Homilía de la Misa de la Peregrinación a la Villa de Guadalupe

HOMILÍA DE LA MISA DE LA PEREGRINACIÓN A LA VILLA DE GUADALUPE
DE LA DIOCESIS DE PAPANTLA
17 de mayo de 2022

“La Virgen María del cenáculo”

Queridos hermanos, aunque todavía no ha terminado al cien por ciento la pandemia, nos alegramos en Dios nuestro salvador que nos permite venir, después de dos años, como pueblo que peregrina en la diócesis de Papantla a visitar a nuestra Madre Santa María de Guadalupe. En primer lugar, queremos agradecer a Dios por su providencia y su amor y por todos los beneficios que, a pesar de todo, nos ha concedido en estos años difíciles, especialmente el don de la vida y la salud. También queremos agradecer a Nuestra Señora por su maternidad en el orden de la gracia y pedirle que, por su intercesión, recibamos en este Pentecostés que se acerca una nueva efusión del Espíritu Santo que nos impulse para que, consagrados y pueblo de Dios, crezcamos en el caminar juntos en la misión evangelizadora.

La Santísima Virgen María, por haber sido escogida para ser la Madre del Hijo de Dios, es la criatura humana más cercana a Dios y a su plan de salvación. La maternidad de la Santísima Virgen María tuvo tres momentos importantes: cuando dio a luz al salvador, de manera prodigiosa permaneciendo virgen, y, cuando dio a luz a la naciente Iglesia: primero sufriendo en su corazón el momento de la pasión al pie de la cruz y después acompañando a los apóstoles en la oración implorando la venida del Espíritu Santo para que, con libertad y valentía, pudieran salir a predicar el evangelio.

Toda la grandeza de la Santísima Virgen María tiene su fundamento en su maternidad, sin embargo, su maternidad no se agota sólo en ser Madre del Hijo de Dios, sino que se prolonga en la Iglesia como Madre espiritual de todos los discípulos de su Hijo. En este sentido cuando Jesús dice: “Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”, podemos comprender que no hay un desprecio a María en cuanto Madre biológica, sino que estas palabras apuntan a una nueva maternidad en el orden de la gracia. Es decir que María, que ha sido la primera en escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica, es Madre de todos los que creen en Jesús y se convierten en hermanos en una nueva familia espiritual que tiene por Padre a Dios y por Madre a María.

Por eso, porque María es nuestra Madre venimos a su casa para que nos consuele por todos los hermanos nuestros, e hijos suyos, que en este tiempo de pandemia han muerto en el Señor y se nos han adelantado a la Jerusalén celestial y por quienes pedimos que descansen ya de sus fatigas y reciban el premio de la fe. Especialmente sentimos la perdida de varios de nuestros sacerdotes y queremos poner en manos de nuestra Señora de Guadalupe la pastoral vocacional para que el Señor Jesús toque el corazón de algunos jóvenes y los llame al sacerdocio a fin de que nunca falte en nuestra diócesis quien predique la palabra de Dios, quien celebre la Eucaristía y quien perdone los pecados en el nombre y por encargo del Señor.

Como pueblo que peregrina en la diócesis de Papantla estamos acercándonos a los cien años de historia y de gracia del Señor. Por eso hoy queremos decirle a nuestra Madre que interceda por nosotros para que los trabajos y las acciones desarrolladas por este motivo cuenten con su bendición para que Dios que, según la historia de Israel, visita a su Pueblo, camine con nosotros haciendo memoria de sus obras y obrando la salvación en todos los que peregrinan en la diócesis de Papantla, especialmente en los más necesitados de su misericordia.

El caminar de la Iglesia, de una comunidad, de una familia o de un bautizado no puede ir por buen camino si no es asistido por el Espíritu Santo. Sabemos que los apóstoles, si no hubieran sido asistidos por el Espíritu Santo no hubieran salido de sí mismos, no hubieran podido vencer el miedo a la muerte y no hubieran anunciado el evangelio con valentía. Nosotros después del encerramiento de la pandemia necesitamos salir, pero no sólo física y geográficamente, sino que necesitamos salir de manera espiritual para anunciar el evangelio de la salvación, pero para ello necesitamos, como los apóstoles, ponernos en oración para que venga el Espíritu Santo sobre nosotros y nos llene de su amor y nos anime a salir con valentía a dar testimonio de Cristo resucitado.

En este momento en nuestra diócesis tenemos dos tareas importantes por realizar: el proceso de creación y funcionamiento de nuestras escuelas de formación laical y seguir el camino de la sinodalidad. Para uno y otro proceso necesitamos de la ayuda de Dios. Le pedimos a nuestra Señora de Guadalupe su intercesión para que al realizar estos trabajos seamos iluminados y asistidos por el Espíritu Santo. De las escuelas de formación laical esperamos cosechar laicas y laicos preparados para que luego algunos de ellos o de ellas sean instituidos ministros Lectores, Acólitos o Catequistas y con ellos caminemos juntos en sinodalidad como nos los está pidiendo el Papa Francisco en esta nueva etapa de la Iglesia.

Para lograr lo anterior necesitamos, como discípulos de Jesús, perseverar en la oración. Sabemos que en el camino de la sinodalidad es necesario poner en el centro la Palabra de Dios, la acción del Espíritu Santo, la intercesión de la Virgen María y la escucha reciproca para discernir lo que el Espíritu pide a la Iglesia hoy. Hermanos, eso es lo que hemos tratado de hacer en los diversos encuentros sinodales que hemos hecho en nuestra diócesis para que los trabajos de esta consulta dejen verdaderos frutos. Ahora, que hemos venido como pueblo de Dios, queremos poner a los pies de nuestra Madre Santísima, como si fueran un ramo de rosas, todos los trabajos y esfuerzos que hemos hecho para llevar a cabo los encuentros sinodales para que ella los tome en sus manos y los bendiga para que den muchos frutos de conversión personal, pastoral, estructural y misionera en nuestra diócesis de Papantla.

Con los encuentros sinodales, que hemos llevado a cabo, hemos experimentado la importancia de la escucha de Dios y la escucha de nuestro pueblo, la escucha de Dios por medio de la oración, la escucha del pueblo por medio del diálogo fraterno para discernir lo que el Espíritu Santo nos pide para crecer en el caminar juntos. Con estos encuentros vislumbramos una nueva etapa de la historia de nuestra diócesis de Papantla en la que, independientemente de la vocación de cada uno, todos nos veamos como hermanos y caminemos juntos como pueblo de Dios.

Que Dios, por intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, nos conceda las gracias que le pedimos y que regresemos todos con bien a nuestras comunidades ¡Que así sea!

+ Mons. José Trinidad Zapata Ortiz
VIII Obispo de Papantla

 

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