Lectio divina: “Yo soy el Buen Pastor”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”
 
“Yo soy el Buen Pastor”
 
LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?
Texto: Jn 10, 11-18
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.
 
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
 
El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Éste es el mandamiento que he recibido de mi Padre”.
 
Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. La frase “yo soy el buen pastor” está en clara oposición a los fariseos que se ven retratados en este evangelio con el calificativo de asalariados.
2. Jesús insiste varias veces en este evangelio en que él da la vida por las ovejas porque él es el pastor y dueño de las ovejas.
3. El asalariado, en cambio, cuando ve venir al lobo abandona las ovejas y huye porque a un asalariado no le importan las ovejas.
4. Jesús conoce a las ovejas y ellas lo conocen a él y tiene otras ovejas que no son de ese redil, pero las va a reunir para que haya un solo rebaño y un solo pastor.
5. El Padre ama a Jesús y le ha mandado dar la vida y volverla a recobrar.
 
MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?
 
En el pasaje del evangelio de hoy Jesús dice: “Yo soy el buen pastor”. No dice que sea un buen pastor, sino ‘el Buen Pastor’, es decir el verdadero, el auténtico, el único. Jesús dice esto porque viene a cumplir la promesa que Dios hizo en el Antiguo Testamento de apacentar personalmente a sus ovejas (cfr Ez 34, 15).
 
Por otro lado, dado que en este pasaje evangélico Jesús se dirige a los fariseos esto significa que quiere aclarar que él es el Buen Pastor, a diferencia de los fariseos que son asalariados, es decir que sólo piensan en su propio interés y cuando ven al lobo huyen y abandonan al pueblo dejándolo a su suerte.
 
Dice Jesús: “El buen pastor da la vida por las ovejas”. Esta expresión, “dar la vida” se repite varias veces en este breve pasaje del evangelio, lo cual indica la importancia que esto tiene. En efecto Jesucristo vivió su vida por nosotros, dio su vida por nosotros en la cruz y resucitó para nuestra justificación (cfr. Rm 4, 25).
 
Ese ‘dar la vida de Jesús’ debe tener como contraparte ‘recibirla también’. Pero, desafortunadamente no todos quieren recibir la vida de Jesús y no todos quieren ser sus ovejas, porque no lo conocen; no obstante, él murió por todos; todos saben que murió, pero no todos creen que resucitó; sin embargo, él dijo: “Nadie me quita la vida; yo la doy porque quiero”. Cristo ha cumplido su palabra, ha resucitado, y como Buen Pastor quiere a todas sus ovejas reunidas en un solo redil.
 
Dios nos conoce desde antes de habernos formado en el seno materno (cfr. Jr 1, 5). De la misma, Cristo nos conoce a todos y murió por todos, pero que lástima que no todos lo conocen a él y no saben que los ama. Él decía: “Yo soy el buen pastor y conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí”. Así pues, Jesús quiere, no sólo conocernos, sino que nosotros lo conozcamos también a él, que lo amemos, crezcamos en su amor y en el conocimiento del designio que tiene para cada uno de nosotros. Él quiere que vivamos en comunión con él en esta vida y en esa comunión seamos felices ahora y que después esa comunión y felicidad se prolonguen en la vida eterna. Ese es el fin de nuestra vida y a eso hay que dedicarla.
 
Jesús el Buen Pastor, nos dice también: “Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. Cristo quiere la unidad de todos los que creemos en él. Por esto en su oración a su Padre Dios, antes de su pasión, decía: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno” (Jn 17, 20-21). Cristo quiere una sola Iglesia y una Iglesia unida. Jesús no piensa sólo en nosotros, él piensa en todo ser humano que viene a este mundo. Cristo murió por todos y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se salven y lleguen al conocimiento de Dios (cfr. 1 Tm 2, 4). La acción de Cristo nos desborda en la Iglesia y fuera de la Iglesia porque Él es el salvador del mundo. Pero nosotros, como Iglesia, tenemos que vivir y dar testimonio de unidad. Para esto se necesitan colaboradores, para que Jesucristo, el Único Pastor, conduzca a sus ovejas.
 
