Lectio Divina: “Yo soy la verdadera vid”

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO
“LECTIO DIVINA”
“Yo soy la verdadera vid”

LECTIO ¿QUÉ DICE EL SEÑOR?

Texto: Jn 15, 1-8
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.

Notas para entender mejor lo que dice el texto:
1. En este evangelio Jesús es la vid, Dios el viñador y los discípulos son los sarmientos.
2. Al sarmiento que no da fruto se arranca, al que da fruto se poda. Si queremos seguir a Jesús seremos podados o purificados para que podamos dar más frutos.
3. La palabra de Jesús tiene un efecto purificador si nos dejamos interpelar por ella.
4. Sólo permaneciendo unidos a Jesús se puede dar frutos.
5. Sólo permaneciendo unidos a Jesús Dios atiende la súplica de los discípulos de su Hijo.

MEDITATIO ¿QUÉ NOS DICE EL SEÑOR?

El evangelio de hoy comienza con una frase solemne: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador”. Esta frase evoca un pasaje del Antiguo Testamento en el que aparece que Dios ha plantado una viña, que es Israel, pero que ésta no le ha dado los frutos de justicia que esperaba, por eso permitió que fuera destruida (cfr. Is 5, 1-7) y ha plantado otra, la verdadera, que es Jesús y sus discípulos: Jesús es el tronco y sus discípulos las ramas. Después de la primera frase sigue una explicación alegórica. Una alegoría es una figura literaria que, por sus diferentes puntos de comparación, ayuda a entender mejor el mensaje profundo del evangelio. El punto de comparación principal es la vid, el cual nos lleva a entender que nosotros, que somos las ramas, para dar frutos espirituales, debemos estar unidos a Jesús. Ahora bien, en relación a la vid, hay varios puntos de comparación. Dice Jesús: “mi Padre es el viñador” y también agrega: “ustedes son los sarmientos”, es decir las ramas. Con estos tres puntos de comparación se aclara que aquí se habla del Padre, del Hijo y de nosotros.

El evangelio habla también de los sarmientos que no dan fruto, son sarmientos por donde no corre la savia de Jesús, los cuales, por ese mismo hecho, son arrancados y echados fuera, se secan y arden. Ciertamente como nosotros no somos simplemente unas ramas ni Dios es simplemente un viñador, sino que somos hijos suyos y Dios es nuestro Padre, Dios no abandona a sus hijos, aunque a veces nos apartemos de él. Pero ¿de qué sirve una vida sin Dios? Es como cardo en la estepa que vive en una tierra inhóspita y salobre que nunca recibe la lluvia, es decir que no tiene vida (cfr. Jr 17, 6). Muchas veces nosotros, cuando abandonamos a Dios no somos conscientes de lo que dejamos porque nunca lo hemos conocido; pero más grave es cuando habiéndolo conocido nos apartamos de su amor. No obstante Dios no deja de amarnos y nos espera con los brazos abiertos.

Pero vayamos más adentro de la comparación. El evangelio habla también de poda o purificación, es decir que, así como el viñador poda la vid para que dé más uvas, así Dios poda o purifica a sus seguidores para que den más fruto. Por eso dice: “Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho”, es decir que la Palabra de Dios, sobre todo aceptada como tal, tiene un efecto purificador. Muchas veces en nuestra vida, Dios, como viñador, necesita limpiar o podar todo aquello que no produce frutos en nosotros. En este sentido los discípulos del Señor tienen que estar preparados para las purificaciones, podas o pruebas que permite el Señor. En este sentido la Palabra de Dios enseña: “Si quieres servir al Señor, prepárate para la prueba” (Si 2, 1). Esta poda no siempre el discípulo la comprende o la considera como necesaria. Pedro en el relato del lavatorio de los pies se resiste a que Jesús lo lave, lo purifique (cfr. Jn 13, 6-8); pero sin purificación no hay salvación, por eso Jesús le dice: “Si no te lavo no tendrás parte conmigo” (Jn 13, 😎. La carta a los hebreos dice que “El Señor corrige al que ama y castiga a todo aquel que recibe por hijo” (Hb 12, 6).

Finalmente, el punto de comparación más profundo es el de la savia que corre por el tronco de la vid hasta las ramas o sarmientos para producir el fruto, es decir las uvas. Con esto Jesús nos enseña que, así como hay una profunda unidad entre el tronco, las ramas y los frutos, así debe haberla entre él, sus discípulos y los frutos que éstos deben producir. Por esto dice: “Como el sarmiento no pude dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí”. Este es el tema central hacia donde llevan los diferentes puntos de comparación: la unidad y la permanencia de los discípulos en Jesús. Por esto Jesús insiste una y otra vez: “El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer”. Para esta permanencia en Jesús, la Palabra de Dios tiene toda su importancia. Podríamos decir que es la savia que lleva los nutrientes a las ramas para que éstas los conviertan en frutos.

Otro aspecto de la comunión no sólo es que haya frutos, sino que dependiendo de la unidad con Jesús y su Palabra, Dios, el viñador, escucha a los discípulos.

Jesús es muy claro en esto: “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes pidan lo que quieran y se les concederá”. La imagen de la vid y los sarmientos nos habla de una unión vital con Jesús: pensar como Jesús, mirar como Jesús, sentir como Jesús, amar como Jesús, apasionarnos por el Reino de Dios como Jesús. Pero ¿qué tanto creemos en este evangelio? ¿qué tanto creemos en Jesús? En efecto la fe no es creer en algo, sino en alguien, se trata de creer en Dios, creer en Jesús. La fe es adhesión y no precisamente a unas verdades, sino al Señor de las verdades y precisamente por eso, porque es adhesión, la fe es unión. Por eso, como consecuencia, si permanecemos unidos a Jesús, Dios escucha nuestras oraciones porque nuestras oraciones son hechas conforme a su voluntad. Si amamos lo que él ama, pedimos lo que él quiere.

La imagen de la vid y los sarmientos revela que nuestra relación con Cristo es tan profunda que no debemos separarnos de él en ningún momento. Con la imagen del Buen Pastor uno puede imaginar que una oveja que se aparta del pastor se expone a muchos peligros, pero con un poco de suerte puede seguir con vida; en cambio una rama que se corta del tronco de la vid ya no tiene remedio, por tanto, nuestra unión con Cristo debe ser permanente. Habría que preguntarnos qué tanto leemos y meditamos la Palabra de Jesús, qué tanto ella es la savia que nos alimenta para dar frutos, ¿qué tan unidos estamos a Jesús y qué frutos estamos dando? No olvidemos que al sarmiento que da fruto el Señor lo poda o purifica para que dé más fruto.

ORATIO ¿QUÉ LE DECIMOS AL SEÑOR?

Dios todo poderoso en amor te bendecimos y te damos gracias porque, como viñador que eres, cuidas de cada uno de nosotros que, por la gracia del bautismo, hemos llegado a ser como una rama injertada en Cristo tu Hijo que es la vid verdadera. Concédenos la gracia de que nunca nos apartemos de Cristo, que nunca seamos sarmientos que no den fruto.

Dios todo poderoso en amor, te damos gracias porque, por la gracia del bautismo, nos has injertado en Cristo y quieres que, unidos a él, produzcamos mucho fruto. Concédenos la gracia de que nunca nos falte tu palabra que nos ilumine el camino de nuestra vida, y que nos cuestione si nos apartamos de tu Hijo y que nos purifique y santifique, sobre todo, si tratamos de hacerla vida en nosotros.

Dios todo poderoso en amor, te damos gracias porque nos amas con amor eterno y en Cristo nos has hecho hijos tuyos por la gracia del bautismo. Concédenos la gracia de que siempre estemos unidos a Cristo de tal manera nos veas a nosotros él y también escuches nuestras suplicas en él y que los que nos vean o escuchen a nosotros vean y escuchen a Jesús.

OPERATIO ¿QUÉ NOS PIDE EL SEÑOR?

El Señor nos pide que demos mucho fruto, pero para ello quiere que estemos siempre unidos a su Hijo Jesús como el sarmiento está unido a la vid y se alimenta de la savia que le llega a través del tronco. Para nosotros Jesús es la fuente y la raíz de donde proviene esa savia que es la palabra de Dios. Dios quiere que leamos su palabra para que nos ilumine y nos alimente.

El Señor nos pide que seamos buenos sarmientos y para ello necesita podarnos y purificarnos para que demos más fruto. Así como el sarmiento se poda para que dé más fruto Dios nos poda y nos purifica para que demos más frutos. Dios nos poda por medio del dolor al quitarnos todo aquello que nos aparta de su amor y no produce frutos.

Dios nos pide que unidos a Jesús hagamos oración y le pidamos todo aquello que necesitamos. Dios quiere escuchar en nosotros la oración de su Hijo Jesucristo, Dios quiere ver en nosotros a su Hijo Jesucristo, Dios quiere que demos a conocer a su Hijo Jesucristo con nuestras palabras, pero sobre todo con el testimonio de nuestra propia vida.

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

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