenido un gran impacto cultural.

Los ancestrales problemas sociales que veníamos arrastrando, se han incrementado en este año. Además de la salud pública y la economía, la atención a los pobres es una agenda todavía pendiente; la educación de los niños y adolescentes está en grave riesgo; la irrupción de las mujeres, que reclaman cada día más espacios de participación no siempre encuentra una respuesta adecuada en nosotros; y clama al cielo la angustiante situación de los migrantes que pasan por nuestro país, siempre despreciados, independientemente de la conformación política y social de nuestros países vecinos.

Este panorama, junto a otros escenarios, se da en medio de una atmósfera cargada de polarización y divisiones. Por eso considero que es urgente promover el fortalecimiento de una red social y eclesial, que nos ayude a articularnos y vincularnos pastoralmente en la manera en que, como Iglesia, abordaremos todas las consecuencias, realidades y nuevas problemáticas que están surgiendo, pues queremos seguir acompañando y respondiendo al pueblo de México en su dolor, para construir juntos la “casita sagrada”.

En esta Asamblea queremos, como primer objetivo específico:“conocer el ambiente electoral del país, mediante la exposición del contexto socio-politico, para fortalecer el tejido social y un adecuado discernimiento y orientación de nuestro pueblo”. Reflexionaremos en estos días sobre la mejor manera de incidir en los actuales cambios sociales, buscando también ser un contrapeso y una alternativa de fe y vida cristiana.

Queremos hacer nuestra la voz del Papa Francisco en Fratelli Tutti y respetar como Iglesia la autonomía de la política sin relegarla en nuestra misión al ámbito de lo privado. Creemos que la política no ‘puede ni debe quedarse al margen’ en la construcción de un mundo mejor ni dejar de ‘despertar las fuerzas espirituales’ que fecunden toda la vida en sociedad… Como Iglesia no pretendemos disputar poderes terrenos, sino ofrecer ‘un hogar entre los hogares esto es la Iglesia, abierto… Una casa de puertas abiertas. La Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre (Cfr. FT 276).

Necesitamos hacer que nuestra voz de pastores se escuche, aportando luces y propuestas, no solo quejas o críticas. Frente al poder económico y político no podemos tener ni silencios temerosos, ni estridencias belicosas. Comprometámonos a construir juntos una mejor política puesta al servicio del verdadero bien común, con visión amplia y en diálogo con otros para afrontar los diversos aspectos de la crisis que vivimos (Cfr. FT 154, 177).

Invito a todos: obispos, sacerdotes, miembros de la vida consagrada, diáconos, seminaristas, fieles laicos y personas de buena voluntad a aceptar el llamado que nos hace el Santo Padre “a rehabilitar la política, que ‘es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común’ (FT 180) que se expresa en un amor que integra y une con apertura a todos y camino de fraternidad universal y amistad social.

2. Nos acercamos al final de un Trienio sin precedente y retador en más de un sentido.

Estamos caminando hacia la conclusión del Trienio 2018-2021 que comenzamos asumiendo el compromiso de difundir y hacer nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031+2033; nos comprometimos a atender prioritariamente a los jóvenes, los migrantes y los sacerdotes, reconociendo tres desafíos fundamentales: el kerygmático-místico para impulsarnos a evangelizar, el comunitario-sinodal buscando caminar juntos y el ético-moral reconociendo la necesidad de una vida más coherente y comprometida con los más necesitados.

Ahora iniciaremos un proceso de cierre y evaluación de nuestros programas que ante la pandemia fue necesario adaptar. Son muchos los aprendizajes que hemos ido acumulando, este tiempo ha sido más de preguntas que de respuestas. El impacto causado por esta situación emergente tocó nuestra forma de coordinarnos e interactuar, nuestra manera de orientar y discernir, así como nuestra relación con quienes más nos necesitan.

Durante la Asamblea, reconoceremos la necesidad de reconstruir el tejido eclesial conociendo además la respuesta pastoral que estamos dando en el país y los retos de una Iglesia que emerge del COVID donde, por ejemplo, las redes sociales y las plataformas digitales, siendo antes un “pasatiempo” para muchas personas, se han convertido en un vehículo evangelizador indispensable para comunicar la Palabra, para alentar a los fieles más afectados, para compartir la esperanza y para generar redes de solidaridad.

Conviene recordar que las diferentes tareas que nos competen, al interior de la CEM, son un servicio y no un honor. Ojalá sigamos dispuestos para ayudarnos unos a otros, con un espiritu de responsabilidad y sinodalidad proyectando para nuestro PGP una etapa de implementación más conciente de sus Opciones y Compromisos Pastorales en nuestras provincias, diócesis y comunidades.

3. En camino hacia el Encuentro Eclesial de México y la 1ª Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe.

Como sabemos, El Encuentro Eclesial de México que nos disponemos a vivir al final de este Trienio, se encuentra en el camino de difusión y apropiación del PGP y quiere ser una expresión de sinodalidad que brota de nuestra unidad y colegialidad episcopal cum Petro y sub Petro.

Al encontrarnos para dialogar, queremos compartir lo que vemos, sentimos, pensamos, soñamos, esperamos y hacemos. Mirando la realidad queremos compartir nuestras perspectivas de tal modo que, a través de un discernimiento comunitario, podamos seguir adelante asumiendo nuestra responsabilidad como Iglesia en esta etapa en la vida de las personas.

Este Encuentro de Diálogo, está íntimamente relacionado con la Opción Pastoral de “ser una Iglesia que anuncia y construye la dignidad humana” (PGP 172) y un camino en la implementación del Compromiso Pastoral que se encuentra en el No. 173b del mismo PGP, a través del cual como Obispos nos comprometemos a: “Generar espacios de encuentro, diálogo y trabajo con otros actores de la sociedad, para colaborar en la reconstrucción de la dignidad de las personas y el tejido social de nuestro país”. En esta Asamblea tomaremos importantes decisiones de cara al Encuentro.

Por otro lado, en el mes de noviembre seremos la sede de la 1ª Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, organizada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y vivamente impulsada por el Papa Francisco que nos conovoca a participar como Pueblo de Dios y a buscar nuevos caminos pastorales a la luz del Documento de Aparecida, del que haremos memoria.

Durante esta semana contaremos con la presencia de la Presidencia del CELAM quienes nos hablarán de su Proceso de Renovación y Reestructuración Pastoral, así como de nuestro compromiso como país anfitrión de la Asamblea Eclesial.

Conclusion

Quiero terminar, de la mano del texto con el que empecé este Mensaje: “Yo soy la vid, ustedes son las ramas. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí no pueden hacer nada” (Juan 15, 5) y recordando las palabras del Cardenal Rainiero Cantalamessa, en su reciente homilía de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, en la que se preguntaba: “¿Cuál es la causa más común de las divisiones entre los católicos? No es el dogma, no son los sacramentos y los ministerios: todas las cosas que por singular gracia de Dios guardamos íntegras y unánimes. Es la opción política, cuando toma ventaja sobre la religiosa y eclesial y defiende una ideología, olvidando del todo el sentido y el deber de la obediencia en la Iglesia”.

Hermanos obispos, que no sea así entre nosotros y que nuestra fidelidad al Papa sea de corazón, éste es el sucesor de Pedro que en esta etapa de la historia de la humanidad nos invita a soñar juntos. Es momento de vivir la comunión contemporánea. Una comunión que debe ser teológica, pastoral y afectiva.

Soñemos de la mano de nuestro Proyecto Global de Pastoral, que “quiere ser una expresión de la unidad y la colegialidad entre nosotros los Obispos. Queremos vibrar siempre en los dos principios teológicos que lo han animado: la colegialidad y la comunión de las Iglesias al interior de la Conferencia Episcopal” (PGP 17).

Como dice nuestra gente, “agarrémonos” fuertemente del Nuestro Señor y “no soltemos” a nuestros fieles. Él nos indicará cómo servirlos a ellos, y ellos nos conducirán hacia Él.

Finalmente, les invito a que la oración con la que concluimos nuestro PGP sea la que nos acompañe en los trabajos de esta asamblea:

“Padre bondadoso, que en tu Hijo Jesucristo Redentor del Mundo
y por medio de la fuerza de tu Santo Espíritu,
has mostrado al mundo tu proyecto salvador, concede a este pueblo tuyo,
a quién has puesto bajo la amorosa mirada de Santa María de Guadalupe,
emprender su camino de fe con un renovado entusiasmo y una sólida esperanza.

En estos momentos de nuestra vida,
descubrimos la luz gloriosa de Jesucristo Redentor
y experimentamos el amor maternal de nuestra Morenita de Guadalupe.

Concede a nuestra Iglesia en México
acoger con fe esta intuición divina que ha nacido de tu corazón,
para que juntos podamos avanzar por los caminos de tu Reino con una nueva luz.
Amén”

 

+ Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey y Presidente de la CEM

 

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