Como colaboradores para congregar a todas sus ovejas, el Señor Jesús llamó a los apóstoles y les encargó su misma misión: “Como el padre me envió así los envió yo” (Jn 20, 21). Pero hacía falta un centro visible de unidad y para esto llamó a Pedro: “Pedro ¿me amas más que éstos?… apacienta mis corderos…” (Jn 21, 15). A lo largo de la historia de la Iglesia, Cristo sigue llamando a muchos para que sean sus colaboradores. A todos ellos les ha dicho como a Pedro: “Me amas… apacienta mis ovejas” (Jn 21, 16). Por tanto, los que han sido llamados para estar al frente del pueblo de Dios son los primeros que deben recibir la vida de Jesús y darla también como Jesús. De lo contrario van a ser como los fariseos, unos asalariados que cuando ven venir al lobo abandonan las ovejas y huyen. Los que están al frente del pueblo de Dios deben ser pastores capaces de dar la vida, aunque sea poco a poco, aunque sea día a día, por las ovejas que están bajo su cuidado pastoral.
 
Jesús nos amó más que a sí mismo. San Juan dice que nos amó hasta el extremo (cfr. Jn 13, 1). Ese es el Buen Pastor. Por eso murió por nosotros, pero resucitó y ahora vive para cuidar de sus ovejas en el aquí y ahora, en el trajín de cada día. El Buen Pastor es la imagen cristológica de Dios providente que cuida de su pueblo. No estamos solos. Jesús resucitado cuida de nosotros, esto no sólo es una verdad, una enseñanza, es una realidad. Jesús Pastor nos cuida, pero no como un vigilante que lleva cuenta de las faltas de las ovejas, sino como el padre que cuida de su hijo y que lo ama por encima de sus defectos o de su poco amor al que ha dado la vida por él. Ese es Cristo como Buen Pastor, nos ama a fondo perdido. ¡Cuánto nos hace falta hacernos consientes de ese Cristo resucitado providente, guardián, protector y proveedor de lo que más nos hace falta en esta vida para no perder el camino a la vida eterna!
 
Para tener la protección de Cristo, el Buen Pastor, debemos vivir como ovejas suyas. San Juan Crisóstomo decía: “Mientras somos ovejas vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero si nos convertimos en lobos entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del pastor. Éste, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y por esto, si te conviertes en lobo, te abandona y se aparta entonces de ti, porque no le dejas mostrar su poder” (Liturgia de las Horas, jueves XXXIV ordinario). Así pues, no perdamos nuestra condición de ovejas.
 
ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?
 
Señor Jesús, te bendecimos y te damos gracias porque, resucitado de entre los muertos te ha convertido en nuestro buen pastor que has dado la vida por nosotros y nos cuidas de los lobos rapaces, nos proteges de todos los peligros y nos conduces, a pesar de todas las dificultades, por los caminos de la vida que nos lleven al reino eterno.
 
Señor Jesús, te bendecimos y te damos gracias porque, así como conoces al Padre, así nos conoces a nosotros, y no sólo nos conoces, sino que nos amas y nos llamas con tu palabra a conocerte, seguirte y amarte y no quieres que vivamos dispersos, sino unidos en un solo rebaño y bajo en solo y Buen Pastor que eres tú porque has dado la vida por nosotros.
 
Señor Jesús, te bendecimos y te damos gracias porque, viviendo en el amor del Padre, viniste para darnos vida y dárnosla en abundancia y porque amándonos hasta el extremo te entregaste por amor a nosotros en la cruz y precisamente ese amor sin limites te ha levantado del sepulcro para invitarnos a amar sin medida para vencer la muerte y el pecado en nosotros.
 
OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?
 
El Señor Jesus nos pide que lo conozcamos y correspondamos a su amor con nuestro amor. Pero también quiere que lo demos a conocer y que tratemos de que sea amado por muchos para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Él Señor nos pide que vivamos en comunión con él en esta vida y en unidad entre nosotros y que en esa comunión con él y unidad entre nosotros nos llenemos de su vida, seamos felices ahora y que después esa comunión y felicidad se prolonguen en la vida eterna.
 
El Señor Jesús nos pide que recibamos su vida, crezcamos y maduremos en ella y que también, aunque sea poco a poco, aunque sea día a día, demos la vida por él y en la medida que la demos la recobremos para la vida eterna.
 
El Señor nos pide que creamos que como resucitado y Buen Pastor él es nuestro guardián, sobre todo, si vivimos como ovejas suyas. Él no quiere que nos convirtamos en lobos porque él no pastorea lobos, sino ovejas y si nos convertimos en lobos perdemos su protección.
 
+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla
 
Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter